Las ideas son poderosas. Por ideas se sueña, se vive, se mata, se construye, se destruye, se violenta, se vive en paz. Las ideas son las que mueven el mundo. Como dijera Victor Hugo (1802–1885): "Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas".

Equidad e inequidad en la relación varón y mujer

A lo largo de la historia ha primado el considerar a la mujer como "segundo sexo", utilizando la frase de Simone de Beauvoir (1908-1986). Se ha supuesto por definición la supremacía del sexo masculino.

Cuando la falta de equidad gobierna, no se puede pretender que la pareja sea "pareja". Una pareja supone igualdad y trato equitativo. Si uno de los dos actúa como superior al otro esperando dependencia o sumisión, entonces, se rompe la paridad.

Como señala la psicóloga Isabel Vega-Robles de la Universidad de Costa Rica, aunque se ha avanzado mucho en el campo político y social en relación a la equidad de género, sin embargo, "el entorno familiar parece una trinchera que se resiste, de manera persistente, a dejarse penetrar por las ideas y aspiraciones de equidad entre hombres y mujeres".

La religión como sustento de falta de equidad

La religión, es uno de los factores más importantes para validar ideas de discriminación de género. Lamentablemente los religiosos, tanto de Occidente como de Oriente, han tendido a perpetuar una cosmovisión donde existen géneros superiores e inferiores.

El informe de la Euro-Mediterranean Human Rights Network publicado el año 2009, señala que el poder religioso es uno de los mayores obstáculos para la búsqueda de equidad de género.

El cristianismo es una de las religiones de más trascendencia en Occidente, por lo tanto, corresponde hacer un breve análisis de algunas de esas ideas que han traído disparidad en la relación varón-mujer.

El argumento de la sumisión

En el cristianismo se ha sustentando por tradición que la mujer debe ser "sumisa" a su esposo y que él marido es "cabeza de la mujer" (Efesios 5:23).

No obstante, dichos conceptos, entendidos fuera de contexto se contraponen con otras ideas de los mismos escritos cristianos, por ejemplo:

  • Dios no hace acepción de personas (Efesios 6:9). En otras palabras no hay hijos predilectos para la divinidad.
  • La divinidad aspira a que se actúe con justicia (1 Juan 3:10). ¿Dónde está la justicia de ser considerado una persona de segunda categoría? ¿Es justo ser discriminado por algo que no se eligió, por ejemplo, el ser mujer?
  • En Cristo, se han eliminado todas las diferencias de raza, clase social y sexo (Gálatas 3:28). Es decir, no es posible sostener la falta de equidad si se es cristiano.
Es interesante que el texto tan citado de Efesios 5:22 no habla de "sumisión" sino de "sujeción". Expresión que denota unidad, cercanía, permanencia, pero no disminución ni sometimiento. La palabra griega que se usa en el original no da pie para el mal uso que se hace de la palabra en español.

El sentido de la expresión "cabeza"

El que escribe estas palabras es el apóstol Pablo. El contexto es el mundo griego, por lo tanto, corresponde preguntarse, ¿qué entendieron los griegos por la expresión kephale (cabeza en griego), cuando Pablo la utilizó?

Para empezar, había otras palabras que en el mundo griego eran sinónimo de autoridad o dominio. Sin embargo, no hay antecedentes en la literatura griega que "cabeza" tuviera el sentido de autoridad o dominio (sí lo tenía en el mundo romano, pero no es a ellos a quienes escribe Pablo).

Al contrario, el sentido más claro de cabeza tiene que ver con sacrificio. De allí que el contexto la invitación es ser cabeza "como" Cristo. En otras palabras, les está diciendo a griegos que consideran a sus esposas como personas de segunda categoría que deben asumir con ellas la misma actitud de Cristo, es decir: Estar dispuestos a morir por ellas, si es necesario.

Por otro lado, la expresión señala el concepto de interdependencia, eso implica que una cabeza no puede vivir sin un cuerpo y viceversa. Ambos, cuerpo y cabeza se necesitan mutuamente. En realidad, lo que está haciendo Pablo es poner a la mujer en un sitial distinto al que la cultura de su tiempo le asignaba. Pretende tratarla con equidad, de manera revolucionaria al pensamiento de sus lectores.

La lectura patriarcal de los textos bíblicos

Cuando se realiza una lectura patriarcal de los textos bíblicos, entonces, se está ante la presencia de un hecho nefasto. Se le da validez a la violencia de género, a la discriminación por sexo, a la disminución por ser mujer, todos aspectos reprobables y que no tienen nada que ver con el buen propósito que tiene la Escritura que es otorgarle dignidad al ser humano: varón y mujer.

Lamentablemente, a través de los siglos la única lectura que ha primado ha sido patriarcal, como si fuera la única forma de mirar el texto.

De hecho, hay ideas que deben ser analizadas con cuidado en la Escritura, de otra forma se da una imagen equívoca de un Dios que, supuestamente, ama a todos sin acepción de personas.

Crítica de las ideas

No habrá un cambio real en la conducta de las personas a menos que se de una crítica de ideas suficientemente sustentable y honesta. En el análisis crítico, todo es factible de análisis, incluso las ideas religiosas, que algunos resisten que sean escrutadas.

No se puede aspirar a la equidad de varones y mujeres a menos que las ideas que sustentan la falta de equidad, sean analizadas críticamente.

Conclusión

La relación de pareja, para ser tal, necesita de equidad. Es decir, que uno y otro, varón y mujer se traten con dignidad y entendiendo que en una relación sana, no hay lugar para mandatos, órdenes ni dependencias.

Sólo en un ambiente de aceptación plena de la dignidad de cada uno y del derecho a ser tratado como individuo con igualdad, es posible construir parejas que realmente sean "parejas", es decir, que funcionen como pares.