La construcción social, que se forma cada individuo sobre su realidad tiene que ver con cómo va concibiendo el mundo tanto de manera subjetiva como objetivamente. Uno de los espacios en donde más se desarrollan estas visiones es dentro del espacio familiar. Pero la familia nuclear y como unidad biológica de reproducción ha dejado de ser la única manera de integrar una familia actualmente, por lo que las concepciones de la realidad también se modifican.

Familia y sociedad

Las transformaciones sociales, económicas, políticas y demográficas generan a su vez cambios al interior de las familias. Los roles que cada integrante juega en un núcleo familiar han ido cambiando y los cambios económicos han sido una de las mayores influencias para que las familias se integren de manera distinta, sin que el lazo sanguíneo sea el principal vínculo de unión.

Mucho se ha discutido acerca del supuesto daño que genera la propagación de estas nuevas familias, por concederle a la familia nuclear una dimensión universal oponiéndose a otras formas de conformarla por considerarla anormal, antinatural e incluso aberrante. Los principales defensores de esta posición en su mayoría son los sectores conservadores y religiosos.

La transformación de la familia

Sin embargo, la visión etnocéntrica de familia que la Iglesia o estos grupos, definen como normal o natural, se encuentra un poco fuera de las cifras reales y un tanto anacrónicas también, sobre todo si lo trasladamos a los contextos capitalinos. La configuración de familia se ha ido modificando principalmente de acuerdo con las exigencias de orden económico y también sociales y culturales.

La familia ya no existe únicamente a través del modelo biológico reproductivo. Estos modelos no son infalibles y no podemos estimarlos como el único y mejor modelo para el sano desarrollo de los niños, pues, es en estas mismas donde existen lamentablemente mayores índices de tasas de violencia (y entre ellas destaca el de abuso sexual) en contra de los menores.

Las consecuencias en los nuevos modelos familiares

En cuanto a las repercusiones que pueden existir en modelos familiares distintos del tradicional nuclear puede analizarse desde distintos enfoques. Desde un punto de vista bio-psicosocial, el desarrollo de vida del ser humano se integra de más de 12 elementos o factores y solo uno de ellos es la familia, por lo que las repercusiones son de igual influencia tanto en el modelo heterónomo como en uno que no lo es.

Sin embargo, un aspecto bastante interesante en la educación del niño que responde al campo social y educativo y que puede potencializarse dentro de familias distintas de la familia tradicional nuclear es la formación de personas y ciudadanos autónomos.

Jean Piaget y la moral autónoma

El análisis que hizo Jean Piaget sobre el juzgamiento moral en el niño, independientemente de quienes sean los cuidadores (padre y madre, padres, madres), mostró cómo la autoridad basada en el respeto mutuo construye una moral autónoma. Mientras, en la autoridad ejercida por el respeto unilateral (generalmente la que sigue el modelo patriarcal jerárquico), genera en el niño una moral heterónoma (que potencia el desarrollo bajo un estado de dependencia y obediencia mayormente), ante la cual el sujeto se vuelve incapaz de actuar y juzgar con sus propios recursos.

Piaget mostró que la noción de justicia, la cual se extiende a la educación de la ciudadanía, necesita de sujetos sociales que hayan incorporado las reglas basadas en el respeto mutuo –la cooperación– y no el respeto unilateral –la coacción–. Por lo tanto, en la familia, como sea que se configure, ese principio educacional supone padres (cuidadores) que sean capaces del ejercicio del sentido de justicia en sus propias vidas.

Anthony Giddens y la autonomía

Anthony Giddens sugiere que con autonomía, las condiciones para relacionarse con otras personas se ejercen de modo igualitario, permite el respeto de las capacidades del otro; es capaz de tratar a los otros de una manera que reconoce el desarrollo de sus potencialidades y que no constituyen una amenaza. También ayuda a configurar los límites personales necesarios para la administración bien adecuada de las relaciones.

Las formas de concebir a la familia en la actualidad tienen que ir más allá de la visión de nuestra propia familia. Dejar de ver a la propia familia como el modelo universal, natural o normal, ayudará al ser humano a entender las distintas concepciones y modelos de convivencia e integración que existen más allá de su propia realidad.

Esto procurará y creará entornos más propicios para las interrelaciones y convivencias más sanas entre los seres humanos, en el que la diferencia de una realidad con otra, no tenga porque confrontarse, sino al contrario, pueda existir un intercambio positivo entre una concepción y la otra.