Cuesta Baena, esquina con calle Luna. Un sol de justicia. Miro la torre desmochada de la "casa de las señoritas Ariza", ya llegamos. Una casa de fachada sencilla que no da pistas sobre la personalidad de su inquilino. Golpeo la aldaba de una puerta de madera. Nos recibe Enrique con una cálida bienvenida, desplegando todos sus dones de perfecto anfitrión.

Pintor, diseñador, escenógrafo, actor...

Acérrimo defensor de una vida sin móviles ni ordenadores, no tiene página web y ni siquiera lleva fotos de sus cuadros en el móvil. Por tanto, esta entrevista queda más que justificada.

Entramos en la casa del artista y ya nos hacemos una idea de su universo interior. Pop-art, realismo, renacentismo, barroco... conviven en su casa en alegre armonía. Enrique Reina no sólo es pintor, es un artesano que disfruta con el trabajo manual haciendo arcos de medio punto o empedrando una pared, por ejemplo. Polifacético, se autodefine como un "artista del Renacimiento".

La mirada de los expertos

Enrique Reina no ambiciona la fama en vida y no se prodiga en círculos de vanguardia. De hecho, expone muy esporádicamente. Sin embargo, la crítica (tan difícil de conquistar como el público) alaba su trabajo. La profesora de Historia del Arte Lola Delgado nos comentaba recientemente: "Sólo he visto dos cuadros suyos pero me han impactado. Es muy difícil pintar tan bien... Es un genio. Tendría que hacer más exposiciones...".

A su vez, Esperanza de los Ríos, doctora en Historia del Arte en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla se deshace en elogios a Enrique. Redacta el folleto de su primera exposición, calificando su obra de "seria y profunda" porque "nos acerca serenamente a los ritmos inmutables y majestuosos de la vida". No vacila en compararlo con el poeta griego Hesiodo por compartir una misma visión: naturaleza y ciudad se alternan "en la poesía del griego y en la pintura del andaluz" en acertado contraste. Además, la académica resalta que Enrique "pinta con una objetividad que, en ocasiones, raya en el hiperrealismo; en otras, su poesía remite a la más pura esencia de la Escuela de Barbizon".

La experta cierra su crítica advirtiendo que "nunca cede al sentimentalismo fácil, a la retórica de lo bonito. Sus segadores bajo el sol del verano; sus mujeres enlutadas, hoz en mano; el río que discurre casi sólido bajo el puente emblemático; los surcos fértiles de la madre tierra... todo en su pintura rezuma reflexión, dominio de la técnica y honda sensibilidad".

Entrevistando a Enrique Reina

Nuestro anfitrión ha preparado un espacio para la entrevista. Victoria hace las fotografías que acompañan a este artículo. Él posa encantado. Nos sirve un té de Dubai, regalo de uno de sus alumnos. Saco mi guión y enciendo la grabadora. Prepárense para disfrutar de un contertulio ideal...

Susana Pérez Bernad: ¿Ilusionado con la exposición colectiva de tus amigos prevista para octubre y con la tuya propia a finales de año? Cuéntanos cómo llenarás la sala vacía de la sala "Matallana" y por qué ese título: "Lleno y vacío".

Enrique Reina Segura: Comencemos con la de mis amigos, que son mis discípulos... Estoy muy ilusionado, porque los he visto crecer. De hecho, este otoño cumplimos 10 años compartiendo lienzos y pinceles. Evidentemente, creo que hay una clara evolución y que es necesario que el público vea hasta donde han llegado y adonde pueden llegar, que es la satisfacción propia del que enseña, del docente a la hora de enseñar el arte. Y, nada, pues deseando ver esa muestra de mis discípulos (yo los llamo así, de manera cariñosa). Y en cuanto a la mía, yo creo que era necesario reaparecer ya, porque estaba un poco... en el anonimato más profundo y era necesario reaparecer. La exposición, como bien has dicho, la titulo "Lleno y vacío" y es un alegato, un poco, a lo vacía que se puede llegar a sentir la gente en este tiempo que vivimos de crisis y lo llenas que se pueden sentir otras personas que se enriquecen... Pero, aunque esta es un poco la idea, en realidad quiero que sea de libre interpretación, o sea, "Lleno y vacío" da mucho juego para imaginarse cosas, una vez que el público se enfrente a las imágenes que voy a mostrar.

