El esófago es un tubo muscular de unos 25 a 30 centímetros de longitud que se extiende desde la faringe hasta el estómago. Su función consiste en transportar los alimentos de la boca hacia el estómago, así como evitar que puedan viajar en sentido inverso, es decir, que sean regurgitados.

El esófago está formado por varias capas, dos de ellas de tipo muscular que, al tragar, se contraen permitiendo que los alimentos se desplacen desde el esófago hasta el estómago. Cuando el revestimiento interior del esófago se inflama aparece la esofagitis y sus síntomas característicos asociados.

Causas de la esofagitis

La esofagitis puede estar causada por distintos factores, siendo el reflujo gastroesofágico el más común con diferencia. Esta patología, conocida por sus siglas ERGE, sobreviene debido al reflujo del ácido que se forma en el estómago y que ocasiona quemaduras en el esófago.

Otra de las causas la constituyen los trastornos alimentarios, en este caso debido muchas veces al vómito inducido que termina provocando acidez y ardor en el esófago.

Los medicamentos también pueden provocar quemaduras en el esófago. Algunos de estos fármacos incluyen el ibuprofeno, las aspirinas, el alendronato, el risedronato, la quinidina, la doxiciclina o los suplementos con hierro.

Algunos tratamientos de quimioterapia o radioterapia para el cáncer también pueden acabar produciendo lesiones en el recubrimiento del esófago y, en consecuencia, esofagitis.

La esofagitis puede aparecer a causa de infecciones en el esófago, circunstancia más frecuente cuando el sistema inmunitario se halla debilitado. Las infecciones pueden deberse a la candida, el citomegalovirus o el herpes.

Alcohol y tabaco, junto a la ingestión de líquidos muy calientes, también son dos claros factores de riesgo para que aparezcan episodios de esofagitis. Tanto el té como el café tampoco están recomendados.

Síntomas de la esofagitis

Uno de los principales síntomas de la esofagitis es la pirosis, que viene condicionado por el reflujo gastroesofágico y que se describe como una sensación de calor o quemazón que empieza en la boca del estómago y se propaga de forma ascendente por detrás del esternón.

Otro síntoma relativamente frecuente es la regurgitación hacia la garganta, por lo general de escasa cantidad y que suele ocurrir habitualmente por la noche. El dolor en la garganta y las dificultades para la deglución son otros de los síntomas característicos de esta enfermedad, lo que en ocasiones también va acompañado de ronquera.

Tratamiento de la esofagitis

El tratamiento de la esofagitis tiene una relación directa con la causa que lo origina. Así pues, cuando se trata del reflujo gastroesofágico se podrán administrar medicamentos con capacidad para bloquear el ácido, como pueden ser los bloqueadores H2 o los inhibidores de la bomba de protones. En casos complicados se puede optar por la cirugía.

Cuando la esofagitis se deba a los medicamentos es recomendable, en primer lugar, dejar la medicación hasta haber superado el episodio de esofagitis. Otra recomendación, de carácter preventivo, es acompañar siempre la ingestión del medicamento con un buen vaso de agua. También en este caso se puede acelerar el proceso de recuperación tomando fármacos que bloqueen el ácido.

En el caso de las esofagitis por infección, estas deberán tratarse con antibióticos específicos, dependiendo de cuál sea el microorganismo implicado. Algunas de estas infecciones no responden bien a la administración oral, por lo que es probable que se receten medicamentos para ser administrados por vía intravenosa.

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