La polémica sobre la situación de la mujer en el mundo islámico retorna cada poco tiempo. En España, el deseo de una niña de ir al instituto con la cabeza cubierta ha generado un sin fin de reacciones. Occidente opina pero, ¿qué piensan las feministas musulmanas?

Cuando hablamos de la mujer en el mundo islámico, la primera imagen que nos viene es la de una cabeza escondida por un pañuelo como símbolo de sumisión en una sociedad, fundamentalmente, patriarcal y religiosa.

Sin embargo, existe el "feminismo islámico", dos términos que parecen incompatibles pero que hay quién pretende que dejen de serlo. Consideran que el propio Corán defiende sus reivindicaciones.

Feminismo musulmán

El término “feminismo” no tiene buena imagen en el subconsciente de parte de la sociedad musulmana , ya que trae a su memoria histórica los duros tiempos del colonialismo, sobre todo tras la Primera Guerra Mundial. En concreto, rechazan la idea importada de un feminismo agresivo enfrentado a lo religioso y representado por la mujer blanca occidental que pretende salvar a la “pobre” mujer musulmana.

Existe un feminismo musulmán que surge desde dentro de la sociedad hacia fuera, y no impuesto de fuera hacia adentro. Son, en su mayoría, mujeres que también luchan por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, pero desde su propia cultura. Quieren acabar con frases como “me lo impide mi religión” o la tan utilizada coartada de que el Corán liberó a la mujer hace catorce siglos.

Precisamente, estos movimientos feministas reconcoen al Texto Sagrado como liberador, pero también que, actualmente, no es así. En su opinión, no es el Corán el que plantea la discriminación de la mujer, sino que se ha producido una degradación de la tradición y una tergiversación de sus enseñanzas que ha tenido como resultado la actual estructura patriarcal de la mayoría de los estados musulmanes.

El feminismo islámico rechaza la idea de que el Islam esté detrás de la situación de inferioridad que vive la mujer. Para ello, desafían la ortodoxia y aseguran que aquello que se presenta como Ley de Dios no es más que una interpretación humana. Y no apuntan sólo hacia los hombres, sino también hacia las mujeres, ya que es una forma de ver el mundo que, a veces, comparten ambos sexos.

Leyes de familia

En los países islámicos la religión es parte de la vida pública y millones de musulmanes son gobernados por las leyes islámicas en asuntos personales y matrimoniales, en vez de por leyes civiles.

El feminismo islámico, anteriormente citado, es especialmente crítico con las denominadas “leyes de familia” por considerar que restringen los derechos humanos de las mujeres y favorecen a los hombres. Se quejan de que los tribunales islámicos están obsoletos, sobre todo, en lo referente a asuntos familiares y de herencia.

Bajo alguna de esas leyes, los hombres pueden tener hasta cuatro esposas y pueden divorciarse de forma automática, mientras que ellas deben presentar sus casos ante un juez si sus maridos se niegan a separarse. Incluso, los varones que se divorcian obtienen una porción más importante de las propiedades, como es el caso de Malasia.

Curiosamente, en ese país las mujeres han alcanzado puestos de importancia como el Ministerio de Industria, la judicatura nacional y la presidencia del Banco Central. Sin embargo, la organización Hermanas del Islam se queja de que Malasia es uno de los pocos países islámicos que permite a los hombres musulmanes divorciarse sin la autorización de un tribunal. Basta con decirle tres veces a su mujer, cara a cara y ante testigos, “me divorcio de ti”.

Un movimiento con nombres propios

Esta manera de interpretar el feminismo tiene nombres propios. La ex portavoz de la Junta Islámica catalana y experta en textos coránicos, Yaratullah Monturiol, denuncia que las mujeres casi no participan en las mezquitas. Las decisiones que se toman allí no las tienen en cuenta, lo que significa marginar a una gran parte de la población.

Otro ejemplo es el de la afro-americana Amina Wadud. Esta profesora universitaria fue la primera mujer que dirigió una oración musulmana del viernes mixta, celebrada en Nueva York en el año 2005. Su libro “El Corán y la Mujer: Releyendo el Texto Sagrado desde una perspectiva femenina” ("Qur'an and Woman: Rereading the Sacred Text from a Woman's Perspective") es todo un referente académico.

La activista Lily Zakiyah Munir es directora del Centro de Estudios para el Pensamiento y la Democracia de Indonesia, una agrupación que defiende la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Promueve la inclusión de la lectura democrática y de género del Corán dentro de las más de 14.000 escuelas coránicas de su país.

Para las defensoras del feminismo islámico se trata de romper con los estereotipos religiosos y de género. Una lucha que sus protagonistas ya han bautizado como “yihad de género”.