S.P.B.: Enrique pintor, Enrique maestro de pintores, tanto monta… Tus alumnos damos fe de que eres un maestro de raza... En tu caso, podría decirse aquello de"quod natura non donat, Enrique praestat”. ¿Hasta qué punto eres consciente de tu talento para la enseñanza?

E.R.S.: Muchísimas gracias por la parte que me toca (sonríe). Soy consciente de que... bueno, el trabajo siempre tiene recompensa y mis alumnos me lo demuestran, por eso soy consciente de ello. No sé si te respondo bien... (ríe). Lo cierto es que yo no era consciente de ese "don" que dices que tengo hasta que no empecé a impartir clases.

S.P.B.: Estudiaste Bellas Artes en Sevilla, la tierra de Velázquez, Murillo, Zurbarán… ¿Qué relación tuviste con la pintura de estos artistas? ¿Qué recuerdos guardas de tu paso por esta Escuela, de corte academicista y de tu primera exposición: "Los días y las horas"?

E.R.S.: Pues mira, la verdad es que, para mí, estudiar en Sevilla fue muy importante porque me hizo, un poco, saborear y valorar mucho lo clásico y volcarme en ello. De hecho, mi Academia es academicista... Siempre tengo esa mirada hacia el Renacimiento y hacia los periodos clásicos como base para la formación de un artista. Un artista tiene que conocer lo clásico. Y Sevilla, en ese sentido, es una Facultad que es bastante conservadora y, a la hora de enseñar, enseña desde esas bases academicistas.

La verdad es que, para mí, fue un orgullo estudiar en ella y recuerdo esos cinco años como un periodo de mucho, mucho aprendizaje. Y luego... la etapa de la facultad es una etapa que no se puede olvidar, tanto por la parte de aprendizaje, como por la parte de que es una experiencia fantástica cuando se está de estudiante, por lo que se vive y se comparte con los demás. Es algo maravilloso, que recuerdo con mucho cariño. Me da pena no poder volver hacia atrás...

Con respecto a mi primera exposición, enlazo con mi primera pregunta, porque también la viví con mucha ilusión. Fue la primera vez que me exponía al público. Me costó trabajo porque sientes mucha responsabilidad al mostrar tu obra. Creo que cuando uno se muestra al público, tiene que estar muy seguro de lo que muestra. Recuerdo que me costó trabajo dar el paso, porque estaba muy inseguro, siempre con esos miedos de la primera vez... Pero recuerdo que fue una experiencia maravillosa porque tuve mucho apoyo, tanto por algún profesor que otro de la Facultad, como por la gente que vino a verme y respaldó esa exposición. Sí, la verdad es que gustó.

S.P.B.: Pregunta obligada: ¿Qué pintores o artistas más influyen en tu pintura? ¿A quién admiras más?

E.R.S.: Pues mira... a los clásicos, sobre todo. Velázquez, para mí, es grande o uno de los más grandes. Y luego, yo, por mi manera de pintar, admiro mucho a los impresionistas en general: desde Monet a Van Gogh... La mancha... por las manchas. Porque reconozco que mi pintura es mancha, aunque se acerca al realismo, pero es una pintura que bebe mucho del impresionismo. Entonces, todo ese periodo del impresionismo es para mí vital. Admiro mucho a esos pintores y, de hecho, he aprendido mucho de ellos: de verlos, de copiarlos incluso. Luego, a Velázquez, yo lo considero el máximo. Porque consigue que, de cerca, sus cuadros sean una abstracción y, de lejos, sean una realidad tangible, impresionantes... Yo lo considero uno de los más, más grandes. Luego, pues... las vanguardias, pues no... Te digo también lo que menos me gusta.

La entrevista continúa en otros artículos. Por favor, sigan leyendo...

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