Ya sea una contusión por traumatismo directo sobre la rodilla, o por un inadecuado juego articular, las lesiones producen dolor y derrame articular. Y, si bien son más comunes los esguinces de tobillo, la rodilla al ser una articulación de carga también suele lesionarse.

Hidrartrosis y Hemartrosis

Cuando, luego de la contusión, se ve afectada la integridad de la membrana sinovial se da origen a los derrames articulares. La membrana sinovial es un manguito de células que rodea a la articulación y se encarga de la producción del líquido sinovial, clave para la nutrición y la correcta hidráulica de la articulación. Si el traumatismo fue leve, esta membrana aumenta su irrigación y la producción del líquido, “hinchando” la articulación. Es lo que se conoce como hidrartrosis. Cuando el traumatismo es más grave y esta membrana se rompe, parte de la sangre que la irriga pasa al espacio articular, produciendo una hemartrosis.

Tipos de entorsis de rodilla

Todo esguince, entorsis o torcedura puede definirse como la pérdida momentánea de la relación entre los huesos que forman una articulación. Es decir que ésta se sale del sitio, pero automáticamente retoma su posición normal, no sin antes haber lesionado las estructuras circundantes.

Según su gravedad, se clasifican en:

  • Leve o de primer grado: los ligamentos se estiran, pero no se rompen.
  • Moderado o de segundo grado: se rompen algunas fibras del ligamento comprometido.
  • Grave o de tercer grado: existe rotura total del o de los ligamentos involucrados.
Los esguinces de rodilla suelen ocurrir en la parte interna o externa de la misma, siendo más comunes en la interna, por mecanismo indirecto, y durante una práctica deportiva. En casos más graves, se lesionan además de los ligamentos laterales, los ligamentos cruzados.

Síntomas del esguince de rodilla

El paciente suele reconocer en qué momento se lesionó, ya sea por haberse golpeado o por haber realizado un mal movimiento. Dependiendo de la gravedad, los síntomas que aparecen son en menor o mayor medida:

  • Gonalgia o dolor
  • Inflamación
  • Inestabilidad articular
  • Imposibilidad de estirar del todo la rodilla
  • Equimosis
  • En casos graves, imposibilidad de marchar

Tratamiento médico y kinésico precoz

Como primera medida, debe inmovilizarse la zona y aplicarse crioterapia para disminuir el dolor y la inflamación. Es útil también un vendaje que comprima levemente la zona. Si hay derrame, el médico puede aspirarlo con una jeringa.

Dependiendo del tipo y gravedad de la lesión, se podrá empezar la rehabilitación kinésica de inmediato, con ejercicios isométricos de cuádriceps y la aplicación de fisioterapia.

Ante la sospecha de una lesión en la rodilla, lo mejor es frenar la actividad y la práctica deportiva para evitar empeorar el cuadro. Y comenzar la kinesiología lo antes posible.