Ruben Pellejero es un autor veterano, fue ilustrador en los setenta y se inició en el cómic en 1981 trabajando para la revista "Cimoc". Es importante su colaboración con el argentino Jorge Zentner, con quien creó al personaje Dieter Lumpen, para la revista "Cairo" en 1985Su colaboración continuó unos años más logrando obras maestras como “El silencio de Maika”, que ganó numerosos premios en 1995, entre ellos el de mejor álbum extranjero publicado en Francia del Festival del Cómic de Angulema.

Más recientemente ha trabajado para Francia junto al guionista Denis Lapière en “Un poco de humo azul” (2002) y “El vals del Gulag” (2005), editadas por “Glenat”; a día de hoy es un autor de gran prestigio, cuyo nombre es prácticamente desconocido en España. Por eso la publicación de “En carne viva” es una buena noticia.

Sobre los guionistas, Frank Giroud posee una abultada carrera, mientras que Germaine ha colaborado en diversas ocasiones con el anterior.

Una obra que nos llega con retraso

Publicado en Francia como "Secrrets L´Écorché", entre los años 2005 y 2007 por la editorial Dupuis, originalmente adoptó el formato BD (en dos álbumes); la actual edición española recopila sendos volúmenes, en uno solo y a tamaño reducido. Reducido a la manera de las novelas gráficas, el formato de moda. Seguramente ello sea debido a cuestiones de fuerza mayor: este formato permitía publicar una obra que ya tiene unos años y que, inexplicablemente, no estaba en el mercado español. Y aun cuando se puede pensar que el tamaño reducido desmerece a un artista como Ruben Pellejero, lo cierto es que el resultado final sigue siendo excelente. Existe un blog creado a modo de “making off” de la obra en encarneviva-ruben.blogspot.com

Sinopsis

Tristán es adoptado por una pareja de carniceros. Debido a una malformación congénita en el rostro, Tristán no puede hablar y es considerado inútil, refugiado en su familia adoptiva, un día demuestra poseer grandes aptitudes para la pintura. Con el tiempo y ya adulto, su posición social no ha variado, hasta que conoce a la galerista Mathilde, quien ve en él a un ignorado genio del arte.

Un trabajo lleno de detalles

El guión de Germaine y Giraud divide la historia en dos partes diferenciadas por el tiempo. En la primera, a la humilde condición del protagonista se suma el hecho de ser un paria que debe ocultar su malformación. y si hablamos de lo puramente visual el personaje principal, de hecho, parece inspirado en el trabajo del actor Conrad Veidt en la película "El hombre que ríe" como acertadamente se menciona en este blog.

Acabará siendo un pintor visceral (literalmente); recoge en su obra manchas y figuras violentas que resumen su opinión del mundo que le rodea, su frustración sexual, etc., ejecutadas todas ellas con un singular pigmento. Semejante metáfora es ya todo un acierto que nos irá introduciendo en el consabido mundo bohemio, con breves referencias al mundo del arte, hoy canónico (impresionismo, fauvismo y demás fauna)

Hay páginas memorables, cito sólo un par: como esa en la que Mathilde elige ver y enfrentarse al rostro de Tristán, o bien aquella en la que el protagonista descubre para sí mismo, su primer amor de verdad.

La trama novelesca del cómic puede resultar algo enrevesada, incluso tópica, pero es la base según se desarrollan los aspectos que implican las diversas capas sociales de la época. Vienen rápidamente a la memoria los nombres de Flaubert o Zola, para otorgar un verismo a las situaciones que no cae en los grises procederes de la tan de moda novela histórica, que a veces olvida retratar, además del ambiente, el modo de ser y pensar de una época.

Por supuesto, el trabajo de Pellejero no sólo está a la altura de las circunstancias, no hay más que echar una ojeada al magnífico acabado formal, aportando lecturas sutiles donde texto y dibujo se complementan a la perfección, sino que a veces añade de su cosecha otras lecturas visuales que resuelven la narración, valga el cliché, mejor que mil palabras. Sirva como muestra, y no por obvio no deja de ser importante recordarlo, el desafío de hacer "hablar" a un personaje tan sólo con la mirada y el gesto.