
- Postparto - Fernando Cuenca
Ignacio Apolo presentó obras teatrales tanto en Buenos Aires como en otros lugares del mundo. Actualmente dirige la obra “Postparto", pieza que co-escribió junto a Laura Gutman y Florencia La Rosa. Él aceptó dirigirla poco tiempo después de nacer su “Luna” de Apolo. El elenco está compuesto por Laura Azcurra, Victoria Onetto y Silvina Bosco. Esta es una historia de miedos, angustias, amor y felicidad que trae la llegada del bebé.
¿Cómo empezaste con la dramaturgia? En una entrevista dijiste que ningún padre desea que su hijo sea dramaturgo ¿cómo te animaste?
I.A.- "En mi familia la posta era ser universitario, si lo eras estaba todo bien. Y como se valoraba tanto, yo hice la universidad, me recibí pero nunca ejercí. Desde el secundario yo tenía un desarrollo de la escritura muy importante, era un lector y también un escritor. En la adolescencia fui a un colegio que me permitía cierto acceso al material escénico y fui haciendo cosas en el escenario. Es decir, no provengo de la dramaturgia desde ver teatro y tampoco iba en todos mis ratos libres a ver obras.
Sin embargo, sí era un pibe que escribía todo el tiempo y quería hacer cosas con eso y el formato que tenía a disposición era teatral. Me acerqué de esa manera. Y como me gustaba mucho la actividad grupal: dirigir, armar obras, me empecé a contactar con ciertos sectores profesionales. Ahí fue que me comí cuatro años de actuación, al mismo tiempo que hacía la carrera de letras. Aunque nunca ejercí como crítico literario.
Terminé con el mejor promedio de la facultad, me dieron el premio Argentino de Letras en el 94, me ofrecían ser ayudante de cátedra y otras cosas, pero yo me fui en seguida de ahí. También huí despavorido cuando terminé mis cuatro años de actuación. Nunca quise actuar y decidí ingresar en la carrera de dramaturgia que abría Mauricio Kartun en el 93. En ese momento todas las cosas empezaron a unirse. Porque justamente la dramaturgia es una unión de distintas vocaciones parciales."
En el momento en el que pasas de lo que vos escribís a ser el que lo dirige ¿Cómo lo pensás: en palabras o en imágenes?
I.A- "Las palabras en la dramaturgia son imágenes auditivas porque la dramaturgia suena. Su finalidad no tiene como destino la lectura, no se hace para ser leído, sino para que sea interpretado. Por lo tanto la escritura es muy particular, hay un montón de cosas que no se dicen y en realidad su destino es el silencio. Nunca van a ser dichas, van a ser vistas o implicadas."
¿Esto implica algún mecanismo de reescritura?
I.A- "No se puede no reescribir. La real actividad profesional de un dramaturgo o de un escritor en términos generales es la corrección. El punto es cómo lo corregís."
¿Y cómo lo corregís, en el texto escrito o en el escenario?
I.A-"Todo el tiempo."
¿”Postparto” de este domingo es distinta a la del domingo pasado?
I.A- "No en este caso, porque una vez que las actrices arman el espectáculo, pasa a ser una propiedad de ellas. Yo me voy separando, lo que sí puedo llegar a hacer son sugerencias. De todos modos de la segunda a la tercera función cambié algo. Voy, miro, escucho, digo y cambio. Y para cuando arranquemos la temporada 2011 también cambiaré algo.
Pero siento que la obra realizada es un organismo vivo a cargo de las actrices, en definitiva son ellas quienes la hacen. No sigo reescribiendo porque sería una locura. Hay gente que lo hace, a mi me parece que no, no me gusta ser tan protagonista. De hecho no es ningún protagonismo."
¿Con qué sentís que sos muy exigente?
I.A.- "Soy muy exigente conmigo, con el tiempo que la gente usa para hacer las cosas. La idea de hacer una actividad grupal, en la cual hay alguien que está a cargo de que todo sea realizado, tiene que ver con la optimización. Esto decía un viejo amigo de actuación Agustín Ale: “El director termina siendo un organizador de los tiempos”. Cuándo hay que decir lo que hay que decir, cuándo hay que sugerir, cuándo hay que exigir y cuando no. Uno intuitivamente se da cuenta si hay que presionar o dejar que se disuelva solo. Diría que es el arte de componer el tiempo. Bien de director de proyecto."
¿Vos esperas que dándoles esta libertad a las actrices ellas puedan ser más livianas como lo hacen cuando tienen que hablar de ellas mismas en la obra?
I.A.- "Lo que espero de las actrices es que encuentren el mecanismo personal por el cual eso que tiene que ser realizado es realizado por ellas específicamente y no por cualquier otra persona. La elección sobre a quién pones en el escenario cumple como todo plan de dirección un papel esencial. Igual que lo que le permitís hacer en el escenario y qué esperas de ella, puesto que en cada una buscas algo distinto.
El adjetivo liviano es en la obra la anécdota personal, pero en el momento de la escritura tenía el adjetivo contrario, era un momento de peso. Como si yo te dijera “te voy a contar un secreto que no lo sabe nadie”. Sin embargo, en la obra funciona como algo lindo."
Hay un momento de la obra donde todas las mujeres lloran ¿Qué pensas de esto?
I.A- "Es un fenómeno que tiene que ver entre la diferencia de la vivencia real de la maternidad y lo que se dice de ser madre. En esto hay algo de gran importancia: que estas minas que son mediáticas, uno las ve en la tele y pensamos que son la pantalla permanente. Pero uno viene a verlas actuar y de pronto no actúan. Te cuentan algo de su propia intimidad y eso ya provoca un mecanismo de acercamiento.
La máscara de la actuación te está diciendo “no seas mamá”. Y en realidad no es eso, lo que dice la tapa de cualquier revista no representa la vivencia sincera y verdadera de las veinticuatro horas de las mamás con los bebés, y esa vivencia es un tabú para nuestra sociedad."
¿Cómo te cambió la vida el nacimiento de tu hija?
I.A- "Cuando nació mi hija tomé una de las decisiones más importante de mi vida. Durante quince años di clases como profesor universitario en carreras de publicidad y siempre contaba con un sueldo básico. Pero cuando Luna tenía un mes entendí que pretendía tener una carrera teatral, las clases de publicidad y además ser marido.
Entonces me dije, “no, yo todas estas vidas no las puedo vivir, tengo que vivir una que sea la mejor”. Ahí tomo la decisión. Carolina estaba puérpera con licencia sin goce de sueldo por cinco meses más de los tres que dan por maternidad. Y yo le dije que me quería dedicar exclusivamente al teatro y a la literatura, no quería hacer más publicidad.
Ella me apoyó. Entonces fui en mitad del cuatrimestre y renuncié a todos esos años de docencia. Vendo el auto y con eso nos mantenemos. A partir de ahí empiezo a elegir mis trabajos y me está yendo bastante bien. Hoy mi hija en vez de decir “mi papá está dando clases, dice mi papá trabaja con las actrices”."
