Brian Yuzna (Filipinas, 1951) ha cimentado la mayor parte de su carrera cinematográfica en el cine de terror. Su participación en el guión de la familiar Cariño, he encogido a los niños(1989) no va más allá de una simple anécdota. Títulos honorables de la casquería, como Beyond Re-Animator (2003), El dentista (1996), Faust, la venganza está en la sangre (2000), Rottweiler (2005) o la clásica Society (1989), se pueden encontrar en su filmografía como director.

Yuzna habla aquí de su (buena y mala) experiencia al frente de la Fantastic Factory y de su visión del cine de terror.

¿Te ves a ti mismo haciendo algo no relacionado con el terror?

Sí…aunque no lo veo muy claro. Me siento más seguro con el horror (concretamente en una parte específica de ese género). Me doy cuenta de que cuando veo mis películas me siento estimulado y satisfecho al alcanzar el terror absoluto en ciertas escenas, es la satisfacción de haber llegado a la meta que pretendía. Con otras escenas no me pasa lo mismo, no me siento tan seguro. Puedo verme haciendo fantasía, por ejemplo, o cualquier otra cosa que esté relacionado con eventos “extraños” que no tengan que ver necesariamente con el terror.

Tus planos, tus secuencias, son con frecuencia explícitos, muy amigos del gore ¿Qué les dirías a los directores que piensan que “menos es más”?

Parece que la mayoría de directores tienden a recrear el mismo “feeling” de las películas que les marcaron durante la juventud. Para mí, esas fueron las de miedo. Lo del gore explícito es relativo, depende de la época concreta en la que se estrena tal o cual film. La noche de los muertos vivientes fue considerada gore cuando se estrenó, ahora es una película de sobremesa. Lo mismo pasó con el Frankenstein de Karloff. Existe una sensación en el cine de horror -esa repulsión que recorre la piel- que es la que me atrae, a la que quiero llegar con la mayor parte de mis films.

“Menos es más” puede crear un clima de suspense, y si está bien hecho es maravilloso. Sin embargo, cuando el no-fan del terror se agarra a la estética del “menos es mas” sospecho que es una justificación de su poco tino a la hora de intentar apreciar tan menospreciado genero. Siempre me he sentido cautivado por el expresionismo, por lo abstracto, el surrealismo y, simplemente, por lo “raro”; y todo eso me gusta verlo en una película. Me gusta cuando una cinta me lleva a los espacios oscuros de la mente, repletos de contradicciones, ironía, monstruos y un sentido “bizarre” de la imaginería. Recuerdo las películas de los años 50, me quedaba esperando impaciente el momento de ver la cara del monstruo; cuando dirijo, nunca quiero esperar hasta el final para enseñarla.

Simplificando, si una obra asusta…es un thriller, pero si añades fluidos se convierte en una película de horror. Creo que el mostrar la carne y la sangre es esencial en una obra de terror. Incluso Psicosis, que debería considerarse principalmente un thriller, adquiere la dimensión truculenta gracias a la sangre de la ducha, a la del cuchillo que mata a Arbogast y al cuerpo disecado de la madre de Norman (es más, la aparición del váter – algo nunca visto anteriormente en una película norteamericana- en la escena del asesinato en la ducha puede ser interpretada como símbolo de esos fluidos que he mencionado).

El director del festival de Sitges fue acusado de proyectar la “extrema” A Serbian Film ¿Qué opinas sobre eso y la censura en general?

No puedo comentar sobre A Serbian Film porque no la he visto, y juraría que algunos de los que la han censurado tampoco la han visto. Estoy totalmente en contra de la censura que nace de la ignorancia. Como director de cine que soy, no puedo creer en ningún tipo de restricciones en las imágenes. Sin embargo, creo que esta postura es en cierta forma un tanto ingenua. Todos nos censuramos a nosotros mismos incluso mucho más que las autoridades gubernamentales. La mayoría de mis películas ha tenido diferentes versiones según el país donde se han proyectado. El retorno de los muertos vivientes 3, por ejemplo, tiene diez minutos cortados en su versión alemana.

Creo que la censura solo es controvertida cuando es una agencia del gobierno la que la hace, y siempre se basa en una posición política polarizada, muy particular, de un país cualquiera. En USA, la censura fue polémica cuando la realizó una derecha dominada por una agencia federal, y para nada reflejaba las tendencias liberales en la cultura de aquella etapa. Ahora los censores nacen de la industria privada, la MPAA. Cualquier límite en el gore es considerado escandaloso, y el sexo en el cine es cada vez más explícito; el porno está en todas partes. Pero no veo a ningún cineasta del género mostrar escenas entre adultos con la misma honestidad que el Peckinpah de los ´70. Se debe a que nos tenemos que adherir a la corrección política contemporánea, y cada director participa en esto a pesar del desprecio a la censura. Las representaciones de la violencia son defendidas por los mismos artistas que tienen cuidado de no enseñar a alguien fumando en sus películas, o la dominación cómplice inherente en una relación sexual, o la explotación política..

Fantastic Factory… ¿Qué salió mal?

La Fantastic Factory fue bastante fructífera. Cuando llegué a España no había nadie haciendo cine de género para ser exportado al mercado internacional. Ahora es lo común. Creo que la Factory sirvió como modelo. Tan pronto como empezamos nuestras producciones, las leyes de subsidio comenzaron a modificarse en Madrid. Hubo mucha gente del cine en España que se sintió indignada al creer que estábamos haciendo películas americanas con ayuda económica del gobierno español. Pero de lo que en realidad se estaban quejando era de esa “zona confortable” en la que vivían, frustrándose con sus propios films de poco atractivo para el público. Después las leyes hicieron que fuera más complicado conseguir subvenciones para cintas con elementos “norteamericanos”.

Durante mi relación con Filmax, tuve que lidiar con uno de los hermanos que mandaban en la productora, el cual se oponía firmemente al proyecto que yo había propuesto; esto creó un clima de tensión en la compañía desde el principio. Una vez que FF comenzó a tener éxito, las típicas políticas internas de toda empresa tomaron el mando, ocasionando muchas disputas y “puñaladas en la espalda”. Mientras tanto, el jefe de todo odiaba compartir el crédito de productor, lo que complicó aun más las cosas. Debido al alto nivel que Filmax estaba adquiriendo gracias a FF, la compañía pudo beneficiarse de más y más préstamos bancarios…sin preocuparse de traer a managers cualificados que hicieran funcionar bien la empresa. Se tomaron malas decisiones y Filmax fue cayendo poco a poco en las deudas. Finalmente, en 2010 se declaró en bancarrota.Aquí puedes leer la segunda parte de la entrevista.