Aunque tal vez parezca un sacrilegio, algunos dicen que los velorios de algún difunto venezolano podrían ser confundidos con alguna fiesta o celebración alegre. No resulta raro en Venezuela que se entierre a un ser querido entre música y bebidas alcohólicas, o que durante el velorio se escuchen risas por todos los cuentos y anécdotas que salen a relucir en esas reuniones familiares y sociales.

Tal vez sea por esa característica del pueblo venezolano, que el Día de los Muertos se realiza el Baile de La Llora.

El Baile de La llora es una expresión coreográfica que tiene lugar el 2 de noviembre, día de los muertos, en algunas poblaciones del centro de Venezuela. Es una manifestación de carácter tradicional que ha sufrido muchísimas transformaciones tanto musicales como coreográficas a lo largo de su historia.

Origen indígena

Algunas investigaciones y escritos sobre este baile tradicional, identifican su origen en las tradiciones de las poblaciones originarias indígenas que existían en nuestro continente mucho antes de la colonización española. Esta conclusión, la obtienen a partir del hecho de escenificarse coreográficamente de manera circular, alrededor de un árbol e incluir el típico grito guerrero indígena, para indicar el final de cada pieza.

Sin embargo, al igual que la mayoría de nuestras fiestas tradicionales, con el proceso de mestizaje e imposición de otras culturas, esta fiesta adquirió nuevas características hasta transformarse en la celebración que se realiza hoy en día.

Imitando al difunto

Entre tantas cosas comentadas y escritas sobre La Llora, encontramos afirmaciones como la de Don Lisandro Alvarado, quien se refería a La Llora como una “ceremonia que se lleva a cabo después que el cadáver de un indio había quedado sin materia blanda en la osamenta. Entonces el esqueleto era colgado al pie de un árbol para que allí los familiares y amigos entonaran cantos con las reseñas de los hechos vividos por el difunto”; también se realizaba una danza para representar la vida de éste, imitando sus gestos y los movimientos de los animales que regularmente cazaba.

En relación a estas afirmaciones, lo más parecido en testimonios posteriores, es la colocación de un muñeco de trapo al pie del árbol en torno al cual se escenificaba La Llora.

Protesta de la Iglesia

En una ocasión el Baile de La Llora fue protestada por la Iglesia por considerarlo vulgar y profano. Sin embargo, la tradición sobrevivió a esa protesta y continuó celebrándose con alegría.

La vinculación del día de los muertos con una manifestación tan alegre y festiva, hace difícil suponer que alguna vez fue acto de lamentación fúnebre. Hoy en día el Baile de La Llora puede verse también como una representación picaresca de la vida del pueblo del hombre del pueblo colonial, encontrando tanto en los cantos como en el baile, aspectos vinculados con la religiosidad, la vida social, el machismo, la virilidad del hombre y su espíritu guerrero.

Instrumentos, vestimenta y escenografía

La instrumentación del Baile de La Llora incluye cuatro, guitarra, contrabajo, maracas, tambor, mandolina y el carángano aragüeño. El vestuario es sencillo, tanto para hombre como mujeres, los cuales lucen atuendos campesinos con el sombrero y el pañuelo como accesorios.

En cuanto a la escenografía, antiguamente se realizaba alrededor de una mata de mango, pero hoy en día puede ser elaborado en cualquier teatro o salón. Esta consiste en dos círculos concéntricos, elaborados con matas de cambur y trozos de bambú, que se colocan en forma de equis y se amarran con mecate por cada uno de sus extremos a unas estacas, también de bambú, clavadas para sujetar las matas de cambur. El círculo interior tiene un diámetro de cuatro a cinco metros y es exclusivo para músicos y cantadores.

Sin embargo, la escenografía no es imprescindible para la celebración de esta fiesta, que, aunque estuvo ausente algunos años de la región central de nuestro país, lleva ya dos década celebrándose de manera ininterrumpida para arraigarse en el corazón de los aragüeños.