Los expertos en nutrición aconsejan consumir 30 gramos de fibra vegetal en el día, a través de una alimentación rica en vegetales (frutas, verduras, cereales no refinados y legumbres). El efecto de protección que se le atribuye a este tipo de alimentación es debido a la presencia de vitaminas, sales minerales, fitonutrientes y fibras vegetales que ejercen una acción protectora en algunas patologías de origen metabólico.

La nueva definición de fibra alimentaria

Hace algunos años la American Association of Cereal Chemists (AACC) definió a la fibra alimentaria como “la parte comestible de plantas o carbohidratos análogos que son resistentes a la digestión y a la absorción en el intestino delgado humano, con fermentación completa o parcial en el intestino grueso”. Las fibras alimentarias comprenden polisacáridos, oligosacáridos, lignina y sustancias vegetales asociadas. Las fibras alimentarias promueven beneficiosos efectos fisiológicos, entre ellos, la evacuación, la reducción del colesterol y el equilibrio de la glucosa en la sangre.

El contenido de fibras en las etiquetas alimenticias

En las etiquetas, la palabra fibra indica un grupo de carbohidratos y compuestos análogos (además de lignina y otras sustancias) que son digeridas por el intestino. Entre ellos se encuentran polisacáridos distintos del almidón, algunos oligosacáridos no digeribles, celulosa, hemicelulosa como el arabinoxilano, arabinogalactana, xiloglucanos, pectinas, fructanos (inulina), gomas y mucílagos. Entre las fibras se presentan compuestos análogos a los carbohidratos como las dextrinas, los carbohidratos de síntesis y derivados de la metilcelulosa, la hidroxipropilcelulosa y la polidextrosa.

La celulosa en la etiqueta

Es uno de los componentes más notorios, es un polímero no digerible perteneciente a la familia de las fibras insolubles, muy útil por su función a nivel intestinal. La celulosa, como todos sus derivados que en la etiqueta son mencionados como aditivos en la categoría de los espesantes, es muy utilizada en la industria alimentaria en productos como: postrecitos lácteos, helados, fiambres, yogures y productos libres de gluten. Reconocer la presencia de los derivados de la celulosa en los productos no es simple, pues sus compuestos tienen nombres y números diversos; por ejemplo la metilcelulosa (E461).

La inscripción “contiene fibras”

Con letras más grandes y en lugar visible el “contiene fibras” parecería otorgar al producto una seguridad nutricional. El consumidor compra con la idea de que las dietas ricas en alimentos vegetales, fuentes naturales de fibras y otras sustancias benéficos, ejercen efectos beneficiosos sobre la salud.

En realidad, no existen evidencias científicas según las cuales los carbohidratos no digeribles sean un elemento saludable. Al contrario, grandes cantidades de fibras pueden fermentar en el intestino y provocar efectos indeseables.

Asimismo, hay que considerar el rol decisivo de la publicidad que muy hábilmente utiliza mensajes saludables para inducir al consumidor a especular con propiedades beneficiosas inexistentes. Una alimentación rica en fibras significa privilegiar platos con cereales no refinados, legumbres, verduras y frutas; el resto son solo accesorios.