Lejos de ser ideologías opuestas, tanto el marxismo como el existencialismo sartriano comparten una concepción del mundo ligada esencialmente a la libertad. Ambas buscan la emancipación del ser humano desde diferentes perspectivas; ya sea como individuo responsable radicalmente de su existencia sobre la Tierra, o como clase social capaz de liberarse de su alienación como trabajador esclavo del capital burgués.

Marx y Sartre, hombres comprometidos con su época

Las vidas de Marx y Sartre se desarrollaron, de acuerdo a sus siglos vividos (XIX y XX respectivamente), de maneras paralelas: el primero naciendo en Alemania en 1818 y falleciendo en 1883, mientras que el segundo haciendo lo mismo entre los años 1905 y 1980.

Karl Marx, tercero de siete hermanos e hijo de un rabino judío de clase media, comenzó su formación académica en la Universidad de Bonn con intención de estudiar Derecho. Acontecimiento que no ocurrió, ya que abandonó sus estudios de esa disciplina para dedicarse a la filosofía en Berlín, doctorándose en 1841.

Al comenzar a escribir acerca de las situaciones sociales y económicas de Europa, se gana el mote de revolucionario, lo que lo obliga a exiliarse en diferentes países, entre los cuales se encuentra Inglaterra. Permanecería viviendo allí gran parte de su vida, dónde conocería a Friedrich Engels, hombre primordial en su vida, y redactaría su obra máxima: El Capital, una crítica a la economía política clásica.

Entre los acontecimientos que se vio involucrado, se encuentran: la fundación de la Liga de los Comunistas, durante su estadía en Bruselas en 1847 (dónde se declaró apátrida, ateo y revolucionario, escribiendo su célebre Manifiesto del Partido Comunista); la organización y fundación de la Primera Internacional en 1864, la cual tuvo un papel fundamental en la victoria de la comuna que gobernaría París por unos pocos meses en 1871. Con su derrota, Marx se retiraría de su actividad política para dedicarse tiempo completo a la escritura.

Por el lado de Jean-Paul Sartre, al hecho de haber sido único hijo, se le sumó la muerte de su padre el año de su nacimiento. Siendo educado y criado por su madre y abuelo, su interés en la filosofía le llegó en los años 1920, siendo ya un adolescente, cuando leyó el libro de Henri Bergson denominado Essal sur les données immédiates de la conscience.

Al poco tiempo de conocer a su eterna compañera Simone de Beauvoir en 1929, se gradúa de la École Normale Supérieure con un doctorado en filosofía, para luego sumergirse en la fenomenología de Husserl (fundamental concepto para la comprensión del existencialismo sartriano y de su principal obra: El Ser y la Nada).

Muchos de los hechos trascendentales del siglo XX lo tuvieron como protagonista, más que nada analizándolos y dando opiniones comprometidas desde su faceta literaria y filosófica. Tal es el caso de su excepcional prólogo al libro de Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra, en el cuál se proclama a favor de la lucha armada y de la liberación de Argelia, país colonizado por sus propios compatriotas franceses. La Revolución Cubana, como también el Mayo Francés y la Revolución Cultural China fueron acontecimientos apoyados con igual énfasis por Sartre. Al mismo tiempo, fue un acérrimo crítico del estalinismo, a pesar de haber sido parte del Partido Comunista Francés durante gran parte de la década de 1950, hasta que la Unión Soviética invadiera Hungría en 1957, acontecimiento que lo desligaría completamente.

Críticas del marxismo al existencialismo, y viceversa

Una de las situaciones paradójicas de la relación entre la ideología marxista y la existencialista, es el hecho de que el principal exponente de la primera, o sea Marx, no llegó a conocer a la segunda. Por consecuencia, los que debatieron con Sartre fueron los intérpretes de lo que podría haber dicho Marx.

La radical concepción de la libertad por parte de Sartre, fue la principal crítica que le hicieron los marxistas durante toda su vida. Para él, el ser humano vive sin determinismo y sin excusas de sus actos. No importa en qué cultura fue educado, o que situaciones pasó el individuo, está condenado a ser libre. En respuesta, los marxistas, entre los que se encontraba el filósofo Louis Althusser, le responden que el hombre está condicionado por su sistema de producción, trabajo y economía; que en la mayoría de las ocasiones no depende única y exclusivamente de él y que el existencialismo es una especie de solipsismo. Que el ser humano, a través de su clase social, logrará la libertad anhelada con la lucha como instrumento, y que si no fuera así, no será libre jamás.

De esta forma, Sarte se dispondrá a unificar y entender el marxismo relacionándolo con el existencialismo propiamente dicho. Como resultado de ello surge La Crítica de la Razón Dialéctica, obra monumental de 1100 páginas, en dónde el filósofo francés acusa al marxismo de tener una visión demasiado lineal de la historia (léase la concepción materialista), mientras que al mismo tiempo la propone como única ideología capaz de constituir una antropología estructural e histórica que no deje de lado la concreción del objeto estudiado en un sistema fijo de conceptos; ésto siempre y cuando se comprenda lo humano que constituye el existencialismo. El endurecimiento de la ideología marxista por parte de la URSS a partir de 1920, dirá Sartre, constituyó un obstáculo importante en ese camino liberador que seguía, ya que se había vuelto incapaz de comprender lo singular.

Diferentes interpretaciones, un mismo objetivo

El existencialismo y el marxismo son las dos máximas filosofías de la libertad: comparten el ateísmo y la convicción de que todo lo que sucede y existe dentro de lo social y político, es parte de una construcción histórica humana y no creada por un ser superior. El hecho de que hayan tenido sus desencuentros a lo largo de la historia no significa que sean contrarias, sino que se necesita una comprensión acabada de ambas ideologías para poder llegar al entendimiento de que las dos buscan lo mismo: la liberación social e individual del ser humano.