Charles Taylor trata de analizar las causas por las que se percibe un decaimiento o declive de la sociedad contemporánea. A estas causas las denominará “formas de malestar” y en su libro Ética de la autenticidad disecciona tres de ellas, aunque este artículo se centrará sobre todo en la primera.

Causas de malestar

La primera a la que se refiere Taylor se concreta en el individualismo. La libertad que hemos logrado ha sido a costa de “los horizontes morales del pasado”. La gente se consideraba como parte de algo que le trascendía, como parte de la “gran cadena del ser”. Esos horizontes que nos limitaban por un lado, por otro, daban sentido a nuestra vida. Esta ausencia de transcendencia “aplana y estrecha a la vez nuestras vidas, las empobrece de sentido, y las hace perder interés por los demás o por la sociedad”.

Lo que lleva a la segunda causa de malestar es “el desencantamiento del mundo”. La supresión de los viejos horizontes morales ha conllevado la supremacía de la razón instrumental, aquella que considera como máxima la eficiencia, la mejor adecuación de los medios para lograr un fin con el menor coste. Esta primacía de la razón instrumental trae consigo el miedo de que se apodere de nosotros, de que sea la tecnología la dueña de nuestras vidas. “Se piensa también que en el lugar dominante que ocupa la tecnología ha contribuido a ese aplanamiento y estrechamiento de nuestras vidas”.

Por último, en tercer lugar, y como consecuencia de ese individualismo y de la supremacía de la razón instrumental, en el terreno político, “las instituciones y estructuras de la sociedad tecnológico-industrial limitan rigurosamente nuestras opciones”, y esa limitación de movimientos de los individuos puede conllevar que nadie quiera tener una activa relación en el campo de la política, limitándose a la gestión de sus vidas privadas.

El individualismo

Cualquier persona tiene derecho a desarrollar su estilo de vida. Pero si cada uno tiene su forma de vida propia, que le pertenece, sólo de sí mismo puede recoger el conocimiento para seguir ese camino. “Este individualismo entraña centrarse en el yo [obviando] las grandes cuestiones que transcienden al yo, sean religiosas, políticas o históricas". Esta concepción se basa en uno de los fundamentos del liberalismo, la neutralidad, según el cual, la sociedad debe callarse, ser neutral, respecto a los temas relacionados con lo que es una vida buena. Eso sólo le atañe a cada individuo y una sociedad liberal no debe decir nada al respecto.

El subjetivismo moral es otro de los problemas, según Taylor, que conlleva esta concepción. […] las posturas morales no se fundan en modo alguno en la razón o la naturaleza de las cosas sino que en última instancia son adoptadas por cada uno de nosotros porque nos encontramos ligados a ellas”.

La autenticidad

Charles Taylor considera la autenticidad como un ideal válido pero no puede ser que apelar a ella sea una excusa para rechazar el pasado de cada uno, negar todos los deberes que conlleva la ciudadanía, la responsabilidad con el medio ambiente o la solidaridad. Hay que alejarse del subjetivismo moral y darse cuenta de que resulta posible razonar sobre cuestiones morales. Es un error separar razón y moral. Y, por supuesto, si se puede discutir sobre la moral, si se pueden dar razones, unas serán mejores que otras.