En los últimos años, están proliferando por toda la geografía española las llamadas máquinas expendedoras de leche fresca. Se trata de iniciativas de pequeños ganaderos que actúan bien individualmente, bien asociados. Las ventajas de estos proyectos son muy importantes tanto para la salud de los consumidores de leche como para la revitalización de la economía y el sostenimiento del tejido rural.

La leche más natural, con más vitaminas y enzimas

Hay que tener en cuenta que la leche que se vende en todas estas máquinas expendedoras no es leche cruda. En rigor, tampoco sería leche fresca, aunque se la denomine así. El hecho de que se diga que se expende leche fresca se debe a que la leche de todos estos ganaderos no ha pasado por procesos como la UHT y la homogeneización, como la gran mayoría de los lácteos comerciales. Se trata de leche solamente pasteurizada, lo cual garantiza su conservación durante un período de unos cinco días en el frigorífico. Hay que tener en cuenta que la pasteurización es el tratamiento mínimo que exige Sanidad para que una leche pueda salir al mercado.

En 1856, el eminente químico Louis Pasteur descubrió que calentando los alimentos disminuyen los microorganismos perjudiciales para el cuerpo humano que tales alimentos pueden contener. Con este procedimiento se evitan la mayoría de las infecciones. Siguiendo los consejos de Pasteur, se generalizó el proceso de pasteurización, el cual debe su nombre a dicho investigador.

En el caso de la leche, la pasteurización consiste en calentarla hasta una temperatura de entre 60 a 75 grados, siempre por debajo del punto de ebullición, pues este punto provocaría una alteración de las propiedades de la leche. Es inevitable que con este calentamiento se elimine parte de las vitaminas y enzimas que contiene, pero la pasteurización no es tan agresiva como por ejemplo la llamada “ultrapasteurización” o UHT (ultra high temperature), proceso que sí modifica en mayor medida las características de la leche, afectando, entre otras cosas, a su sabor.

Vacas criadas en libertad por pequeños ganaderos

La mayor parte de las iniciativas de instalación de una máquina de leche fresca proviene de ganaderos particulares que, cansados de tener que vender su leche a los intermediarios a precios bajísimos y de lidiar con otros problemas del sector, han decidido arriesgarse y emprender el negocio de la venta directa de la leche de sus vacas.

Como se trata de explotaciones pequeñas, las vacas suelen vivir en libertad o en semi-libertad, teniendo acceso a espacios abiertos y a una alimentación más equilibrada, lo cual repercute positivamente en las cualidades nutritivas de la leche. Algunos de estos ganaderos tienen a su vacas pastando libremente casi todo el tiempo.

Las máquinas se sitúan en poblaciones no muy alejadas de las granjas, con lo que se reducen las emisiones de CO2 resultantes del transporte.

La primera expendedora de leche fresca del estado español se instaló en Elizondo, Navarra, gracias a la iniciativa de la familia Azcarate, que se decidió a poner en marcha esta idea tras haber visto máquinas de leche en Suiza e Italia, países en los que funcionan desde hace años.

Poco a poco, este tipo de iniciativa se ha ido extendiendo. En la actualidad se pueden encontrar máquinas de venta de leche fresca incluso en grandes ciudades como Barcelona. En la web de lletfresca.com se puede acceder a la pestaña “mapa de máquinas”, donde aparece un buscador de expendedoras de diferentes distribuidores. No están todos los ganaderos que venden directamente leche fresca en España, pero sí bastantes.

Cómo funciona una expendedora de leche

Normalmente se instalan dos máquinas. La primera es la que vende la leche. Suele poderse comprar un litro o bien un vaso. Se coloca el envase en el compartimento donde se vierte la leche, se introducen las monedas y se pulsa el botón de llenado. La leche sale a una temperatura de unos 4 grados centígrados. Cuando ya se ha retirado el envase lleno, la máquina despide un chorro de vapor que esteriliza el compartimento. Como la leche ya está pasteurizada, no hace falta hervirla en casa, como se hacía antaño. En la máquina puede verse un cartel que indica la fecha de caducidad.

Por lo que puede constatarse visitando las distintas máquinas de la geografía española, el precio suele ser el mismo: el litro cuesta un euro. El vaso de leche sale por unos 40 céntimos.

La segunda máquina es la expendedora de envases. Pueden encontrarse, según el establecimiento, envases de litro de vidrio y/o de plástico, ambos reutilizables, y también vasos de cuarto de litro, los cuales también pueden usarse cuantas veces se quiera. De esta forma se contribuye a la reutilización de productos y a la minimización de residuos, dos de los pilares de las buenas prácticas ecológicas. El precio de los envases ronda los 50 céntimos.