
- Rubem Fonseca - Josefina Rodríguez-Patricia Pérez
Como sus detectives privados, Fonseca estudió leyes, fue abogado y comisario de policía. Su agudeza sicológica le sirvió para conocer y conciliar con ladrones, peleadores, proxenetas y delincuentes varios. La policía lo envió a especializarse a los Estados Unidos, donde aprovechó para estudiar Administración de Empresas, pero le sirvió más la observación que hizo de los entresijos de una sociedad corrupta y violenta. Al volver al Brasil, vio el mismo espejo de brutalidad. A sus 50 años, y armado con estos ingredientes, escribió el cuento que rompió los esquemas literarios establecidos.
Pereba, Zequiña y yo tenemos hambre
Los tres protagonistas de Feliz año nuevo, unos jóvenes delincuentes de las favelas de Río de Janeiro, deciden robar la noche del 31 de diciembre. Y su objetivo es claro: Las señoras están todas con ropa nueva, van a entrar en el nuevo año bailando con los brazos en alto, ¿ya viste cómo bailan las blancuchas? Levantan los brazos en alto, creo que para enseñar el sobaco, lo que ellas quieren enseñar realmente es el coño pero no tienen cojones y enseñan el sobaco. Todas ponen los cuernos a los maridos.
Cargando sus armas robadas, se suben en un carro robado resignados a celebrar con los Macumberos si no logran un golpe. Pero están llenos de pobreza y locura, y nada los va a detener. Pereba, no tienes dientes, eres bizco, negro y pobre, ¿crees que las mujeres te lo van a dar? Ah, Pereba, lo mejor para ti es hacerte una paja. Cierra los ojos y dale. ¡Yo quería ser rico, salir de la mierda en que estaba metido! Tanta gente rica y yo jodido.
Lo inevitable
Encuentran el lugar perfecto, una lujosa casa en un barrio adinerado. Se ponen sus medias veladas en la cabeza. A partir de este momento todo es brutalidad, violencia al límite y un renegrido humor que deja al lector perplejo.
Casi como en un juego desquiciado, los jóvenes van masacrando y violando a las personas de la casa. Hay una escena en la que, por medio de un escopetazo, intentan comprobar una teoría sobre un cuerpo que se estrella contra la pared.
Señor Mauricio, ¿quiere hacer el favor de ponerse cerca de la pared?
Se recostó en la pared.
Recostado no, no, unos dos metros de distancia. Un poco más para acá. Ahí. Muchas gracias. Tiré justo en medio del pecho, vaciando los dos caños, con aquel trueno tremendo. El impacto arrojó al tipo con fuerza contra la pared. Fue resbalando lentamente y quedó sentado en el suelo. En el pecho tenía un orificio que daba para colocar un panetone.
Viste, no se pegó el tipo a la pared, qué coño. Tiene que ser en la madera, en una puerta. La pared no sirve, dijo Zequiña.
Bya Bay la aldea
La forma de narrar de Fonseca marca una ruptura y un estilo diferentes en la literatura latinoamericana. Sus personajes, sus temas y sus escenografías le dicen adiós a la literatura de la provincia y de la aldea. Ahora está la ciudad, ese gigante conglomerado humano donde una sociedad devastada tiene que levantarse todos los días a trabajar para sobrevivir.
1975, año de publicación del libro, es el punto de partida y señala un acontecimiento que se adelanta a las temáticas norteamericanas posteriores. En 1976, Martin Scorsese presenta su Taxi Driver, una historia de: la violencia en la cultura occidental, el machismo, el abuso, y su clásica línea de “hombres que buscan la redención”.
Fonseca se adelanta a esta temática con sus personajes metidos en la inmensa ciudad, en su caso Río de Janeiro. A partir de ese momento, todo cambia.
El Juan Rulfo
El 2 de agosto de 2003, le es concedido el Premio Juan Rulfo a su obra. 19 premios había recibido antes por sus 23 obras entre libros de cuento, novelas y guiones. El jurado: consideró que la obra de Fonseca ha contribuido decisivamente a la renovación de la prosa narrativa, pues introduce un modo de contar que aprovecha y reelabora formas provenientes de la literatura popular como la novela negra, pero también las de la novela política, la social, la existencial y la erótica. Su mundo está poblado por personajes extraídos de la realidad más sórdida, aunque tratados con compasión y humor.
Su forma de contar, sus temas y sus personajes revelaron un lugar desconocido para Latinoamérica: sus ciudades. Demostró que esos lugares no eran solo los sitios tranquilos de las postales, sino que allí hervía la condición humana en toda su profundidad.
Subimos. Coloqué las botellas y la comida sobre una toalla en el suelo. Zequiña quiso beber y no lo dejé. Vamos a esperar al Pereba. Cuando el Pereba llegó, llené los vasos y dije, que el próximo año sea mejor. Feliz año nuevo.
