La escarlatina está causada por la bacteria Streptococcus que produce una toxina que genera la típica erupción de esta enfermedad. La bacteria penetra al organismo a través de las vías respiratorias y se instala en la faringe, lugar desde el que invade los tejidos y ganglios linfáticos adyacentes. Sin embargo, no todos los estreptococos generan esta toxina, ni tampoco todos los niños son sensibles a ella. Puede que en una misma familia, dos niños estén expuestos a la bacteria y uno termine padeciendo la escarlatina y el otro no.

En ocasiones la escarlatina puede aparecer tras una faringitis estreptocócica y otras enfermedades de origen estreptocócico. La escarlatina puede presentarse hasta tres veces, puesto que son tres las toxinas del estreptococo que pueden causarla.

El periodo de incubación de la escarlatina oscila entre los 2 y los 5 días y suele presentarse de forma brusca y con fiebre que puede superar los 38 grados. La escarlatina afecta sobre todo a niños entre los 2 y los 10 años. Hay que decir que la escarlatina raramente se presenta en adultos. Tiempo atrás, la escarlatina fue una enfermedad infantil muy grave. Sin embargo, en la actualidad la escarlatina puede curarse sin demasiadas complicaciones.

Escarlatina y embarazo

A día de hoy, contraer la escarlatina durante el embarazo no es tan grave como pudiera serlo años atrás. No se ha demostrado que pueda ocasionar problemas al feto y, por otra parte, puede tratarse con penicilinas permitidas durante el embarazo.

Escarlatina: síntomas

Los primeros síntomas de la escarlatina aparecen con relativa rapidez, por lo general al cabo de uno o dos días. La manifestación más habitual de la escarlatina es la fiebre y el dolor de garganta. El síntoma más conocido y evidente de la escarlatina, sin embargo, es la erupción cutánea que, en sus primeros estadios, aparece como una especie de quemadura solar con pequeños puntos que sobresalen y que acostumbran a producir picazón.

Esta erupción aparece en primer lugar en el cuello y la cara, extendiéndose posteriormente en el pecho y la espalda para abarcar, finalmente, el resto del cuerpo. Los niños afectados con este cuadro suelen mostrar un rostro de aspecto rosado con un tinte más pálido alrededor de la boca. A los seis días de la infección la erupción inicia su retroceso y la piel afectada empieza a descamarse.

Existen otros síntomas que pueden presentarse debido a la escarlatina. Entre los más comunes están los que siguen:

  • Dolor abdominal.
  • Escalofríos.
  • Color rojo intenso en los pliegues de la axila y en la ingle.
  • Malestar general.
  • Dolor de cabeza.
  • Dolores musculares.
  • Enrojecimiento e hinchazón en la lengua.
  • Vómitos.

Escarlatina: contagio

El contagio de la escarlatina casi siempre se produce durante los primeros días de la infección, no obstante, una vez transcurridos tres días, y con la oportuna administración de antibióticos, el riesgo prácticamente es nulo. La forma más habitual de contagio de la escarlatina es la que se produce de persona a persona a través de las secreciones respiratorias.

Escarlatina: diagnóstico y tratamiento

Más que por la apariencia, la escarlatina se aprecia claramente por la textura de la erupción. Paralelamente deberá atenderse el resto de la sintomatología y realizarse diversas pruebas, como pueden ser un examen físico, un cultivo de garganta y una detección rápida del estreptococo en dicha zona.

Por lo que se refiere al apartado farmacológico se utilizarán antibióticos para combatir las bacterias que han causado la escarlatina. Por lo general, se prefiere la penicilina, con la excepción de los casos en que esté presente una alergia. En ese caso se opta por la eritromicina. El tratamiento antibiótico de la escarlatina adquiere una especial relevancia en cuanto a la prevención de una posible fiebre reumática, ya que esta es una de las complicaciones más preocupantes de la escarlatina.

Pueden presentarse otras complicaciones asociadas a la escarlatina de mayor o menor entidad, aunque cabe señalar que con el tratamiento adecuado es raro que se presenten. En todo caso, entre ellas están: la osteomielitis, la artritis, la infección del oído, el daño renal o hepático, la meningitis, la neumonía o la sinusitis.

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