En el año 960 de nuestra era el noruego Thorwald Asvaldson eludiendo la ley de su tierra emigró a Islandia porque había asesinado a un vecino. En la isla le concedieron una finca donde asentarse con su familia en el norte, en Drangaland. Las tierras cultivables y los pastos para el ganado eran de mala calidad, lo que provocó que Thorwald y su familia pasaran apuros y hambre. A la muerte del cabeza de familia, su hijo Erik, llamado el Rojo, se puso al frente de la familia y de la finca.

Con el tiempo se casó con una muchacha de una familia islandesa de mayor categoría que la suya e intentó continuar con su vida luchando cada día contra la tierra y los elementos. Al igual que su padre, Erik tuvo un enfrentamiento y mató a dos hijos de su vecino, por lo que fue condenado a considerarse durante tres años fuera de la ley. Al no existir una administración de justicia fuerte como tal, la opción para eludir el castigo era abandonar el país.

El viaje de Erik el Rojo

Erik Thorwaldsson valiéndose de esta circunstancia y contando ya con más de treinta años se marchó de Islandia rumbo al oeste. El motivo de seguir esa dirección fue buscar el país que Gumbjörn, hijo de Ulf Krake, había visto cuando hacia el año 900 el mar lo lanzó a la deriva hacia lo desconocido. Gumbjörn durante su viaje solo pudo ver a través de la niebla témpanos a la deriva y altas cumbres cubiertas de nieve, un paisaje nada halagueño, lo que motivó que aunque estas historias eran conocidas al seguir vivos descendientes de Gumbjörn nadie se hubiera sentido atraído por comprobarlo o explorar más.

Erik en un primer momento en su viaje hacia el oeste solo consiguió ver una costa muy abrupta, inaccesible y que imposibilitaba cualquier intento de desembarco. Se dejó arrastrar hacia el sur siguiendo el camino que llevaban los témpanos bordeando el cabo Farvel y de nuevo dirigió su camino hacia el norte. LLegó al sudoeste de Groenlandia descubriendo un paisaje costero más acogedor.

Durante los tres años de destierro Erik aprovechó para recorrer el sudoeste de la nueva isla y sus fiordos. Sobrevivió gracias a la pesca y la caza. Descubrió en el interior valles con altas montañas, rios llenos de peces, ... que complementaban las aguas de la costa pobladas de ballenas y focas. Se hacía posible que un asentamiento costero tuviera opciones de sobrevivir y desarrollarse.

Asentamiento en Groenlandia

Después de tres inviernos lejos de casa al regresar a Islandia Erik presentó de tal forma lo que había descubierto que se organizó una emigración en masa. Groenlandia fue llamada Tierra Verde ya que Erik pensó que si daba al nuevo país un nombre atractivo mucha gente le seguiría. Ese verano partieron del fiordo de Breide veinticinco barcos con hombres, mujeres, niños, ancianos, caballos, vacas, útiles, ... Solo llegaron a su destino catorce barcos (drakkar), del resto unos regresaron a Islandia y otros desaparecieron en las profundidades del mar.

Erik el Rojo llegó finalmente a uno de los fiordos que conocía con setecientas personas y las distribuyó en dos asentamientos, uno al este y otro al oeste. Erik se estableció en una finca que llamó Brattahlid y gozó de gran prestigio entre el resto de la comunidad, se convirtió en el referente de un pequeño estado vikingo de campesinos sin nobles. Al cabo de pocos decenios la isla contaba con tres mil individuos, dos mil de ellos en el asentamiento del este.

La difícil subsistencia

En las descripciones que se dan en esta época de Groenlandia se aprecian condiciones climatológicas mejores que las de hoy en día. En años buenos las manzanas llegaban a madurar y se conseguía cultivar alguna verdura. Pero la realidad era más dura que el sueño y la llamada "Tierra Verde" no era un paraíso; los campesinos no consiguieron aclimatar los cereales, base de su alimentación. Durante ocho meses al año los vikingos se encontraban recluidos en sus cabañas alimentándose de sus cada vez más pequeños rebaños y de la caza y pesca que conseguían, bajo la continua amenaza de aludes. La vida era incierta sin pan, verduras, frutas, leña, hierro, ...

Esto cambió cuando tras un año de ausencia, Leif Eriksson, hijo de Erik el Rojo, regresó hablando de una nueva tierra: verde, con grandes pastos, bosques y viñedos a la que llamó Vindland.