A pesar de que en septiembre de 1939, tras la invasión alemana de Polonia, España proclamó una posición de “estricta neutralidad” las inclinaciones del General Franco hacia una entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial eran más que evidentes como lo era su simpatía por la coalición italo-alemana que tanto le había apoyado durante la Guerra Civil Española. Esta debilidad franquista por la Alianza del Eje quedaba claramente expuesta, entre otras cosas, por el papel de espía de los Nazis jugado por las delegaciones diplomáticas españolas en el extranjero.

En realidad esa “neutralidad” de España (que a tiempos pasaba a ser “activa no beligerancia”) no fue consecuencia de un sentimiento pacifista honesto o de habilidades diplomáticas sino el resultado de una combinación de factores, tanto externos como internos, que forzaron a los dirigentes españoles a mantener a su país alejado de las hostilidades que en esos momentos sacudían el mundo.

El encuentro de Hitler y Franco en Hendaya

En octubre de 1940, el interés de Adolf Hitler por una posible invasión de Gibraltar llevada a cabo por tropas españolas con armamento alemán (Operación Félix) había aumentado. Este interés derivó en una reunión entre Hitler y Franco en la ciudad francesa de Hendaya, encuentro ampliamente difundido por la propaganda franquista de la época.

En el transcurso de la reunión de Hendaya, Franco expuso una serie de demandas las cuales incluían apoyo militar y financiero por parte de Alemania y concesiones territoriales como el Marruecos Francés, parte de Algeria (Orán) y Gibraltar. Mientras, Hitler exigía a España bases en Mogador y Agadir y el control de las Islas Canarias y el Golfo de Guinea, considerados puntos estratégicos. Los dos mandatarios consideraron las demandas del otro simplemente inaceptables y el encuentro acabó en fracaso, con Franco sorteando las presiones alemanas y con una España aún neutral.

Otros factores externos que influyeron en la “neutralidad” española

El rechazo a las exigencias españolas por parte de Hitler no fue el único hecho que jugó un papel decisivo a la hora de mantener a España fuera del conflicto. También influenciaron las continuas derrotas bélicas italianas que forzaban a Alemania a rescatar a su aliado duplicando, de esta manera, su esfuerzo militar. Las noticias de los fracasos italianos provocaban que España se volviera más cauta en cuanto a participar en la guerra y que Alemania se pensara dos veces si valía la pena tener más aliados.

Los planes alemanes de futuras alianzas fueron abandonados, al menos temporalmente, ocho meses después de la reunión de Hendaya. En junio de 1941, Alemania ponía en marcha la Operación Barbarroja, o lo que es lo mismo la invasión de la Unión Soviética. Pronto, las victorias rusas se sucedieron haciendo que los alemanes enfocaran su atención hacia el Frente Oriental y postergando la idea de una alianza con España.

Pero no fueron sólo los países del Eje los que jugaron un importante papel en mantener la neutralidad española. En el bando Aliado, la entrada de Estados Unidos en el conflicto, en diciembre de 1941, hacía que una victoria alemana no se diera por sentada. Además, el miedo británico a que la participación de España en la guerra resultara en la invasión de Gibraltar y en el control alemán de las Islas Canarias con el consecuente corte de suministros a Gran Bretaña, forzó al Reino Unido, y en menor medida a los Estados Unidos, a ofrecer ayuda financiera y apoyo mercantil a una empobrecida España contribuyendo, de esa manera, a frenar una posible entrada hispana en la guerra.

La situación interna de España

En el momento del estallido de la Segunda Guerra Mundial la situación de España era francamente precaria con una economía al borde del colapso como resultado de casi tres años de guerra civil. A esto se le sumaba la falta de un mínimo consenso político y social entre los dos grandes exponentes de la España franquista en esos años (los militares y la Falange) y el rechazo a entrar en una guerra mostrado abiertamente por muchos de los generales franquistas más influyentes que finalmente conseguirían que Franco mostrara serias dudas sobre una intervención. Esta combinación de elementos hizo que España permaneciera alejada de un nuevo enfrentamiento bélico el cual podía terminar de hundir a una maltrecha nación.

Tras la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de un acercamiento español a los Aliados durante los últimos meses de la contienda, Franco tuvo que pagar el precio de su interesada “neutralidad” y España fue excluida de las Naciones Unidas y del Plan Marshall para la Recuperación Económica de Europa. Sin embargo, el marcado carácter anti-comunista del régimen franquista hizo que, en 1951, unos Estados Unidos obsesionados con la Guerra Fría decidieran mantener a España en el “bloque occidental”, lo cual incluía considerables inyecciones económicas por parte de Washington. Por supuesto, la versión ofrecida por los dirigentes españoles de la época a su opinión pública y la cual ha sido perpetuada durante generaciones, es otra historia.