Las relaciones de poder se encuentran omnipresentes en cada momento histórico, tanto en las relaciones sociales como en el espacio a dominar, y sólo ellas pueden brindar una respuesta real a las aspiraciones proyectadas sobre un territorio determinado. El investigador español Joan-Eugeni Sánchez, especializado en Geografía Política, ha centrado sus análisis en las vinculaciones entre el espacio geográfico y las relaciones de poder, haciendo hincapié en el concepto de asimetría y en los factores que las enlazan.

El concepto de asimetría

La organización interna de los grupos humanos se configura sobre la base de relaciones asimétricas en el interior de los grupos. Las relaciones interpersonales serán asimétricas en la medida en que algún miembro de la sociedad consiga imponer su criterio a los demás. El poder social se deriva de la existencia de relaciones asimétricas y de su resolución social.

La asimetría es la característica que permite definir la índole de las relaciones sociales, como medida del grado en que un miembro se impone sobre otro u otros. Así una relación asimétrica se define por una relación de dominio-dependencia que se manifiesta a través de algún grado de obediencia.

Para la Geografía Política, la asimetría es una variable de gran importancia porque conduce a relaciones de poder, si consideramos que las relaciones sociales contienen un importante componente de poder y la existencia de algún grado de dominancia-dependencia.

Factores que vinculan al espacio geográfico y las relaciones de poder

Las relaciones de poder asumen una forma espacial-territorial, ya que el espacio es el ámbito en el cual se materializan. De este modo, el papel del espacio geográfico en las relaciones de poder se encuentra determinado por ciertos factores que los ligan mutuamente:

  • La necesaria coherencia entre relaciones de poder y articulación del espacio. Todo sistema social es coherente en sus partes, lo que le permite su reproducción. Para ello, el conjunto de sus partes debe posibilitarle la consecución de ciertos objetivos globales, siendo necesaria una coherencia entre los fines y los medios. Esta articulación global del territorio es la primera necesidad para asegurar el funcionamiento social y su mantenimiento. A cada modo de producción corresponde un modo de articulación espacial; cualquier cambio en los objetivos sociales deberá ir acompañado de un cambio en la estructura espacial que lo haga coherente con los nuevos objetivos. Por ejemplo, los cambios en la división del trabajo y de la producción se reflejan en nuevas formas de articulación del espacio.
  • El dominio del espacio por los grupos sociales. Los grupos sociales tienen la necesidad de apropiarse del espacio. Por ejemplo, para que un Estado se constituya requiere de que se apropie de una parte de superficie terrestre. Este proceso es válido a todas las escalas (espacio productivo, residencial o correspondiente a instituciones de ámbito internacional). Sin embargo, cabe destacar la diferencia entre la apropiación en sentido estricto, o dominio material, y la influencia, como ámbito de intervención desde una relación de poder, sin que sea necesaria la apropiación.
  • La localización de las fuerzas de decisión y organización del espacio. Las relaciones de poder se encuentran omnipresentes en el espacio como ámbito a apropiar, controlar o dominar para que así las relaciones sociales puedan tener lugar. Un aspecto específico en las relaciones de poder territorializadas es la localización de centros de gestión y decisión de los que derivan los procesos de organización territorial para alcanzar coherencia entre los objetivos de cada centro.
Si bien el ser humano necesita relacionarse con un espacio geográfico para garantizar su supervivencia como individuo y especie y garantizar la reproducción requiere de un conjunto de relaciones estructuradas entre los individuos, y de éstos con el medio geográfico. Éstas, en cierto período de tiempo, asumen formas estables de organización social, ya que para garantizar dicha reproducción es necesaria una cohesión social que evite la desintegración. Por lo tanto, no se trata de simples relaciones hombre-espacio, sino de relaciones de intereses, que pretenden hacer prevalecer dichos objetivos, relaciones de poder que implican el dominio de un espacio determinado con estos fines.