Ernesto Sabato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, un día de San Juan de 1911. Publicó numerosos ensayos sobre la literatura y su sentido y la crisis del hombre de nuestro tiempo, y las tres novelas inmortales que se enuncian a continuación.

El túnel (1948)

Es la única ficción que Sabato quiso en puridad publicar. Breve e intensa, cuenta en primera persona la historia de amor de un hombre angustiado por su soledad y su anhelo de comunicación, con la mujer turbia y oscura a la que termina asesinando. Despojado de todo lo accesorio, es un relato impresionante sobre el amor, la soledad, la comunicación y el sentido de la existencia.

El protagonista, Juan Pablo Castel, es un individuo doblemente trágico, puesto que su mente analítica y su espíritu lo empujan a tratar de imponer una lógica comprensible al comportamiento humano y lo imposibilitan para el autoengaño, pero, al mismo tiempo, y como todo ser humano, no es capaz de soportar esa verdad última que busca o, quizá, la imposibilidad de comprenderla a cabalidad. La mujer, María Iribarne Hunter, se mueve en el turbio terreno de las sombras, una mezcla indescifrable de ambigüedad e incoherencia, ese enigma al que Castel se enfrenta, en un angustioso y desesperado esfuerzo por iluminarlo, a él y a la naturaleza de su relación con ella.

Sobre héroes y tumbas (1961)

Es, probablemente, la gran obra de Sabato, y una creación sumamente ambiciosa. Ambientada en Buenos Aires (lo mismo que las otras dos, pues Sabato decía que el escritor con pretensión de profundidad ha de ahondar en lo que ha vivido y mamado), el amplio periodo de tiempo abarcado (varias generaciones) y los numerosos y variados personajes y situaciones abordadas aspiran, en realidad, a recrear el mundo. Recoge las cuestiones planteadas en El túnel para desarrollarlas en el máximo grado posible y surgen otras nuevas hasta el punto de que hay muy poco que escape al afán totalizador de esta novela. La prosa, envolvente y abundante, está salpicada de imágenes y metáforas que contribuyen a llenar de matices y reforzar las sensaciones de lo que se está contando; y las diferentes voces y técnicas narrativas contribuyen a enriquecer el relato. Sabato logra hablar de temas muy profundos de una manera clara y sencilla.

Sobre héroes y tumbas incluye el Informe sobre ciegos, famosa parte que también se ha editado por separado, surrealista y paranoica, y de la que el propio autor ha dicho en alguna ocasión que lo escribió en un mes e ignora lo que significa.

Pero quizá la creación más poderosa de esta novela sea Alejandra Vidal Olmos, la joven de alma atormentada cuya relación con un muchacho, Martín, se desarrolla a lo largo de las dos primeras partes. Surge una especie de reverencia sagrada y fascinación demoníaca hacia el misterio encarnado por Alejandra, y, cada vez que desaparece del relato, uno pasa las páginas deseando que retorne, como le sucede a Martín, y sentirse nuevamente inundado por su furia pavorosa.

Abaddón el exterminador (1974)

Esta novela es de más difícil lectura, debido a su estructura fragmentada y a que carece del vigor de un hilo argumental como el de las dos anteriores. Tampoco los personajes tienen el desarrollo ni la fuerza de las otras novelas. El propio Sabato dijo albergar muchas dudas sobre ella. Es una novela de ideas, de carácter ensayístico, más que de personajes y vivencias.

Quizá Sabato, para cuando la escribió, tenía ya la cabeza demasiado llena de ideas, teorías, cultura y libros como para poder hacer una novela como las dos anteriores (o quizá tras la monumental Sobre héroes y tumbas se sintió obligado a intentar otro tipo de búsqueda), pero, en cualquier caso, Abaddón... está llena de reflexiones brillantes, valiosas, estimulantes y cada vez más vigentes y urgentes en este mundo que avanza vertiginosamente hacia su colapso.