Desde hace unos años, el tema de la religiosidad popular ha sido una constante en las preocupaciones de los científicos sociales. La dificultad de los términos ha empañado el estudio de estos hechos denominados populares. No en vano, los investigadores se enfrentan a conceptos de gran complejidad, como el de religión y sus manifestaciones en diversos momentos y espacios concretos.

Una primera aproximación: qué se entiende por Religión

La religión puede ser entendida como un sistema de creencias que, a su vez, puede soportar un sistema de actitudes ante la vida. El hecho religioso siempre ha supuesto un tema de especial interés para los antropólogos, especialmente en su causa última. La respuesta a la pregunta de por qué surge la religión es muy variada.

De modo general, como recuerda Javier San Martín Sala (Antropología filosófica, 2003) la importancia del papel del hombre ante la muerte y la dimensión del más allá implica la religión. Ante esta situación, el ser humano percibe la necesidad de elaborar una serie de construcciones culturales, que denominamos como religión. Construcciones culturales que pueden implicar más o menos complejidad, pero que intentan aliviar al hombre en su incertidumbre ante el más allá.

La institucionalización de los sistemas de creencias: la Religión

Una vez configurado el hecho religioso, el siguiente paso es su institucionalización. Es algo que ha sucedido en la mayoría de religiones. Esto supone, en algunos casos, la institucionalización que lleva a plasmar por escrito dogmas, la creación de complicadas jerarquías o la formalización de procesos rituales.

Si entendemos la religión como todo un sistema de creencias con amplia repercusión en lo cultural, la religiosidad puede ser concebida como la plasmación de ese sistema en tiempo y espacio concreto. Por eso, podemos establecer una primera distinción, entendiendo la religión oficial como la instaurada por determinadas jerarquías, con una liturgia y un dogma fijados, frente a una popular: la forma en que los individuos entienden esa religión y la practican.

La religiosidad popular desde la Antropología

La mayoría de autores que comenzaron a estudiar el fenómeno, como recuerda Jesús Mª. Usunáriz Garayoa (“Los estudios sobre religiosidad popular en la España moderna en los últimos veinticinco años”, Zanaik, 18, 1999), ponían el acento en el aspecto folklorista de la religión. Posteriormente, la discusión se centró en torno al mismo concepto: su validez y su operatividad.

En la actualidad, y especialmente en las Universidades españolas, el problema de la religiosidad popular es preocupación central de los antropólogos. Y así, desde la llegada de la Democracia, han abundando los estudios sobre esta cuestión.

Una propuesta sobre los orígenes de la religiosidad popular

La mayoría de investigadores parecen estar de acuerdo en los orígenes de la religiosidad popular. Si prestamos atención al Catolicismo, podríamos entender que la religiosidad popular resulta de la unión de elementos del cristianismo primitivo con otros de origen pagano. A ello se unirían elementos religiosos llevados por los pueblos germánicos durante las invasiones del Imperio romano. Finalmente, otros elementos se añadirían posteriormente, mediante deformaciones de la liturgia oficialmente aceptada.

Esto ha llevado a una cierta ambigüedad en la actitud de la Iglesia frente al catolicismo popular: desde momentos de condena sin paliativos de determinadas prácticas, hasta su asimilación en determinados momentos.

Algunas características de la religiosidad popular

En cuanto a sus características, frente a la religión oficial, más interna, la popular es profundamente externa. Y aquí es necesario distinguir la creencia del rito. Esta diferencia es fundamental para entender el hecho religioso popular. Así, para la religión oficial o institucionalizada, la creencia es el pilar fundamental. Sin embargo, en la religiosidad popular, es el ritual el elemento fundamental. Como afirma Manuel Delgado (La “religiosidad popular”: en torno a un falso problema): “Hoy, España puede presumir de ser uno de los países católicos menos católicos del mundo”.

Así, en la religiosidad popular tiene gran importancia la manifestación externa. En toda España son abundantes las romerías o las peregrinaciones en las que participan toda la comunidad. A ello, habría que sumar cantos y advocaciones a determinados santos, procesiones, así como las promesas, estudiadas y sistematizadas por Joan Prats. Pero también podemos referirnos a los abundantes testimonios materiales, como los amuletos, las reliquias o los exvotos, tan abundantes en ermitas o museos.

La religiosidad popular constituye un tema central en los estudios de antropología actuales. Esta religiosidad popular no sólo condensa determinados ritos y actitudes de una población determinada, sino que reflejan el devenir y la historia de las mentalidades de las comunidades que la sustentan. Por tanto, su estudio y documentación es parte fundamental en la salvaguardia del patrimonio cultural de los pueblos.