
- Matías Candeira - Editorial Páginas de Espuma
“Cuando termino un libro estoy un paso más cerca y un universo más lejos de entenderme a mí y qué demonios está pasando en el mundo, pero siempre hay un intento de decir y fracturar algo”, declara. El resto de la conversación continúa en torno a la literatura y al autoconocimiento.
Pregunta.- El cuento y el relato literarios están viviendo en España uno de sus mejores momentos, no sólo en cuanto al número de creadores sino también en lo referente al aumento de publicaciones, de lectores y blogs. ¿A qué crees que es debido?
Respuesta.- Es una pregunta compleja. Supongo que toda manifestación subterránea y sostenida, como es el relato, acaba por salir a la luz con fuerza. Un gran porcentaje de los escritores que merecen la pena tienen al menos un libro de cuentos en su trayectoria. Novelistas a los que les seduce poco la brevedad también recopilan de cuándo en cuándo sus textos breves, signo de que lo que se dice sobre el género (discurso en lo comercial, mercantilista, o vete a saber) puede ser distinto de lo que realmente se piensa.
De cualquier modo, hay que ser cautos, llevar el relato al nivel de la calle, no pensar que es algo “especial”, en un púlpito, accesible sólo al más preparado de los lectores. Esto es más o menos lo que se ha venido defendiendo para “libar”, en su pequeña guarida de trampero de Oregon, esa “marginalidad” frente a lo novelesco. Cómo les gusta a algunos relatistas lamerse las heridas. Es una chorrada. No estoy a favor de la militancia, de la afiliación a un bando o de cualquier tipo de victoria o fiesta privada que te pueda dar escribir una cosa frente a otra. Yo soy escritor a secas. Soy guionista. Soy dibujante frustrado. Soy una persona.
P.- Centrándonos en tu libro de cuentos que acabas de publicar, "Antes de las jirafas" en la editorial Páginas de Espumay, aunque parezca ya un lugar común calificar a determinada literatura de “muy visual”-, es una de las primeras características que destaca en tu literatura. ¿Ves tus historias antes de escribirlas?
R.- Mi cultura audiovisual es amplia, por lo que tengo claro que se ha producido una filtración o interferencia controlada en Antes de las jirafas. Es algo que me interesa mucho. Heredar materiales antes que cerrar las puertas del fuerte. Como el libro participa de algunas de mis filias y mis fobias y algunos de mis fracasos personales (no me olvido que es un libro con un fondo muy doloroso en torno al desarraigo), era capital que se congraciara con ellas y estas historias fueran visuales (cómic), gustosas del sentido de lo maravilloso (literatura fantástica, la otredad, la serie B, las revistas de género de los años cincuenta) y de un cierto descreimiento respecto a sus, aparentes, moldes narrativos. De ahí el humor negro, negrísimo, y la distancia irónica, que intentaré continuar en mi próximo libro.
De todos modos, y en la medida de mis posibilidades, intento siempre que la escritura se manifieste evocadora, humorística o irónicamente respecto al corpus narrativo de la historia. Que el texto vaya a su aire con un lenguaje autónomo, un narrador interviniente, un posicionamiento que denote la historia lo mismo que el trabajo sobre la historia. Huyo como de la peste de cualquier “eficacia” en la exposición.
P.- La figura paterna está muy presente en tus cuentos. En “El extraño” realizas una inversión de la pedagogía al uso: el padre convertido en animal hace feliz a su hijo. En cambio, en “Exploradores” el padre ejerce una función represora y castrante. ¿Qué representa para ti el personaje-padre?
R.- En la medida en que el libro expone su filiación por un discurso en torno al desarraigo, el desamparo, la otredad, tenía que conectar con esa intimidad –terrible y al mismo tiempo esencial en la vida– que proviene de lo familiar. Si no sería una cosa vacía. Además me gusta mucho la literatura en torno a la figura paterna. Ahora mismo me vienen a la cabeza Martin Amis con "Experiencia" o su alter ego en "El libro de Rachel", Philip Roth en "Patrimonio". Marcos Giralt Torrente y ese libro alucinante que es "Tiempo de vida". Yo sólo me lo he llevado un poco a mi terreno.
P.- Mezclas lo policiaco, lo fantástico, el más feroz romanticismo, lo surreal. Tus cuentos parecen embebidos de una larga tradición literaria en donde no desprecias nada de lo aprehendido.
