Durante mucho tiempo se ha concluido que la historia es excesivamente árida como eje principal de la literatura juvenil: los adolescentes carecen de suficiente información para entenderla y, por tanto, les resultan unas obras enormemente aburridas. A pesar de todo, es un género que empieza a triunfar en España tanto para el público adulto como para el infantil y juvenil.

Concha López Narváez, nacida en 1939, rompe este maleficio: entre su extensa obra dedicada a niños y adolescentes, ha publicado varias novelas ambientadas en épocas pasadas con rigor, agilidad y alta calidad literaria.

El Camino de Santiago, ambiente propicio para una aventura medieval

Las peregrinaciones a Santiago de Compostela constituyen uno de los marcos preferidos para ambientar obras en la Edad Media española; pensemos, por ejemplo, en Peregrinatio de Matilde Asensi.

Concha López Narváez también lo elige para esta novela, situada en el siglo XII en el Camino francés, a partir de Roncesvalles. La autora lo inicia con un encuentro casual entre Endrina y dos peregrinos de origen francés, aislados en un pequeño valle pirenaico del grupo con el que viajaban. El encuentro entre los tres justificará un viaje iniciático tanto para sus protagonistas como para el resto de los personajes que jalonan las jornadas de los viajeros.

La peregrinación sirve de excusa para presentarnos los diferentes aspectos de la vida cotidiana de estos viajeros: "iglesias, conventos, hospitales..., cambistas, artesanos, comerciantes, posaderos..., bullicio, alboroto, cantos, reyertas..., todo en una misma línea."

Al hilo de las diferentes ciudades y de boca de representantes de todas las clases sociales, quedan intercaladas leyendas sobre su origen urbano, relatos sobre monarcas y nobles, fragmentos de cantares de gesta o poemas juglarescos, oraciones en latín o canciones de romeros en lengua franca.

El scriptorium del Monasterio de Silos merece, a los ojos de la autora, una especial minuciosidad descriptiva, amén de uno de los episodios más chispeantes de toda la narración. Las alusiones literarias son continuas, sobre todo al Libro de las Peregrinaciones, verdadera guía turística escrita en la época medieval y para el viajero medieval.

El arte es igualmente admirado por los sorprendidos ojos de Endrina: la colegiata de San Isidoro de León, la Catedral de Santiago, el monasterio de las Huelgas (en construcción en ese momento) y tantos otros que desfilan en torno al Camino.

Un suspense sabiamente dosificado

Endrina no tarda en percatarse de que sus dos acompañantes son unos peregrinos muy especiales: sus historias e identidades se irán perfilando a lo largo de toda la obra, lo que provoca que el lector desee continuar para averiguar qué voto le ha llevado al anciano Don Guillaume a peregrinar a Santiago y la justificación de la presencia a su lado de Henri Bernart, apodado por Endrina el "gran oso bermejo"

A lo largo del viaje, los protagonistas se cruzarán con personajes históricos y ficticios, nobles y plebeyos, bondadosos y taimados. Así, Concha López nos presenta a Fray Rochester de Chester, depositario de un ejemplar del Apocalipsis; al Conde de Aubé, un peregrino de lujo, acompañado por un numeroso séquito; la vieja Olalla, una anciana buscaperdones que, después de realizar el Camino para purgar pecados ajenos decide volver a realizarlo para purgar los propios; Dulcia Gómez, el obispo de Compostela, el duque de Larigacq , Sancho el flaco... o "Juan sin cuitas", el pequeño perro de Endrina, que les servirá de eficaz ayuda en más de una ocasión.

Estilo narrativo

La narradora opta por una sintaxis ágil, de frases cortas y, en muchas ocasiones, sincopadas, más llenas de sugerencias que de descripciones detalladas.

Las narraciones que intercala no ralentizan la acción y completan el entorno político y social en el que transcurre la acción, lo mismo se puede aplicar a los diferentes poemas que están intercalados en el texto.

En definitiva, una novela que prenderá la atención de los lectores jóvenes... y no tan jóvenes.