La eyaculación precoz no existe como tal, es decir, es algo construido socialmente y que ha ido cobrando importancia a lo largo del tiempo. De hecho, existen múltiples “problemas” para definirla. Algunos autores consideran el tiempo como factor principal, en cambio, otros utilizan el número de empujones pélvicos. Todo esto nos hace plantearnos el hecho de que la “eyaculación precoz” es algo muy subjetivo y depende de la percepción de cada persona.

Biológicamente, el hombre tiene una rápida respuesta sexual. Todo ser vivo tiene un reflejo fisiológico orgásmico corto, adaptado a su especie, por diferentes motivos. Y es corto, debido al éxito reproductivo. En el caso del macho humano, la eyaculación, a partir del inicio de la cópula, se demora entre 30 segundos y 2 minutos. Todo esto es la herencia filogenética que han recibido los machos humanos, y lo que hace que todos los hombres sean “eyaculadores precoces” biológicamente hablando, lo cual es una conducta positiva desde el punto de vista reproductor.

Función erótica de la sexualidad

La sexualidad también tiene una parte social, que es lo que sería su función Erótica. Hasta mediados del siglo XX, la eyaculación precoz no sólo no era un problema, sino que era una ventaja, y los hombres se enorgullecían de ello. Antes, la mujer no tenía sexualidad, no era dueña de su cuerpo, ni de su placer; estaba al servicio del hombre para satisfacerle cuando él quisiera. Por lo tanto, el hombre llegaba a forzar a la mujer para tener relaciones sexuales. El hecho de eyacular rápido era una ventaja.

En 1948 se realizaron los estudios de Kinsey, “El Informe Kinsey”, donde se habló por primera vez de la conducta sexual de la mujer. Otro hecho importante fue la aparición de la píldora anticonceptiva, y por lo tanto, el control de la mujer sobre la reproducción. A partir de ahí, las mujeres podían elegir quedarse embarazadas o no, y esto hacía que en su sexualidad cobrara gran importancia el placer. A partir de aquí, la mujer ya sabe lo que quiere y lo pide.

Más adelante, aparecieron los estudios de Masters y Johnson (importancia de la sexualidad femenina y multiorgasmo de la mujer), donde se invirtió por completo el modelo de sexualidad existente. En poco tiempo se pasó de considerar al “eyaculador precoz” un superhombre (biológicamente hablando), a convertirlo en un “complaciente compañero” responsable del placer de su pareja.

El deber de "hacérselo" bien

Después de todo esto, los hombres deben acudir a la relación sexual con la obligación de saber cómo hacer las cosas para que la mujer disfrute. Si ella no disfruta, la causa estará en el varón, que será considerado como inexperto. El hombre quiere conseguir el orgasmo de su pareja, y es más, quiere conseguirlo con su pene, a través del coito, y no con otro tipo de prácticas. Este modelo de sexualidad es un modelo que adoptan muchos hombres (y mujeres) en la actualidad.

Es aquí entonces cuando aparece la “Eyaculación Precoz” como disfunción sexual, consecuencia de este modelo. Y existen actualmente algunos prejuicios que hacen que se siga manteniendo:

  1. Se sigue considerando que la técnica principal es el coito. Todo lo que no sea coito, parece ser que no es “practicar sexo”. Y si el orgasmo se consigue con otras técnicas (sexo oral, masturbación....) parece ser que es considerado algo malo, o incompleto.
  2. Se considera que la mujer tiene dos tipos de orgasmos: el vaginal y el clitoriano.
  3. Se considera que la mujer debe tener el orgasmo debido a la buena habilidad del hombre.
  4. Se considera que la mujer tiene que tener el orgasmo antes que el hombre, puesto que si el hombre eyacula antes, se acaba la relación sexual.
Todos estos prejuicios son mantenidos por un gran número de personas, y es lo que hace que se dé tanta importancia al hecho de eyacular rápido. Si analizamos cada uno de ellos, podremos ver que no tienen mucho sentido.

Pero lo cierto es que la mayoría de las demandas en las consultas sexuales son debidas a la necesidad del hombre (o de la pareja) por alargar el tiempo que tarda en eyacular el varón. Vemos que esto supone grandes problemas de ansiedad para él, y puede producir problemas de pareja importantes.

Existe una serie de técnicas para que el hombre pueda controlar su eyaculación si así lo desea. Pero estas técnicas no van a ser suficientes, si el hombre no entiende que el origen de su “problema” es algo que se ha ido construyendo socialmente y que sólo tiene la importancia que uno mismo le da.