"Estado de ira", la furia desgarrada entre risas y pasión

Paola Barrientos en la comedia del Metropolitan - Ernesto Donegana
Paola Barrientos en la comedia del Metropolitan - Ernesto Donegana
Una obra tejida sobre los vericuetos burocráticos en el ambiente teatral estatal. Muy buena alternativa para comenzar la semana riendo a carcajadas.

Un elenco impecable reunido por Ciro Zorzoli (dramaturgia y dirección) se presenta los lunes a las 21 en el teatro Metropolitan para ayudar a una destacadísima actriz a prepararse para representar a aquella Hedda Gabler de Ibsen. Una puesta fresca e imperdible.

Un alegórico enredo burocrático: el argumento

Antonia Miguens (Paola Barrientos) es una prestigiosa actriz. Debe desempeñarse como reemplazo de quien hace de Hedda Gabler en una puesta especial de la muestra ibseniana. Con solo un día para prepararse acude a una dependencia estatal donde los empleados se especializan en poner a punto obras teatrales. Conocen el libreto a la perfección y la ayudarán “sin poner reparos”.

Todos juntos, los empleados y la señora Miguens, interactuarán con la amable platea que acude a aquel ensayo en señal de apoyo a la artista, acompañándola durante los noventa minutos de preparación. Sorpresa tras otra, Antonia se irá inmiscuyendo en un mundo distinto que muestra algo, a la vez que oculta sensaciones y resquemores que saldrán a la luz con el correr del tiempo.

Un camarín improvisado, diálogos incomprensibles entre los trabajadores, algún resquicio de ausencia de voluntad y varias tensiones se generan entre los actores del gobierno y la actriz protagónica. Y en el escenario minuto tras minuto, en intervalos de perfecta armonía, brotan las paranoias y las pujas por el poder, envidias, celos, intolerancia e incluso gestos denigratorios.

Puesta ágil y divertida, un acierto de Ciro Zorzoli en dinamismo

Elementos móviles. La escenografía de la obra de Ibsen va construyéndose a medida que las escenas se suceden, en una muy buena alegoría a la escasez de recursos propia del ámbito estatal. Dibujos “caseros” en el suelo, mesas, puertas multifacéticas e incluso personajes que alternan sus roles entre ratos de ocio o hartazgo. Un teléfono sonante y hasta un pseudo camerino se apropian de las tablas en una brillante sincronización. Nada sobra ni se extraña.

El escenario, complejo pero sin excesos: perfectamente ajustado a la imagen desgastada de los recursos nacionales. Una utilización radiante que resalta por la indumentaria pomposa para Antonia Miguens tanto en su encarnación de la diva como de época cuando representa a Hedda Gabler. Un gran acierto de Oria Puppo.

Corridas, sonidos, cambios de escena imperceptibles, elementos que alternan su lugar, gritos y nerviosismos. Todos hallan su lugar sin dejar la interacción con la platea de lado. Uno de los detalles más radiantes es la utilización de todo el espacio teatral, tanto dentro como fuera del escenario, impeliendo atención y sorprendiendo a la audiencia. Fabulosa explotación de recursos e ironías, que destaca las resplandecientes actuaciones.

Crítica de la obra Estado de ira en el teatro Metropolitan

El ejemplar elenco compuesto por Paola Barrientos, Pablo Castronovo, Vicente Lärsen, Blanca Meinardi, Mirna Luditz, Carmen Bottari, Rosita Levinson, Amanda Burvié, Emilio Reyes, Leopoldo Núñez y Eugenio Lamar se mueve en el escenario naturalmente, sin tropezarse, en precisos movimientos que cautivan la atención del espectador durante más de noventa minutos. No se pierden ni marean, se superponen ajustadamente en los momentos apropiados, sin quitarle relevancia a la escena del momento.

Enérgica y mordaz, hasta es condimentada con instantes (apenas destellos) conmovedores. Excelentes actuaciones y dirección inmejorable. Una muy buena opción para reírse durante una hora y media que transcurre con tal fluidez que el devenir del tiempo se torna insignificante.

La compleja trama arroja mensajes sobre la diversidad, las diferencias, la burocracia y el cruel resentimiento que experimentan los funcionarios que deben ceder su tiempo personal a las exigencias laborales. También afloran las pasiones de los actores y se ve una realidad que, aunque exacerbada, humaniza a esos seres que entretienen tantas veces. Y todo enmarcado en una consumada comedia.

Estado de ira es una obra para todos los gustos. Tanto para los amantes del teatro con mensajes subliminales como para quienes prefieran reírse sin analizar demasiado los disparadores. Las tensiones se disipan. El rostro se relaja en una expresión de júbilo profundo. Y la mirada brilla. ¿Existe una forma mejor que iniciar la semana que con aquella aura de satisfacción y energía en alza?

Ariadna Crupi, RZ

Ariadna Crupi - Curiosa e inquieta desde chiquita se apasionó por la escritura en todas sus formas. Disfruta investigando acerca de ...

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