Escribir un artículo requiere, en primer lugar, un exhaustivo conocimiento y un dominio de las palabras y del lenguaje que permita una comunicación clara y eficaz, pero el vasto universo de la literatura contempla otros múltiples aspectos que conviene atender.

El valor que se concede, en general, a los actos, creaciones o ideas que pueda tener un individuo, y por supuesto, el valor que se le concede a un artículo o a cualquier otro escrito, parte de la base subjetiva que pueda tener el propio individuo, lo que no significa que sea real. Alguien puede estar convencido de haber escrito un artículo estupendo y los demás no compartir esa opinión. También puede ocurrir lo contrario; haber escrito un artículo con el que no se termina de estar satisfecho y a los demás parecerles genial. ¿Sería la opinión de los demás, entonces, el parámetro de lo que podría considerarse objetivo? Probablemente no. Simplemente sería la opinión mayoritaria.

Ser escritor y la opinión de los lectores

En mayor o menor medida, todo el mundo espera que sus actos tengan su correspondiente reflejo en los demás. Escribir un artículo no escapa a esta realidad; si a la mayoría de los lectores les parece que se trata de un artículo excelente, su autor, probablemente, termine dándole un valor superior al que le daba en un primer momento, a no ser que posea un ego superlativo y nada le parezca suficiente a la hora de ser ensalzado.

En cualquier caso, uno siempre debe ser consciente de los límites de la opinión externa, pues nada es de por sí objetivamente bueno o malo, a pesar de que el criterio, el sentido común y la inteligencia puedan aproximarse a una realidad más o menos objetiva. El escritor debe escuchar, valorar las críticas de lectores y expertos y aprender, pero no permanecer eternamente en la duda ni a merced de las opiniones externas.

Escribir un buen artículo

Existen muchos elementos a la hora de valorar qué es un buen artículo. Por supuesto están los más básicos, como la ortografía. Los errores ortográficos, además de predisponer negativamente a cualquier lector, rompen fácilmente el ritmo de cualquier escrito, uno de los valores esenciales de lo que debe ser un buen artículo. Paréntesis y exclamaciones las justas, y siempre valorando si realmente está justificada su inclusión. El peligro evidente, sobre todo en el primer caso, está una vez más en romper el ritmo. Y es que el ritmo es fundamental; el lector debe leer el artículo completo sin pararse a pensar qué quería expresar exactamente el escritor.

La clave descansa en un amplio conocimiento del lenguaje que permita algo tan difícil como hacerlo fácil. También conviene evitar frases hechas, vocablos de moda y otros recursos que, en el fondo, empobrecen el artículo. Buscar sinónimos adecuados para no repetir continuamente una misma palabra. Encontrar el estilo más adecuado. No hay que usar más palabras de lo necesario ni menos de lo indispensable. Otra clave para distinguir lo bueno de lo excelente consiste en escoger –¿o elegir?– la palabra idónea para expresar con exactitud qué queremos dar a entender.

Escribir en internet

No es lo mismo escribir para un medio convencional que hacerlo en internet. Si bien en ambos casos debe primar la calidad, a la hora de publicar artículos en internet se requieren unas características específicas.

Fuera de internet la creatividad puede tener los límites que se imponga el autor, sin embargo en internet el autor debe ceñirse a ciertos parámetros que le permitan ser encontrado en la red. Un título genial enriquecerá la obra, pero en internet puede ser un hándicap de nefastas consecuencias. Por poner un ejemplo: “Cuando estuvimos muertos” es un título metafórico y brillante para reflejar una realidad: el abuso sexual infantil. Sin embargo, en internet nadie va a encontrarlo, a no ser que lo busque expresamente. Por lo tanto, cualquier referencia a este ejemplo se ha de hacer pensando en lo que va a buscar la persona interesada en esta temática y que, por supuesto, no serán las palabras que componen el título original de la obra.