Existen muchas estadísticas sobre muchas cosas y, como alguien dijo: las estadísticas puede demostrar cualquier cosa excepto la verdad. Quizá no haya que ser tan radical, aunque sí es cierto que las estadísticas, y más en un asunto tan sensible, deben manejarse con mucha cautela. De hecho existen muy pocas estadísticas que reflejen la realidad de esta terrible lacra. Las que se presentan a continuación, y que se complementa con “Las cifras del abuso sexual infantil” tienen algunas particularidades que las hacen especialmente interesantes. El único hándicap es que no se trata de una muestra muy amplia. En contrapartida, los que han participado son exclusivamente personas que fueron víctimas de abuso sexual en su infancia, pertenecen a “Forogam”, un foro para supervivientes de ASI, y las preguntas han sido respondidas con la posibilidad de preservar el anonimato, lo que ha facilitado que los datos puedan considerarse plenamente fidedignos y representativos.

Suicidio

El suicidio es la salida cuando no hay salida. Es probable que pocas estadísticas reflejen la gravedad del problema de un modo tan crudo como real. Aquí se preguntaba si en alguna ocasión se había optado por el suicidio; es decir, si se había llevado a cabo. La participación ha sido de 230 personas con este resultado:

  • Sí: 132
  • No: 98

Edad en que empezaron los abusos

Los números, en este caso, permiten hacerse una idea de las franjas de edad más peligrosas, aunque a decir verdad el peligro siempre está latente. La participación ha sido de 231 personas.

  • Antes de 3 años: 16
  • De 3 a 5: 80
  • De 5 a 7: 49
  • De 7 a 9: 44
  • De 9 a 13: 29
  • Más de 13: 13

Edad en que finalizaron los abusos

En este caso los números dejan ver un hecho que contradice algunas opiniones erróneas, como puede ser que el número más elevado esté situado en la franja que va de los 13 a los 18 años, es decir, la adolescencia. Se argumenta que a ciertas edades una persona tiene capacidad para negarse. Esto no es así cuando los abusos son intrafamiliares y llevan años produciéndose.

La participación ha sido de 183 personas.

  • Antes de los 5: 1
  • Entre 5 y 9: 36
  • Entre 9 y 13: 61
  • Entre 13 y 18: 73
  • No lo recuerdo: 12

Identidad del agresor

Aquí se constata un hecho que siempre se ha defendido por parte de los entendidos en la materia. La gran mayoría de abusos se perpetran en el entorno familiar o más próximo del menor, alejándonos del tópico del pedófilo que acecha en los colegios.

Es interesante comprobar que de los 226 participantes sólo 10 manifiestan haber sido abusados por un extraño. Otro tabú dentro del tabú se da cuando quien comete el abuso es una mujer. En este caso fueron 12, lo que equivale a un 6% del total. Hay que señalar que esas 12 pertenecen en su totalidad al entorno familiar del menor.

  • Padre: 50
  • Hermano: 45
  • Tío: 28
  • Abuelo: 17
  • Alguien del entorno más próximo: 16
  • Conocido: 49
  • Extraño: 10
  • Agresora: 12

Número de agresores

Siempre resulta difícil imaginar que haya alguien capaz de cometer semejante atrocidad con un niño. Pensar que hayan sido más de uno, todavía resulta más difícil e incomprensible, sin embargo la realidad, se impone y muestra que de los 185 participantes, 86 tuvieron que soportar más de un abusador.

  • Sólo uno: 99
  • Dos: 42
  • Tres: 21
  • Cuatro: 8
  • Cinco: 6
  • Más de cinco: 9

Denunciar el abuso

El abuso sexual infantil es un delito contemplado por nuestro código penal, y casi con toda seguridad es uno de los delitos menos denunciados. Esta circunstancia dice mucho del silencio que lo envuelve y que, a su vez, hace pensar a la mayoría que se trata de un delito con escasa incidencia. Y no sólo es el silencio de quienes podrían y deberían hacer algo al respecto, también las víctimas, como muestran los números de los 170 participantes, contribuyen, comprensiblemente, a la ocultación.

  • No: 56
  • Sí: 15
  • Ya no puedo pero lo haría: 32
  • Ya no puedo, pero tampoco lo haría: 67