R.- Me gusta ese concepto de la “caja de resonancia”, y que un lector pueda participar en las historias para luego emprender un camino por sí mismo hacia otras autopistas (en este caso, aparte de las puramente literarias, también corrientes que están fuera, como el cine o el cómic). Las fuentes del libro son largas, fecundas, y nos llevan de un sitio a otro como un viento agradable. Sin embargo, es un proyecto global, no una mera compilación de textos. Tiene su cableado interno. Sus corrientes subterráneas. Su constelación particular de puntos. Este hijo mío es, siendo uno, algo parecido a una espantosa criatura, repleta de apéndices, abcesos, rebabas, bordes sin limar. He escrito este libro de esa manera en que, en algún momento de mi vida, a mí me hubiera gustado leer un manuscrito encontrado, un viejo almanaque o una revista pulp descubierta de pronto en el desván. Algo que “acontece”, que “se muestra” de pronto, gozosamente delirante, preñado de misterio. Una expedición arqueológica que me dé la libertad de la transformación al leer, sin preguntarme siquiera por qué lo hago.
P.- Algo parecido al eclecticismo de géneros, ocurre también en el lenguaje que utilizas. Pasas del más prosaico y coloquial al más elevado. De pronto sorprendes con una frase poética o una reflexión metafísica.
R.- ¿Lenguaje mutante? Eso me gusta.
P.- La mayoría de los personajes de tus cuentos son “naturalmente” crueles –además de “naturalmente” monstruos-. Asimismo, el asesinato, la maldad, las rarezas, lo inverosímil conviven en tus cuentos con la cotidianeidad más plana.
R.- Para mí, la literatura es el ejercicio de la autonomía personal y la libertad. Una conferencia hecha pública sobre una brecha, una disonancia, una descompensación, entre los que se incluyen las taras que me comentas. Bendita tara la de gente como Jean Genet, por cierto, asesino y ladrón. En fin, puesto que no creo que ni tú, ni yo, ni el común de los lectores sea completamente libre, hemos de intentar escribir libros que no crean en esa servidumbre. Y con esto no quiero adjudicarme ninguna medalla, nada más lejos, sólo expresar mi deseo de que los manuscritos que trabajo no sean continuistas de la corrección política y los códigos férreamente establecidos del tipo casa, coche, hipoteca, matrimonio, hijos, jardín con buganvillas, maltrato a la mujer, guerra civil o asistenta. Quisiera pensar en el libro no como un artefacto escapista, sino como una celebración de la diferencia: lo monstruoso, lo anómalo, lo desagradable, lo relativamente inexplicable, lo bello (en) lo terrible.
P.- Como profesor que eres en La Escuela de Escritores, ¿qué crees que se puede enseñar? y ¿qué no se puede o no se debe enseñar en un Taller de Escritura?
Un taller literario es una especie de decantador: descubres qué es lo que quieres leer, qué es lo que quieres (empezar a) escribir, qué sabes, si es que sabes algo. No necesariamente tienes que escribir bien para desear escribir, ni mucho menos ser escritor para exponerte. Los talleres son encuentros entre personas, con una muy minúscula guía, que es el profesor, que pone orden, elabora preguntas (cuanto más incómodas mejor) y llama la atención sobre vías (de pensamiento, de lectura, de lenguaje, de escritura) en las que los alumnos pueden posar los ojos. El que es escritor ya viene desde casa sin que nadie se lo diga.
P.- Joven aún, con ya dos libros publicados y varios de los más importantes premios conseguidos, me atrevo a preguntarte ¿si escribes tal y cómo deseas o como crees que se puede triunfar en este mundo literario-mercantilista?
R.- Yo no diría que tengo algunos de los más importantes premios conseguidos. Es iluso pensar que yo gozo de alguna clase de “estatus”. Afortunadamente, estoy donde quiero estar, avanzando sostenidamente.
P.- ¿Qué piensas de la literatura como motor de cambio? ¿Qué opinión te merece el compromiso en la literatura? O como dijo Louis Janover, en su libro Poesía y Revolución, ¿qué piensas de “la indisociable unión de toda práctica artística que merezca ese nombre con el devenir de la emancipación social”?
Bueno, supongo que ya respondí a esto. Es por no repetirme. Siempre me dicen aquello de que hay que callar a tiempo, soltar una bomba de humo y dejar que el público quede sobrecogido por la risa maléfica y monstruosa (nada mejor para este libro) que queda flotando en el aire.
Matías Candeira (Madrid, 1984) es escritor y guionista, licenciado en Comunicación Audiovisual y Diplomado en Guion cinematográfico por la ECAM. Imparte talleres de escritura creativa y relato breve en la Escuela de Escritores de Madrid, y colabora en medios como La tormenta en un vaso o Culturamas. Su trayectoria ha sido avalada por premios literarios como el Ignacio Aldecoa, Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid o el Premio Internacional de Narrativa Tomás Fermín de Arteta. Es autor de "La soledad de los ventrílocuos" (2009), y muchos de sus relatos han sido recogidos en revistas y antologías, entre otras: Aquelarre, Los noveles, Siglo XXI: los nuevos nombres del cuento español actual o Pequeñas Resistencias 5. Antología del nuevo cuento español 2001-2010.
