Juan Pablo María Viar es Abogado (UBA) y especialista en violencia familiar (UBA). Docente de la Carrera de Especialización en Derecho de Familia (UBA); Docente invitado de la Carrera de Especialización en Violencia Familia (UBA). Autor y compilador, caben destacar las siguientes obras:

  • Violencia Familiar y abuso sexual” (Ed. Universidad);
  • Incesto paterno-filial (Ed. Universidad);
  • Maltrato infantil: el riesgo del compromiso profesional (Ed. Universidad);
  • Violencia hacia niños y adolescentes y violencia hacia las mujeres”;
  • Violencia en la pareja. Elementos básicos para su atención en el sector salud (publicados por el Ministerio de Salud de la Nación);
  • Abuso sexual en la infancia (Ed. Lumen Humanitas);
  • Sistemas jurídicos y violencia familiar, en prensa (Ed. Universidad).
Es integrante de la comisión directiva de ASAPMI y del Grupo de Trabajo en Maltrato Infantil de la Sociedad Argentina de Pediatría. Vicepresidente de la Asociación Especialistas en Violencia Familiar (ACEVIFA).

P- Cada vez se habla más de las falsas denuncias en casos de abuso sexual.

R- Katheryn Kuehnle (citada por Jorge Volnovich) toma los alegatos de los niños para diferenciarlos de los falsos alegatos, agrupándolos de la siguiente manera:

  1. El niño fue víctima de abuso, y su relato es creíble y exacto.
  2. El niño fue víctima de abuso, pero padece un déficit cognitivo o emocional que impide que su relato sea creíble.
  3. El niño fue víctima de abuso, pero tiene miedo de manifestarlo.
  4. El niño fue víctima de abuso, pero una malentendida lealtad le impide relatarlo.
  5. El niño no fue víctima de abuso, y su relato de abuso es producto de haber malinterpretado conductas de sus padres.
  6. El niño no fue víctima de abuso, pero los padres han malinterpretado conductas que los llevaron a considerar la sospecha de abuso.
  7. Los falsos alegatos: se incluye dentro de este capítulo al niño que no ha sido objeto de abuso, pero cuya convicción emana de la inducción o la co-construcción de/con algunos de los padres.
Muchos tribunales argentinos parten de una posición de descreimiento a partir de la magnificación del fenómeno de las falsas denuncias. No obstante, investigaciones absolutamente confiables dan cuenta de que en menos del 2% de una muestra de 9.000 casos de juicios de divorcio se reportaba una falsa denuncia de abuso hacia el padre (Faller, Interviewing children about sexual abuse, controversies and best practices, Universidad Oxford, University Press, USA 2007).

P - ¿Qué incidencia tiene el polémico síndrome de alienación parental (S.A.P.)?

R - Desde hace algunos años el S.A.P. y algunos otros constructos de Richard Gardner han sido difundidos en algunas publicaciones jurídicas y en alguna jurisprudencia en la República Argentina.

Más recientemente este “síndrome” aparece invocado como única defensa por autores y denunciados en muchos trámites de denuncia por violencia familiar. En ocasiones, esta invocación es inocente respecto a los orígenes del síndrome así como a los antecedentes de su autor. En otros casos, no existe tal inocencia.

El cuestionamiento al S.A.P. no presupone la inexistencia de impedimentos de contacto injustificados por parte de padres o madres, que ejercen la tenencia de sus hijos, en relación al otro progenitor. Ahora bien, entendemos estas situaciones dentro del subtipo de maltrato o abuso emocional.

Además de inadmisible científicamente, en la práctica no resulta confiable. El S.A.P. no fue diseñado para el diagnóstico del abuso sexual infantil. Aunque dicha “teoría” pudiese tener limitado uso en terapia, su falta de carácter científico no lo hace fiable para demostrar o refutar la existencia del abuso. Es más, la fiabilidad global del S.A.P. ha estado sujeta a más cuestionamientos y desacuerdos, que a su aprobación y apoyo.

P - ¿Cómo repercute el S.A.P. en el denunciante y en la víctima?

R - La aparición del S.A.P. trajo aparejado lo que el Dr. Silvio Lamberti denominó en Argentina el backlash vernáculo.

Según la IPSCAN, ocurre un backlash cuando una persona que trabaja en el área de abuso sexual infantil es perseguida judicialmente, criticada en los medios, acosada por parientes o atacada de mala fe o de cualquier otra manera por su actuación, declaraciones o publicaciones relativas a la temática. En términos generales se da con mayor frecuencia con relación a un caso particular.

Este fenómeno comenzó a instalarse en Argentina, particularmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, durante el año 2001. Ello trajo como consecuencia en el maltrato infantil en general y en especial en el abuso sexual incestuoso, un subregistro de las denuncias de niños que padecen de este fenómeno.

Semejante situación justificó la promulgación de una ley por parte de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, tendente a garantizar que lo avanzado en el campo de la violencia familiar y especialmente del maltrato infantil intrafamiliar no colisione con los efectos del backlash vernáculo.

Se trata de la “Ley de protección a profesionales denunciantes de maltrato infantil”, aprobada por mayoría, un instrumento normativo que intentó –sin éxito– garantizar el funcionamiento de los servicios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que a lo largo de los años de democracia se fueron afianzando, pero que también han sido objeto de persecución por parte de quienes “sacralizan la familia por encima de cualquier otro valor, como la protección efectiva de sus miembros, y por delante de cualquier circunstancia particular”.