
- Rodolfo Usigli, autor de - Archivo El Universal
Para 1944 el mexicano Rodolfo Usigli publicó lo que luego sería una de las novelas policiales más importantes en la literatura mexicana: Ensayo de un crimen. Pasarían once años para que el cineasta español Luis Buñuel reelaborara la obra de Usigli.
Lo que es necesario decir al comparar literatura y cine
Las comparaciones entre obras literarias y fílmicas pueden dar tanto buenos como malos resultados. Si tales comparaciones pretenden, cual disciplina deportiva, establecer al vencedor de una imaginaria competencia artística: se está tomando el camino equivocado. Este artículo no pretende esto y este articulista nunca lo pretenderá.
Claro está que en su película, Buñuel nunca pretende presentar una traducción del lenguaje literario de la novela al lenguaje fílmico de una película –empresa tanto imposible como no deseable. Más bien aprovecha las virtudes propias del cine y reelabora el universo diegético que Usigli había creado en primera instancia. Lo que el cineasta español entrega no es pues un calca de la novela, sino una revisión personal del mundo diegético creado en primera instancia por Usigli, pero que de ningún modo permanece cerrado.
A continuación se resaltan las divergencias principales entre ambas obras artísticas, que sirven para establecer un punto de comparación idóneo en el desarrollo ficcional de cada obra.
Roberto de la Cruz y Archivaldo de la Cruz
En la novela, De la Cruz se llama Roberto; en la película, Archivaldo. Es notable que sea el protagonista y no los personajes secundarios, quien pierda su nombre original al ser renombrado. Tal vez sea este cambio radical un giño por parte de Buñuel, un decir de golpe al inicio de la película que el De la Cruz que se verá no es el De la Cruz de Usigli, sino el suyo.
Ambos De la Cruz están obsesionados con el crimen, su devenir diegético es, aprovechando el título, el ensayo de un crimen. Pero viven la obsesión por razones distintas. Roberto busca el crimen perfecto, entendido como un crimen sin razón, completamente inmotivado. Así mismo, este crimen perfecto debe ser estéticamente agradable. Archivaldo es casi el opuesto a Roberto. Su deseo por el crimen es puramente instintivo –poco importa si cae en lo vulgar, aspecto que Roberto siempre intenta evitar.
Al escuchar la tonada de “El príncipe rojo” (vals de Charles Emile Waldteufel), Archivaldo pierde conciencia de sí mismo y asesina –o al menos lo intenta-. La caja de música es un objeto mágico para él; una experiencia de su niñez lo hace comprender el poder oculto del artefacto. Para Roberto la caja de música es un recuerdo tormentoso –también de la infancia-, donde se encuentra por vez primera ante un acto de crueldad, ante un asesinato –curiosamente, es un asesinato inmotivado-. Asimismo, el efecto de la tonada “El príncipe rojo” no es tan devastador en Roberto como lo es en Archivaldo. Es más bien un catalizador inicial de su devenir como ensayista de crímenes.
En la película la tonada de “El príncipe rojo” posee evidentemente mayor fuerza, las escenas donde ésta se escucha están excelentemente logradas.
La novela y la película no coinciden en su desenlace. Si bien puede ser interesante observar tal disparidad, no es un buen punto de comparación. No lo es sobre todo porque ambas historias se van desarrollando de manera distinta, en momentos distintos del devenir de De la Cruz y, por tanto, concluyen cada una a su modo.
Como apunte final cabe resaltar la ausencia de una figura esencial para el género policial: la ciudad. Lo que en la novela de Usigli puede llevar hasta el vértigo es la constante presencia de la ciudad, de sus lugares decadentes, de las diversiones nocturnas y el tedio diurno. Todo esto está ausente en la película. Extraña elección de Buñuel. El lector está invitado a disfrutar esta historia doble en sus dos presentaciones y, sobre todo, está invitado a participar del diálogo entre el cine y la literatura.
