La envidia no sólo está considerada por el catolicismo como uno de los siete pecados capitales, lo que pone de manifiesto la carga negativa que se le otorga en términos religiosos; también puede representar un serio problema de orden psicológico, en algunos casos, para quien la padece.

La envidia no es un sentimiento del que se pueda presumir ni que se confiese abiertamente, por lo que es bastante común que se disfrace de crítica y de hipocresía. Cuando la envidia entra en su fase más activa también suelen aparecer la calumnia y la difamación.

En ocasiones se habla de envidia sana, a pesar de ser conceptos antitéticos. Sin embargo, por el mero hecho de manifestarse, se podría concluir que es un sentimiento más cercano a la admiración que a la propia envidia, y en cualquier caso no se trataría de ningún problema de orden psicológico.

La baja autoestima; el primer problema

Es razonable suponer que el anhelo por poseer o parecerse a tal o cual persona está muy relacionado con la insatisfacción de lo que se es o se posee. Como decía Napoleón con acierto: “La envidia es una declaración de inferioridad”.

La valoración de uno mismo en función de las posesiones, un mal muy frecuente en nuestros días y en nuestra sociedad, no deja de ser una distorsión que aleja a la persona de su propia esencia; incluso hasta el punto de perder de vista que pueda existir dicha esencia.

El contrapunto a esta situación es la autoestima. Una persona satisfecha con su propia realidad y con el lugar que ocupa en el mundo, difícilmente se verá afectada por estados donde tenga cabida la envidia.

Envidia objetiva

La envidia puede tener su centro de obsesión en el objeto o bien en el sujeto. A partir de ahí se puede hablar de envidia objetiva y envidia subjetiva.

La envidia objetiva hace referencia al objeto, a lo que posee un tercero, bien sea de orden material, intelectual o de cualquier otra índole. Es sin duda un sentimiento negativo donde se infravaloran las propias capacidades, situándose el foco de la felicidad fuera del alcance de uno mismo para concentrarlo en las posesiones, cualidades o status del otro. La realidad, sin embargo, demuestra que aún en el caso de acceder al objeto de deseo, la satisfacción tiende a ser fugaz, ya que dicho objeto no deja de ser un espejismo y, como tal, una vez se alcanza, no conlleva la supuesta felicidad o plenitud esperada, por lo que más pronto que tarde la envidia tiende a buscar un nuevo objeto de deseo, realimentando un círculo vicioso que no encuentra su fin.

Envidia subjetiva: celos y egoísmo

La envidia subjetiva, al contrario que la objetiva, no considera un objeto de deseo en particular. Es más; por lo general no existe un objeto envidiable. El envidioso, en este caso, no desea ni siente envidia por las posesiones de un tercero, al menos no de una manera directa; su foco de atención se dirige fundamentalmente a la felicidad que experimenta una persona. Este trastorno psicológico, muy relacionado con la soberbia y el egoísmo, no pretende ni ansía, como objetivo primordial, estar mejor con una posesión que se intuya como imprescindible para mejorar una situación vital, sino que su verdadero deseo, en el fondo, es que al otro le vaya peor. El límite que separa la envidia del odio es tan difuso que es probable que ni tan siquiera exista.

Envidia: patología de un sentimiento autodestructivo

Cuando se trata de una patología, la envidia puede convertirse en un elemento autodestructivo. En realidad, todos los sentimientos cuyo origen y cuyo destino es el mismo; o sea la propia persona, como pueden ser la envida, la vergüenza, la rabia, los celos o el miedo, entre otros, siempre tienen un componente autodestructivo. En el momento en que se pierde el eje de la propia existencia para filtrarlo y compararlo en lo que tienen o poseen los demás, o en lo que son, desaparece el valor y el poder de la autoestima, la confianza o cualquier tipo de empatía que matice los sentimientos negativos, supeditando la propia realidad a otras realidades ajenas y, por lo común, inalcanzables. La ansiedad, el odio y otras pasiones desenfrenadas, convierten la vida de esa persona en algo, sin duda, nada envidiable.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".

Podéis seguir mis artículos en Twitter.