Es como un viaje en el tiempo hacia un mundo marcado por las guerras locales dentro del marco general de la Guerra Fría. Por increíble que parezca la República Popular Democrática de Corea, conocida como Corea del Norte, ha decidido unilateralmente considerar “completamente nulo” el alto el fuego firmado con su vecina Corea del Sur el 27 de julio de 1953. En teoría, el acuerdo sigue en vigor porque su mismo articulado insiste en que la anulación requiere el visto bueno y aprobación de ambas partes. Sin embargo, junto a tropas estadounidenses, los surcoreanos preparan en la zona unas maniobras militares a gran escala desde este 11 de marzo.

La guerra de Corea (1951-1953)

La Segunda Guerra Mundial había acabado con la derrota del Eje. En Asia el vencido era Japón; EEUU y la Unión Soviética se iban a repartir las posesiones del imperio nipón, la península coreana fue una de las particiones, desde el paralelo 38º, eje donde la guerra civil y de liberación coreana había llegado a su punto de mayor enfrentamiento. Las fuerzas comunistas de Kim Il Sung, un guerrillero contra la ocupación japonesa y el régimen títere impuesto, iban tomando el control de casi toda la península.

En Europa el mayor líder comunista, Stalin, se sentía irritado por su fracasos en el bloqueo de Berlín y la pérdida de influencia en Yugoslavia; puso, entonces, sus ojos en Asia para reequilibrar las fuerzas geoestratégicas entre los dos grandes bloques antagonistas de la Guerra Fría. Por eso, dio el visto bueno a Mao (había ganado la guerra civil china en 1949) y a las tropas de Kim Il Sung para que el 25 de junio de 1950 cruzasen el paralelo 38º y penetrasen hacia el sur sin mucha resistencia. El régimen surcoreano, impuesto en la repartición de la península por Estados Unidos, no pudo frenar el avance triunfal comunista y apenas mantuvo un pequeño territorio en los alrededores de Pusan.

Estados Unidos consigue intervenir con una resolución de la ONU

Para gran asombro de los jerarcas soviéticos, el gobierno estadounidense reaccionó de forma eficaz y rápida. Hizo las cosas con mejor estilo y llevó el caso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Como el delegado soviético había boicoteado al Consejo, por la negativa norteamericana de incluir y reconocer a la recién creada República Popular China, la propuesta de Washington prosperó y se dictó una resolución que permitía a EEUU liderar un ejército multinacional (en realidad básicamente estadounidense) contra la invasión norcoreana.

El ejército multinacional auspiciado por la ONU y comandado por el general MacArthur consiguió en breve plazo hacer retroceder a los milicianos norcoreanos, tomando incluso el 19 de octubre la capital de Corea del Norte, Pyongyang. Pero la Unión Soviética y su nuevo y fuerte aliado en la región, la China comunista, no iban a dejar solo al líder fundador de la República Popular de Corea del Norte, Kim Il Sung, lanzando una contraofensiva ese mismo octubre de 1950 y llegando a las puertas de Seúl. El conflicto pasó a ser un “toma y daca” que acabó en un empate militar, curiosamente en torno al paralelo 38º, frente inicial de la guerra.

Armisticio, que no firma de la paz, en 1953

Un armisticio es una suspensión de acciones bélicas, pero no supone un acuerdo de paz. Es a lo máximo que se llegó o que permitió la creciente tensión entre los dos bloques, capitalista y comunista. Ese empate técnico en lo bélico propició la constitución de dos Coreas, cada una representando los modelos y sistemas políticos-sociales de las potencias que las amparaban. La convivencia en estas seis décadas no ha sido fácil, ni cuando en 1989 cayó el Muro de Berlín y comenzó el fin del bloque soviético y comunista. Corea del Norte pervivió, gracias en gran medida a la nueva potencia comunista, China, como una reliquia de la Guerra Fría en la región.

Roto por parte norcoreana el armisticio

La escalada de tensión con las reacciones belicosas e imprevisibles de Corea del Norte de estos últimos meses se salen incluso de la “normal” hostilidad existente en la península. La explicación estaría en el complicado relevo que ha tenido que protagonizar el joven Kim Jong-un , tras la muerte de su padre, el carismático Kim Jong il. La versión norcoreana es que su ruptura de toda “comunicación” con Seúl sería por las maniobras militares de estadounidenses y surcoreanos de estas últimas semanas. Sin embargo, no son excepcionales, sino las habituales de estos aliados en la región.

Otra explicación más plausible está en el sentimiento de acoso y aislamiento que siente Pyongyang, tras las resoluciones condenatorias de la ONU por sus pruebas militares (misiles) y nucleares. Sin ir más lejos, el último jueves el Consejo de Seguridad acordó por unanimidad la resolución 2094, que amplía las sanciones económicas y diplomáticas al régimen norcoreano por su última prueba nuclear realizada el pasado 12 de febrero.