Me acerco a observar la entrada de la exposición, por la parte que se vislumbra desde la calle: "Enri, la verdad es que la vieja cuaresmera queda bien ahí, de reclamo. Me gusta el contraste de lo tradicional con tu cartel pop..." "Pero, Su, es que nuestra abuela cuaresmera en realidad ¡es la reina del pop!" "Ja, tienes razón, más popera que ella, ¿quién?"

Ha terminado la maratón de clavos "cuelga-fácil", cáncamos, martillos, alicates, cuadros, carteles, mopas, paños y fregonas... Todo listo para la inauguración. Las bebidas y el tapeíllo, también. Enrique respira, aliviado: "Hay equilibrio. Estaba preocupado porque era una especie de lotería, no sabía cómo quedaría hasta que no estuviesen todos colgados...". Los alumnos también estamos contentos, es hermoso compartir tu obra y exponerse al público. En una colectiva, desechas la vanidad como prenda vieja y te vistes de humildad. Los más rezagados arropamos a los más aventajados. Y todos nos volvemos artistas titiriteros. Tendemos nuestros lienzos en la plaza, expuestos al viento de la crítica y al sol de algún piropo...

Alegría, luz...

Hay un hilo conductor en toda la exposición: una serena alegría. Enrique logra que, en su taller, se respire un clima de paz, salpicada de humor. Esta atmósfera acaba reflejándose en nuestros cuadros. Por eso, un paseo por esta exposición es como un paseo por los sentidos...

Oirás tañir la campana de la Torre de La Vela, desde dos lienzos que traen Granada a Puente Genil. Ahora, aguza el oído, porque las campanas de la Mezquita contestan... Déjate arrullar por el murmullo de varias fuentes y el de las hojas de los árboles. Hojas anaranjadas y de color rosa, mecidas por el viento; hojas de los hayedos de la selva de Irati. Un puente de piedra entre bosques encantados...

Espera, ¿no oyes el fru-frú de los cancanes de las bailarinas y el de las libélulas de los nenúfares? Paséate por los viñedos y por el publecito naïf de pescadores. Monta en un barco que te llevará hasta Sevilla. Reposa en un patio andaluz: blanca cal, arco-iris de macetas y luz.

El cuadro más bello

Antes de irte, echa un vistazo al cuadro más hermoso de todos. Asómate a la cristalera que da a la Matallana. El mejor cuadro es siempre la propia vida, con sus luces y sus sombras. Gente que descansa de sus quehaceres, bebiendo una cerveza. Padres que cuidan de sus hijos. Abuelos que esperan la visita de sus familiares. Personas que, en medio de la crisis y la zozobra, siguen amando y buscando la Belleza...

Nos despedimos con una frase del actor Danny Kaye, que al maestro Enrique le encanta: Life is a great canvas... Throw all the paint you can!* No importa cuán oscuro sea el día, lo importante es seguir pintando, buscar la luz y seguir pintando...

Nota: Puedes leer la segunda parte de este artículo haciendo clik aquí.

* "La vida es un gran lienzo... ¡Arroja toda la pintura que puedas!"