La Edad Media fue una época de contrastes. A pesar del rígido sistema de castas o estamentos, de una economía feudal y de la fuerte ideologización religiosa de todos los espacios y actividades, no faltan momentos de evasión, ceremonias para el deshago y el asueto. Todas ellas pueden recopilarse bajo el marbete de escenas carnavalescas, a pesar de que las fechas no coincidan exclusivamente con el período de astruejo o carnestolendas, como así se denominaron en la época a los ritos de diversión y esparcimiento característicos de los días previos a la imposición de la Cuaresma y de sus restricciones y trabas morales, alimenticias o sexuales. Junto a otras escenas propias del espíritu carnavalesco como la fiesta del obispillo, la fiesta de los locos o la fiesta del asno, es necesario señalar una práctica muy popular en la época conocida como el coronamiento del bufón.

De bufón a rey

Por el espacio de un día, la ceremonia del coronamiento del bufón llevaba a cabo una inversión de los valores establecidos y de las jerarquías sociales, inversión simbólica cuyo beneficio permitía asegurar el poder y potenciar su alcance, tal y como ocurre en las modernas sociedades de ocio y en las numerosas actividades de distracción con las que el Estado se encarga de sofocar cualquier tipo de rebelión o movimiento subversivo.

En el caso medieval, las fiestas de coronamiento de bufones pasaban por asignar a la figura de un desarrapado de cualquier índole (bufones oficiales, pero también sujetos con enfermedades mentales, taras genéticas, asociales, enfermos, marginados, etc.) y otorgarles el privilegio de reinar, siempre simbólicamente, sobre la corte o localidad en donde se celebrase el festejo.

En otros casos, el bufón coronado no sustituía al rey, sino a los alguaciles, señores y nobles de la zona que oprimían con su poder a la masa de villanos que conformaban el más pobre y castigado de los tres estamentos. A lo largo de la jornada, el nuevo líder asumía su papel, las vestimentas irrisorias o los atributos propios de su cargo, y era al mismo tiempo vitoreado como rey y repudiado por la masa, que podía llegar a mostrar su descontento en la piel del bufón con agresiones, insultos y demás.

Significado del rito

Con lo dicho, el significado del coronamiento del bufón es bastante evidente en una primera lectura: permite que el pueblo refleje simbólicamente su agrado o animadversión para con el poder, que descargue y sofoque su rabia, para asegurase así la continuidad y firmeza de las estructuras jerárquicas estatales. Sin embargo, si se profundiza aún más en sus connotaciones, es posible interpretar en éste y en otros ritos similares un esfuerzo por incorporar lo diferente a la rutina, por hacer de ese otro que es el loco, el bufón o el contrahecho una parte activa de una sociedad que al mismo tiempo le rechaza, como si se pudiera ver en esta fórmula de apropiación de lo diferente una forma de modificar la ley, sus discursos de poder, sus encasillamientos y mecanismos de exclusión, perfectamente estudiados por Michel Foucault en su Historia de la locura en la época clásica.

El otro, el escarnecido y repudiado, no es más que el efecto de un discurso, de un juego de poder, de unas instituciones que regulan y examinan qué puede ser dicho, incorporado a la ley, al trabajo y al funcionamiento de sus resortes y mecanismos, si bien un día, sólo uno, todo puede alterarse y cuestionarse. Foucault aseguraba en su libro que la locura sólo era un nombre para lo diferente, y que quizá llegue el día en que esa palabra no nos sirva, no podamos asegurar qué márgenes separaban a los bufones o a los locos de los que no lo eran.