No se ha querido reconocer por parte de los miembros del Gobierno hasta hace relativamente poco, pero recientemente el Ministro de Economía, Luis de Guindos, quien parece asumir ser la avanzadilla del Ejecutivo ante las malas noticias de su campo, instaba al Banco Central Europeo a una «intervención contundente y sin límite previo» (18 de Agosto). En la jornada anterior, aunque menos cualificada, se dejaba oír la voz de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, diciendo que el rescate «parece inevitable»

La inminencia del rescate

Lo cierto es que los datos económicos del Estado parecen avocar a dicha salida. Según informaba la agencias Reuters el pasado 9 de Agosto, la liquidez del Tesoro Público se cuantificaba durante el mes de Julio en algo más de 23.000 millones de euros, habiéndose reducido esta cantidad por segundo mes consecutivo. Según otras fuentes, el Estado necesitaría otros 40.000 millones antes de final de año.

La capacidad de financiación del Estado en los mercados es, aun con el relativo relajamiento de la prima de riesgo de España, muy limitada. Tal índice, que oscila en la actualidad en torno a los 500 puntos básicos (no hace mucho se disparaba por encima de los 600), obliga al Estado español a colocar deuda a unos intereses que no podrá asumir por mucho tiempo. Se habla, en base a esta situación, que el mes de Octubre se formalizará el rescate de España.

El Gobierno del Mariano Rajoy ha sido incapaz de eludir esta situación. Los grandes recortes efectuados sobre las políticas sociales desde el mes de Marzo, fecha en la que se hacen públicos los presupuestos, no han espantado el fantasma del rescate: los mercados han seguido presionando sobre la deuda española. Una de las razones de tal desconfianza, más allá de la situación actual, es el horizonte de recesión económica al que las políticas de ajuste avocan al Estado.

Crisis política. Única salida: elecciones anticipadas

Si es cierto que el actual Ejecutivo está respaldado por una gran mayoría parlamentaria, la del Grupo Popular, también lo es que el abismo que lo separa del electorado se hace cada vez más insalvable. El Partido Popular, que se presentó a las elecciones del 20-N, digámoslo así, como la tabla de salvación para la economía española, no solo no ha conseguido remontar la situación en la que el país se encontraba, sino que, incumpliendo la totalidad de sus promesas electorales, ha sido testigo de excepción, cuando no agente activo, del deterioro de la misma.

Se da la paradoja, así pues, de que el puntual respaldo cuantitativo en las elecciones se ha tornado, no ya en un total rechazo por parte del electorado de izquierdas de la política llevada a cabo, sino que también en una profunda frustración del votante del Partido Popular, quien ha visto que la esperanza depositada en el mismo ha sido en vano. Evidentemente, un rescate provocaría que el abismo entre el discurso del Gobierno y las reivindicaciones ciudadanas deviniera en una auténtica fractura política dentro del Estado.

  • Pérdida de legitimidad
Todo esto ha producido un desgaste electoral del partido en el Gobierno sin precedentes en la política española que, si bien no está siendo aprovechado por el PSOE, el principal partido de la oposición, si está dando pie a un ascenso sensible de otras fuerzas que hasta ahora se mantenían en segundo plano (UPyD e IU).

Así pues, con el fin de reafirmar la legitimidad perdida en tan escaso tiempo trascurrido tras el 20-N, al Ejecutivo de Rajoy se le presentan ciertos instrumentos: a- La moción de confianza que, habida cuenta de la mayoría parlamentaria, quedaría reducida a un mero brindis a al sol; b- Un referéndum, como así lo han pedido las fuerzas sindicales, sería un suicidio para el Partido Popular, habida cuenta del rechazo social de su política; y c- Las elecciones anticipadas, un replanteamiento del discurso político a gran escala, no es solo se podría presentar como una salida para los populares, sino el asentamiento de una nueva conformación parlamentaria con que afrontar la situación.

  • Cálculos electorales
La situación económica, por los datos que hay sobre la mesa, podría no mejorar a medio plazo y continuar así sobrepasando los más de tres años que restan de legislatura. El desgaste para el Partido Popular podría adquirir unas dimensiones hasta hoy fuera del alcance de la imaginación. De agotar la legislatura (2015), el Partido Popular afrontaría el grave riesgo de dilapidar todo su poder en los niveles municipal y autonómico (el mes de Mayo) y a nivel estatal (Noviembre). No parece que un anticipo electoral coincidiendo con el rescate, o poco posterior al mismo, sea una apuesta de política ficción, sino una posibilidad a tener en cuenta.

Del discurso económico al ideológico

De alguna forma, el Partido Popular ya ha parecido estar sondeando tal posibilidad. Si bien es cierto que llegara al Gobierno con un discurso meramente económico, también lo es que no podría afrontar unas nuevas elecciones de la misma forma, habida cuenta del pésimo balance de resultados obtenidos hasta la fecha. Necesitaría, por tanto, ideologizar profundamente su discurso con el fin de retener a su electorado tradicional.

  • Gallardón, posible candidato
Así, si algún miembro de Ejecutivo se ha mantenido al margen del discurso económico, ese ha sido el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. De los mensajes con tinte progresista realizados en su etapa en la política madrileña ha pasado a los situados en el lado totalmente opuesto del espectro político. A la reforma de la Ley de Aborto, ya de por sí de un carácter político, subyace un frente ideológico contra el feminismo, una de las banderas ético-políticas de la izquierda española y que más repudio causa entre el electorado de derecha y extrema-derecha.