La imagen no es nueva. Ella se desviste despacio frente a una cortina descuidadamente mal cerrada. Sus movimientos son lentos y premeditadamente reveladores, parece estar llevando a cabo un show erótico para un público invisible. Quizá prolongue la escena innecesariamente mientras se aplica lociones. Todo este despliegue no es accidental. Sabe que del otro lado, en algún lugar, alguien está observándola desde el anonimato, pretendido o no. Eso produce placer en ella, y se alimenta de la reacción que sabe provoca en el otro.

Hay otra imagen, menos grata, y también muy familiar. Los niños salen del colegio, carteras, gritos y algarabía, a unos metros un adulto parece esperar tranquilamente. Los pequeños y sus acompañantes no desconfían en absoluto, avanzan hasta quedar a tan sólo un par de metros del exhibicionista, entonces él abre su gabán y muestra su desnudez absoluta, disfruta con la sorpresa y la reacción de su involuntario público.

Ambos son exhibicionistas, las diferencias son evidentes, de todos modos.

El acto voluntariamente compartido

En el primer ejemplo, el acto de exhibicionismo sexual es voluntariamente compartido por otro sujeto que activa o pasivamente acepta el juego. No hay un sometimiento involuntario del que observa la escena, forma parte de un juego de seducción particular, en la que ambas partes aceptan los códigos.El exhibicionista disfruta con ser observado y saber que el espectador siente placer también.

El acto involuntariamente compartido

El segundo caso es diferente. El exhibicionista sexual goza particularmente cuando su espectador es sorprendido y obligado a verlo. La reacción de la víctima, en este caso, es lo que excita. Casi una motivación cercana a aquella que motiva a un violador, el sometimiento de la víctima, sólo que en este caso, el daño, aunque lo es, se mide en mucho menos. Las víctimas favoritas de este tipo de exhibicionistas son los niños o las mujeres jóvenes, más factibles de sentir temor o sorpresa frente a la genitalia masculina. Después del acto de exhibición, el individuo se masturbará rememorando el shock de las victimas. Se trata en este caso de una parafilia (desviación sexual). No existe la parafilia de este tipo en el sexo femenino.

¿Por qué este comportamiento?

El comportamiento del exhibicionismo como parafilia, y no como juego sexual, tiene causas psicológicas importantes. Existe una necesidad de autoafirmación, de reafirmación de la propia masculinidad, puesto que el exhibicionismo sexual se trata de mostrar los genitales y que este acto cause estupor. Esta es la satisfacción que se busca. El sujeto tiene una inmadurez psicológica y sexual remarcada que necesita de esta desviación para llegar a su culminación. Es un inadaptado emocional y social y necesita tratamiento psicológico.

Exhibicionismo, juego sexual o parafilia, una curiosa línea divisoria entre lo lúdico y erótico y el diagnóstico psicológico. Una parafilia que selecciona al sexo masculino para mostrarse. No es potencialmente peligrosa para la víctima salvo el desagrado y estupor, pero no puede dejar de tratarse profesionalmente.