La enfermedad de Ménière se presenta como un cuadro clínico caracterizado por la presencia de episodios espontáneos de vértigo recurrente. Se experimenta la sensación de que los objetos giran. También puede darse una hipoacusia fluctuante, pitidos o golpes en el oído (lo que se conoce como acúfeno) y plenitud ótica de origen idiopático.

La prevalencia de este trastorno se sitúa en el orden de 15 de cada 100.000 personas por año. La edad es un factor que tiene una cierta influencia. Aunque puede suceder a cualquier edad, en los niños es poco frecuente, siendo entre los 20 y los 60 años la edad más habitual. Hay variaciones según las poblaciones estudiadas, así como también parece ser un padecimiento ligeramente superior en las mujeres que en los hombres.

Causas y factores de riesgo de la enfermedad de Ménière

En el oído interno están ubicados unos tubos llenos de líquido que reciben el nombre de canales semicirculares o laberintos. Estos canales ayudan a interpretar la posición del cuerpo y a mantener el equilibrio. Cuando se inflama el saco endolinfático –una parte del canal–, que interviene en la filtración y eliminación del líquido de los canales, aparece la enfermedad de Ménière.

Aunque se desconoce cuál es la causa exacta de esta enfermedad, se sospecha que en algunos casos puede estar relacionada con un traumatismo craneal, con la sífilis o con una infección del oído medio. También se contemplan factores de riesgo como el consumo de alcohol y tabaco, las alergias, el uso de ciertos medicamentos, infecciones respiratorias o alguna enfermedad viral reciente. Igualmente se cree que el factor genético pueda tener cierta relevancia.

Síntomas de la enfermedad de Ménière

Los síntomas de la enfermedad de Ménière son muy variables en cuanto a su frecuencia, pudiéndose presentar de repente, bien diariamente o, en algunos casos, apenas una vez al año. También la gravedad de los síntomas es variable.

El vértigo o el mareo intenso son los síntomas más habituales y los que causan la mayoría de problemas. A veces van acompañados de náuseas, vómitos o sudoración intensa. Los síntomas empeoran con el movimiento súbito y en ocasiones la persona necesita acostarse. Otros síntomas que pueden presentarse son dolor de cabeza, diarrea, molestias en el abdomen o movimientos oculares incontrolables.

Diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Ménière

Las pruebas para determinar la existencia de la enfermedad de Ménière pasan por un examen del cerebro y del sistema nervioso. En ellos pueden aparecer problemas con la audición, el equilibrio o el movimiento de los ojos. Otros exámenes como una electronistagmografía, una tomografía computarizada o una resonancia magnética de la cabeza o pruebas de audición, servirán para establecer las diferencias con otras causas de vértigo.

En la actualidad no existe una cura específica para la enfermedad de Ménière. El tratamiento, entonces, debe estar dirigido hacia la búsqueda de un alivio de los síntomas. Cambios en el estilo de vida pueden contribuir a este alivio, como, por ejemplo, una dieta baja en sal o la disminución de líquido en el cuerpo. En este sentido los diuréticos pueden ayudar a rebajar la presión del líquido en el oído interno.

Otros aspectos a tener en cuenta consisten en evitar los movimientos bruscos, las luces brillantes o actividades como conducir u otras que entrañen peligro cuando los síntomas se hayan manifestado poco tiempo antes. Reducir en lo posible la cafeína y el alcohol, así como la práctica regular de ejercicio y dormir lo suficiente, también ayudarán a minimizar los síntomas.

En algunos casos particularmente graves, cuando el tratamiento no responde, puede ser necesaria la cirugía. Esta puede consistir en cortar el nervio vestibular; una técnica quirúrgica que ayuda a controlar el vértigo y no daña la audición. Otra posibilidad se basa en la introducción de antibiótico, concretamente gentamicina, en el oído medio, con lo que se consiguen los mismos efectos.

La extirpación de una parte del oído medio mediante una laberintectomía es otra posibilidad quirúrgica para combatir el vértigo. El incoveniente es que provoca una hipoacusia total.

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