Los fenicios ocupaban una estrecha franja geográfica de 200 km. de largo por 40 km. de ancho. Fenicia fue el nombre que le dieron los griegos, derivada del término phoinix y que hacía referencia al famoso tinte que se elaboraba en esas tierras, de ahí el nombre de “pueblo de la púrpura”.

Fenicia limitaba al norte con Siria, al sur con Palestina, al este con las montañas del Líbano y Antelíbano, y al oeste con el Mar Mediterráneo. Los fenicios vivieron su época de esplendor entre los siglos X y V a.C.

Los fenicios eran de raza semita, probablemente de origen cananita. Se organizaban en ciudades estado políticamente independientes. En este sentido guardan semejanzas con la organización sumeria, de quienes adoptaron inicialmente la escritura cuneiforme. La influencia egipcia, no obstante, llevó grandes cambios, como la introducción del papiro y la adopción de su escritura. La gran aportación fenicia vino de su espíritu práctico, simplificando los complicados signos egipcios y reduciéndolo a 22 letras que representaban los sonidos elementales de la voz, pudiéndose combinar para formar cualquier palabra. Esta gran innovación fue perfeccionada por los griegos, quienes le dieron el nombre de alfabeto, por sus dos primeras letras (alfa y beta), llegando a nuestros días con pequeñas modificaciones.

La sociedad fenicia

La organización social fenicia era de carácter teocrático y estaba apoyada en un consejo de ancianos que poseían una gran relevancia a la hora de tomar decisiones importantes. Otro rasgo distintivo de la sociedad fenicia eran las asambleas de ciudadanos, formadas por los hombres libres que residían en la ciudad. No está claro cuáles eran sus funciones específicas, pero es probable que ejercieran funciones consultivas, a modo de consejo de estado, sirviendo al monarca en diversas cuestiones de interés.

Socialmente, en Fenicia pueden distinguirse dos grandes grupos; los hombres libres y los esclavos. Pero entre los hombres libres también existían marcadas diferencias, como sucedía con los ciudadanos y los extranjeros o los hombres y las mujeres. Los extranjeros y las mujeres no podían intervenir en funciones políticas o sociales.

En cuanto a los ciudadanos también se distinguen dos grandes grupos que, a pesar de complementarse debido a las características especiales de Fenicia, en otras muchas ocasiones entraban en conflicto. Se trata de los nobles, con derechos sobre las tierras, y los comerciantes, que basaban su poder en los negocios. Las tensiones entre ambos grupos eran habituales. La figura del monarca, unida a la complementariedad mencionada, mantenía el equilibrio.

La economía fenicia

La economía fenicia estuvo condicionada por el estrecho margen territorial que ocupaban y la carencia de los recursos naturales de su territorio, que si bien fueron suficientes al principio, con el auge y el desarrollo de la población, se hizo necesario buscar salidas como el comercio. Pronto destacarían en la industria maderera explotando, sobre todo, los frondosos bosques de cedro que se ubicaban en la franja meridional. Fueron los principales exportadores de madera a Egipto, con quienes mantenían una fructífera actividad comercial.

La industria pesquera fue otro de los argumentos de peso para la economía fenicia. Habitualmente se transformaba en salazón, siendo muy apreciado en todo el Mediterráneo.

Otro de los elementos más destacables de la economía fenicia fue el comercio de la púrpura; un tinte que se obtenía de dos especies de gasterópodos comunes en esas latitudes. Con la púrpura se teñían todo tipo de paños y telas; un proceso que los fenicios guardaban celosamente en secreto. No obstante, se trataba de un proceso complejo que encarecía notablemente este producto, razón por la que solo estaba reservado a las élites sociales; un artículo de lujo apreciado en todo el ámbito mediterráneo y que generaba grandes beneficios.

La política fenicia

Como ya se ha apuntado, Fenicia estaba constituida por ciudades estado independientes como Biblos, Tiro, Sidón o Gebal, con sus propias leyes, constitución y reyes hereditarios, variando en su hegemonía según el periodo histórico analizado.

La principal figura política la encarnaba el monarca, delegando en un gobernador atribuciones como la administración de la ciudad, así como un comandante que se encargaba de la seguridad y la defensa. También con un notable poder destaca la aristocracia fenicia, con gobiernos de las familias de la nobleza que se apoyaban en asambleas del consejo de ancianos.

Por otra parte, la oligarquía formada por los comerciantes fue alcanzando cada vez más altas cotas de poder e influencia, con una forma propia de gobierno denominada sufetato, donde los representantes de los comerciantes (sufetes) actuaban como magistrados, tomando decisiones asamblearias relativas a los asuntos de la ciudad. Cada ciudad contaba con su asamblea y sus propios sufetes.

La religión fenicia

En la religión fenicia destaca Baal; el Dios principal de los fenicios. Podía ser interpretado como el sol benefactor que daba la vida o bien como el sol abrasador que arrasa y provoca la muerte. Se han hallado representaciones con figura humana, de toro o humana con cabeza de toro.

La religión fenicia bebe de fuentes cananeas, con elementos de la cultura egipcia y griega, y con un notable componente mitológico. La religión, como en otras grandes civilizaciones, era empleada por el poder monárquico para mantener el orden y la estabilidad social, lo que unido al carácter religioso del pueblo fenicio, hizo posible que los intereses económicos y sociales, aunque en ocasiones entraran en conflicto, en general quedaran supeditados a este poder.

Los fenicios sentían una gran devoción y temor hacia los dioses que adoraban, viéndolos como dioses crueles y vengativos a los que había que satisfacer mediante sacrificios para evitar su cólera divina. A los sacerdotes, en su papel de intermediarios entre los hombres y los dioses, se les otorgaba un gran prestigio social. Eran los encargados de los ritos y quienes interpretaban los designios del Dios, lo que conllevaba un elevado componente de manipulación, tal y como ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad.

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