Una puesta en escena modesta, con pocos recursos, pero con espléndida factura en lo que más importa: las voces solistas, el coro y una dirección musical sobresaliente con el brío, la energía altamente emotiva de quien lleva la batuta, nada menos que Elena Herrera, una cubana universal que dirige a toda la Compañía con una emoción verdiana que hacía tiempo este cronista no sentía con semejante intensidad y belleza.

Música conmovedora para una gran injusticia social

La Orquesta Filarmónica Mediterránea de 35 músicos invita a recorrer el drama escalofriante de una historia de amor imposible que fue revolucionaria cuando se conoció en París por primera vez de la mano del más popular novelista de la época, Alejandro Dumas, quien padeció la angustia de los protagonistas en carne propia hacia 1840. En 1853 Giuseppe Verdi la adapta a la ópera y la burguesía que asistía a los grandes estrenos la rechaza, se identifica con lo peor allí retratado: una sociedad opulenta que "alquila" hermosas mujeres en noches de placer que parecen eternas, y luego las desechan al olvido, la enfermedad y la muerte.

Eran tiempos en que la mayoría de las mujeres no podían trabajar ni estudiar y estaban condenadas al convento, el matrimonio, la prostitución de los bajos fondos o la de lujo en ambientes de alta burguesía, donde se las conocía como "cortesanas" desde tiempo inmemorial, cuando estaban al servicio de los aristócratas.

Margarita Gauthier, el personaje de la novela de Dumas, que inmortalizara en el cine Greta Garbo, viene del mundo rural a la gran ciudad. La dama de las camelias ya ha muerto al empezar la novela: un retrato en el que se castigan duramente los prejuicios sociales de la familia de su enamorado, el único hombre que ve en ella lo que nadie se atrevió: la dulzura, la abnegación y todos los valores de cualquier mujer, más allá del excitante aroma de su piel y su encantador dominio del arte de la seducción.

Ese concepto de la prostituta-humana, por encima del desprecio moral y social, surgió por primera vez en Dumas, y especialmente inmortalizada en la versión de La Traviata, reconvertida en Violeta Valery, una hermosa y excitante criatura cuya posibilidad de hallar el amor que la redima del sufrimiento se verá impedido por un designio social hipócrita, implacable, ligado a enfermedades características de los seres más desprotegidos.

Johana Simón, bellísima y formidable soprano cubana

La prostituta pícara y de buen corazón, en el fondo angelical, usada y torturada por los burgueses ociosos, tiene en la música de Verdi una sucesión de conmovedoras escenas maravillosamente bien aprovechadas por el talento de una directora de orquesta como Elena Herrera, capaz de "movilizar" a su estupenda orquesta de 35 profesores en una entrega de sorprendente energía.

Muchas versiones se conocen de esta obra, y las hay en apuestas escénicas contemporáneas, en muy diversos contextos como la espectacular versión flamenca de La Cuadra de Sevilla, en diversos momentos históricos, con mayor fuerza erótica e interpretaciones de todo tipo... Por ello conmueve especialmente esta espléndida ocasión para volver a vibrar con la escalofriante historia de un ser deliciosamente sensual que deja sus madrugadas de alcohol y sexo entre ricos para entregarse a un gran amor al que entrega su cuerpo, su bondad, su delicadeza, su capacidad de ensueño... y sus ahorros.

Pronto les alcanzan las dificultades económicas, y a ella las garras del padre de su amado que le pide que le abandone, pues ese "concubinato" entre un buen burgués y una ex prostituta impedirá la boda de su hija.

Ella obedece por amor, y por amor hace creer a su Alfredo Garmont que le deja para volver a sus noches locas, donde un barón millonario la mantendrá a cuerpo de reina. Celos, oprobio, enfermedad y muerte, hasta el arrepentimiento tardío de los hombres que la abandonaron cuando más los necesitaba, y un final trágico en el que se reprocha a Dios el abandono de quienes más le necesitan.

La maestría de Elena Herrera encontró en la noche de estreno dos notables solistas masculinos y una Violeta formidable: el tenor Moisé Molin, en el papel de Alfredo; el barítono Carlos Andrade como su padre, y la joven, bellísima, soprano cubana Johana Simón en el fascinante papel protagonista, haciéndose cargo con gran talento de las arias más complejas de la obra verdiana.

La Traviatta, de Giuseppe Verdi, Nuevo Teatro Alcalá, hasta el 12 de agosto.