El escritor Felipe Trigo nació en Villanueva de la Serena, Badajoz, el 13 de febrero de 1864.

Datos biográficos

Estudió Medicina en la Facultad de San Carlos de la Universidad de Madrid y se casó muy joven, antes de acabar la carrera.

Ejerció en distintos pueblos de Extremadura. Su primer destino fue Trujillanos y el segundo Valverde de Mérida, aunque estos pueblos no le colmaron e impedían el desarrollo de sus ambiciones personales e intelectuales. Por ello decidió opositar a médico militar y, ganadas las oposiciones, ingresó en Sanidad Militar, siendo trasladado a Sevilla.

En 1893 fundó en periódico Sevilla en broma y también estrenó, en el teatro sevillano San Fernando, El primo de mi mujer, con singular éxito. En 1891 publicó Etiología moral, en la que incluye los artículos que habían ido apareciendo en El Globo.

De Sevilla se trasladó a Trubia (Oviedo) y, de allí, partió a Filipinas como médico militar. En ese destino resultó herido y volvió a España con una mano mutilada y la categoría de teniente coronel. En La campaña filipina (1897) recuerda ese episodio de su vida.

Felipe Trigo se dedicó también al periodismo, pero desde una posición combativa y polémica. Colaboró en El Socialista y a partir de 1892 publicó una serie de artículos reivindicativos con el título Las plagas sociales.

A partir de 1905 abandonó la medicina para dedicarse de lleno a la literatura, a la vez que fijó su residencia en Madrid, alternando con estancias en Extremadura.

Novelas de tema sexual

Felipe Trigo obtuvo gran éxito con sus novelas en las que domina el tema sexual que, dada su condición de médico, estudia desde un punto de vista que se podría calificar de “clínico”.

Su literatura, en líneas muy generales, deriva del naturalismo y se centra en el erotismo. De ahí su éxito; pero también las incomprensiones que levantó en los sectores más conservadores que le dedicaron continuos ataques.

Suicido sin explicación

Cuando estaba en el punto máximo de su madurez creativa, llevado por problemas que le perseguían, se suicidó en su casa de Madrid en 1916. A pesar de los comentarios que suscitó, su muerte no se ha podido esclarecer.

En su carta de despedida se lee que: “... yo estoy seguro de que nada os serviría más que para prolongar algunos meses vuestra angustia viéndome morir. Pensad que en esta catástrofe fue el motivo el ansia loca de crearos una posición más firme....”.

Novelas, artículos y ensayos periodísticos

La obra de Felipe Trigo es amplia si se tiene en cuenta que la escribió en solo 15 años (1901-1916). Se trata de una obra que incluye novelas, artículos y ensayos periodísticos.

Entre sus novelas más interesantes, por citar sólo unas cuantas de la veintena que escribió, cabe mencionar Las ingenuas que su primera obra, publicada en 1901, que cabría incluirla en el llamado naturalismo inmediato. Al lado de Las ingenuas, estarían Sed de amor (1902) y La bruta (1904).

“Jarrapellejos”, su mejor novela

Hay destacar, por su relevancia, El médico rural (1912), iniciado por En la Carrera, que es otra autobiográfica crucial para entender mejor a Trigo. Y, especialmente, hay que mencionar Jarrapellejos (1914) que pasa por ser, según la crítica, su obra de mayor relevancia dado que trata temas considerados de mayor alcance que el erótico, como puede ser la problemática social, a la que no fue ajeno Felipe Trigo.

Jarrapellejos, de la que se realizó una película en 1988, se desarrolla en un pueblo de la época sometido al caciquismo y a los abusos de los poderosos hacia los humildes.

Ensayo y novela corta

Trigo también se dedicó al ensayo doctrinario que merecería una revisión a fondo, como Socialismo individualista (1904), El amor en la vida y en los libros (1907) y Crisis de la civilización (1915).

Cultivó con asiduidad la novela corta en títulos como La de los ojos color de uva, Reveladoras, Lo inefable, El moralista y un largo etcétera.

Mucho más que el fundador de la novela erótica

A Felipe Trigo se le ha considerado padre y fundador de la novela erótica en España. Y tal vez por esa etiqueta ha sido relegado y postergado en los manuales y en las historias de la literatura en los que, a lo sumo, se le dedican escasas líneas. Sin duda, merecería una lectura más seria y reposada.