La epicondilitis aparece debido a un sobreesfuerzo reiterado de los músculos y tendones en la cara lateral del codo. La continuada contracción de las fibras musculares del antebrazo provoca una tensión localizada en la zona de inserción de los tendones en el hueso del codo, hasta llegar a producir la lesión.

Epicondilitis lateral: codo de tenista

La epicondilitis lateral se traduce en un dolor en el hueso, más o menos severo, de la parte externa del codo. El punto de dolor, fácilmente localizable al palparlo, se denomina epicóndilo. El uso repetitivo de los tendones ligados a ese hueso se termina lesionando, dando lugar a una epicondilitis lateral o codo de tenista. No se trata de una lesión que afecte exclusivamente a los tenistas; otro tipo de actividades laborales donde se pongan a prueba repetidamente los músculos y tendones de la zona, también pueden acabar produciendo una epicondilitis.

Epicondilitis medial: codo de golfista

La epicondilitis medial es la lesión provocada por la acción reiterada de músculos y tendones de los epicóndilos situados en la parte del codo más interna, es decir, la más cercana al cuerpo. Los tendones de los músculos, cuya función es doblar la muñeca, están conectados al epicóndilo medial. Esta lesión también se conoce como tendinitis del flexor de la muñeca o, más familiarmente, codo de golfista. Es un tipo de lesión menos frecuente que la epicondilitis lateral y, como esta, puede producirse por diversas actividades, incluso por el manejo prolongado del ordenador.

Sintomas de la epicondilitis

En general la sintomatología aparece en forma de dolor, tolerable o apenas perceptible en fase de reposo, pero notable o incluso muy doloroso al sujetar objetos o al realizar ciertos movimientos que comprometen la zona afectada. El dolor se percibe vivamente presionando el punto de inserción de los tendones en la zona afectada.

De forma general, en toda epicondilitis puede notarse dolor al sujetar o agarrar objetos, falta de fuerza en el antebrazo, y dolor a la presión en el codo, en los puntos de inserción de los tendones. Además, existen una serie de signos específicos que dependerán del tipo concreto de epicondilitis. El dolor suele remitir durante la noche, aunque según sea la postura al dormir, el dolor puede llegar a interrumpir el sueño con relativa facilidad. La irradiación del dolor hacia el brazo es bastante frecuente. Si no se lleva a cabo tratamiento alguno, la lesión puede cronificarse.

Tratamiento de la epicondilitis

El tratamiento puede ser quirúrgico o no. Siempre se tiende a un tratamiento conservador, por lo que antes de pasar por el quirófano, lo que sucede en pocas ocasiones, se lleva a cabo un tratamiento de rehabilitación. El primer paso consiste en la protección de la lesión, tratando de limitar al máximo cualquier actividad que produzca dolor. Como esta circunstancia no siempre es posible hay que intentar disminuir el tiempo y la intensidad de los movimientos y realizar descansos y estiramientos. Hay métodos de protección, como una codera elástica o, en los casos más graves, se puede optar a la inmovilización con yeso. Para disminuir la inflamación del tendón se utiliza hielo, ultrasonidos o iontoforesis. También se puede tomar medicación antiinflamatoria o infiltraciones con corticoides.

Una vez avanzado el proceso de rehabilitación, van aumentando progresivamente los ejercicios de potenciación de los músculos y tendones afectados. Estos ejercicios se inician pocos días después de que el dolo haya remitido.

La cirugía solo está indicada en los casos resistentes –sin mejoría en más de 6 meses– o en los casos crónicos y recidivantes. Existen diferentes técnicas que pueden englobarse en tres grupos:

  • Escisión de la lesión a nivel de la inserción tendinosa.
  • Denervación del epicóndilo.
  • Relajación de la inserción tendinosa.
Las técnicas descritas dan aproximadamente un 75% de buenos resultados.

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