La epistaxis es un trastorno hemorrágico nasal bastante común, afectando a más del 10% de la población. Si nos basamos en parámetros como la edad se observan dos picos destacables; entre los 10 y los 25 años y entre los 45 y los 64 años. Otro parámetro a considerar es el de tipo estacional; la prevalencia de la epistaxis es superior durante la primavera y el invierno.

Casi siempre se trata de una molestia de carácter benigno y de fácil curación, aunque en algunos casos la epistaxis puede revestir una mayor gravedad debido a la severidad del sangrado o bien a la recurrencia del mismo.

Clasificación de la epistaxis

La epistaxis se clasifica a partir de la zona donde se ha originado el sangrado. Se dividen en anteriores cuando el origen está en el área denominada plexo de Kiesselbach. Es donde se localizan el 90% de las epistaxis y no revisten mayor gravedad. Cuando el sangrado procede del tronco de la arteria esfenopalatina o de alguna de sus ramas, entonces hablamos de epistaxis posteriores. Y por último las epistaxis superiores, que se deben al sangrado de las arterias etmoidales o de sus ramas.

Causas de la epistaxis

La epistaxis puede ser idiopática, es decir, sin una causa claramente identificada. También se la conoce como epistaxis esencial benigna y es la más frecuente. Otra de las causas obedece a traumatismos diversos, pudiendo aparecer la hemorragia simultáneamente con el trauma o hacerlo de modo diferido. Resfriados, sinusitis o rinitis alérgicas son otras causas frecuentes. El consumo de cocaína también es un factor a tener en cuenta. Más raramente puede estar asociada a alguna patología tumoral tanto benigna como maligna o a las sobreinfecciones asociadas al tumor. Incluso ser consecuencia del tumor ya tratado o del propio tratamiento. Los factores medioambientales así como las causas infecciosas e inflamatorias también pueden provocar la aparición de la epistaxis.

Tratamiento de la epistaxis

Aún cuando el tratamiento deberá orientarse a las causas subyacentes de la epistaxis, podemos tomar una serie de medidas que contribuirán a minimizar el sangrado. En primer lugar se debe tranquilizar al afectado, colocarlo en una posición sedente o semisentado y con el cuerpo algo inclinado hacia adelante para evitar tragarse la sangre. Debe permanecer en reposo absoluto y es recomendable ponerle compresas de hielo en el cuello, nuca y dorso nasal. Paralelamente se presionará la región anterior de la nariz (las alas nasales) durante cinco minutos. Con estas medidas se podrá solucionar el problema en la mayoría de los casos.

En los casos que así lo aconsejen se deberá valorar la cuantía del sangrado, el pulso y la tensión arterial. Por otra parte, un examen ORL mediante rinoscopia anterior, nos permitirá localizar el origen del sangrado que, con la ayuda de un depresor lingual, también podremos comprobar si se ha producido o no sangrado posterior.

Otros procedimientos pueden incluir un control hemodinámico con un control de la presión arterial. Se vigilará el volumen circulatorio que, en caso de disminución significativa, se procederá a la rehidratación del paciente con suero salino o expansores del plasma a flujo alto. En algunos casos también se pueden requerir transfusiones de sangre total o de concentrados de hematíes, así como otros factores de coagulación. Si se observa algún déficit vitamínico se subsanará con la administración de vitaminas o suplementos.

El tratamiento, cuando la epistaxis es recurrente, también puede contemplar otros procedimientos como la cauterización nasal por medios químicos o eléctricos.

Una vez llevado a cabo el tratamiento adecuado se deberán tomar otras medidas como la posición del afectado, que deberá ser semisentada. La dieta es aconsejable que sea fría y blanda y, por supuesto, evitar el tabaco y el alcohol.

El tratamiento de tipo farmacológico no se aconseja, exceptuando el uso de un vasoconstrictor local en pacientes que no presenten hipertensión.

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