Aquí puedes leer la primera parte de la entrevista.

Ahora tienes una productora en Indonesia. ¿Por qué allí?

Después de Fantastic Factory me asocié con un amigo en una compañía llamada Magic Lantern. Intentamos crear una distribuidora en España, de nombre Amazing! Por desgracia, el otro grupo al que Magic Lantern se unió no estaba en plena forma. Antes de dejar Filmax estuve intentando asociarla con una productora de Hong Kong para intentar hacer películas en Asia, pero los de Filmax no querían ni ver a los asiáticos. Personalmente, estaba muy interesado en el cine hecho en Asia y quería trabajar con ese tipo de sensibilidad.

Encontré una oportunidad en el sudeste del continente e instauré una línea de producción en Indonesia. Mis socios en Komodo Films eran un alemán y un indonesio. Nuestro primer producto fue Takut: Faces of Fear, un film dividido en seis episodios, todos dirigidos por realizadores indonesios y con equipo del mismo país. Queríamos comprobar como era trabajar allí, en ese contexto, y descubrir talentos de aquella zona. En 2008 nos metimos en la producción de Amphibious 3D, en inglés, pero coincidió con la crisis mundial y el colapso de los mercados; esto nos perjudicó irremediablemente, así que solo tuvimos financiación para, al menos, terminar esa película. Ahora he vuelto a Los Ángeles, donde estoy preparando mi siguiente film, The Pope.

Dices que te interesa el cine hecho en Asia ¿Algún director en particular?

Las películas asiáticas parten de otras tradiciones, sobre todo las relacionadas con historias de fantasmas. En los ’80 y los ’90 trabajé con financiación japonesa y con algunos directores nipones, en especial con Taka Ichise, que fue el responsable también del J-Horror. De hecho, Taka y yo intentamos hacer Dark Water (dirigida por Nakata Hideo) en Barcelona con la Fantastic Factory. Sin embargo, como he dicho antes, Filmax se resistía a meterse en proyectos de Asia.

Con Taka colaboré en la producción de Necronomicon (con el director Shusuke Kaneko), Crying Freeman, y también en un videojuego para la Playstation llamado Unknown X.

Y bueno, me gusta mucho Takashi Miike, por lo imprevisible y transgresivo que es.

Tú sabes una cosa o dos sobre el cine de zombies, ¿Qué piensas de esta nueva proliferación de películas sobre muertos vivientes?

Pues sí, parece que hay tantos zombies ahora como westerns había antes. Creo que el público en masa acepta a los muertos vivientes porque estos últimos lidian con un futuro apocalíptico y disfuncional. Parece que existe un miedo a lo que está por venir. Las películas de zombies hablan cada vez más de enfermedades pandémicas y el colapso de la sociedad, los dos grandes temores en el día de hoy. Pero bueno, en realidad me estoy cansando un poco de estas películas, ya hay demasiadas.

Society es una de tus mejores obras. Sus efectos de maquillaje siguen aun sorprendiéndome ¿Cómo la ves 20 años después? ¿Cambiarías algo?

La verdad es que es un gran honor ver cómo una película de hace tanto tiempo aun atrapa el interés de la audiencia. Creo que Society tiene más resonancia ahora que cuando fue realizada. Por aquella época occidente comenzaba a embarcarse en la política económica que nos ha llevado a los problemas actuales. Esa política decía que “la codicia es buena”, y quería hacernos creer que si podíamos ayudar a los más ricos a ganar mucho dinero eso repercutiría favorablemente en el trabajador ordinario. En vez de eso estamos con una diferencia mayor entre ricos y pobres, y el sistema ha llegado a la bancarrota impulsando la riqueza de un 1%. Society tomaba esta división social y la llevaba al cine de género.

Mirando atrás en el tiempo, me doy cuenta de que la película tiene mucho de su época, ese “look” tan de los ´80. Sin embargo, los efectos especiales parecen sin duda atemporales a la vez que increíblemente extravagantes. Supongo que esto último unido a esa lucha de clases es lo que la hace tan entretenida.

Si pudiera cambiar algo de ese film, trataría de corregir algunos problemas de guión y cuidar las interpretaciones de uno o dos actores. Fue mi primera experiencia como director, y eso se nota.

¿Crees que hay alguna diferencia entre el público europeo y el norteamericano en lo que respecta a aceptar horror extremo?

La audiencia europea es más tolerante con la ambigüedad de algunas historias e imágenes. La norteamericana lo quiere todo explicado y una cierta lógica en la superficie; necesita saber quién es el malo y quién el bueno, pide una división clara entre lo que es correcto y lo que está mal cuando el protagonista es un anti-héroe. El público de Europa deja que el estilo se imponga un poco más al contenido y admite que el bueno y el malo puedan incluso unirse en un mismo personaje.

El espectador de USA ve necesario el guión de tres actos, y lo cierto es que esto es precisamente lo que hace que el producto final sea de fácil venta al resto del mundo. El cine de terror europeo es artísticamente más interesante pero, si la trama no es tan clara en el comienzo o en la resolución, puede tener dificultades para ser vendido a otras culturas.

También está lo del sexo y la violencia. El americano acoge con gusto el gore pero después se muestra puritano con escenas sexuales, aunque sí considera la desnudez en sí como algo aceptable. Podría decir que tanto Europa como EEUU toman bien la violencia; la versión americana del horror políticamente correcto, eso sí, es más de derechas, mientras que la europea se acerca a la izquierda.

¿Alguna obra tuya de la que te hayas arrepentido?

Demasiadas para nombrarlas aquí.

Me sorprende un poco que Mick Garris no te llamara para dirigir algo en Maestros del Terror ¿Algún comentario al respecto?

De hecho, yo tenía una idea similar que no era de TV sino de cine, de nombre The 7 Deadly Sins of Horror. Tenía previsto lanzarla al mercado antes que lo de Garris. Recuerdo haber hablado de mi proyecto con él. La verdad es que me habría gustado dirigir algo para Maestros del Terror.

¿A qué te habría gustado dedicarte si no hubieras sido director de cine?

Antes de hacer películas me dedicaba a la pintura y a la fotografía, y también a la música, aunque en menor grado. Soy de los que piensan que si tu vocación no te permite un poco de creatividad, debes tener hacer algo que te ofrezca la posibilidad de “inventar”. Me encantaría dedicarme de nuevo a pintar, y, lo creas o no, este año he escrito una novela y un comic.