Es en nuestra niñez cuando la mayoría de nosotros nos formamos una idea sobre lo que deseamos hacer cuando seamos adultos. Sin embargo, los cambios propios del ser humano, los problemas familiares, las condiciones sociales y otros factores, a lo largo de nuestra existencia, alteran o afirman nuestros deseos iniciales. El proyecto de vida sufre cambios diversos a medida que envejecemos.

El niño

El niño es el padre del adulto, en sentido figurado, de acuerdo con Robert Moore y Douglas Gillete, autores del libro La nueva masculinidad. En otras palabras, la experiencia de la niñez es lo más trascendente en toda la vida del adulto. No obstante, estos autores afirman que independientemente de esa experiencia en todo ser humano ya existe un arquetipo mental que lo conducirá a lo largo de su vida.

Según ellos, solo existen cuatro arquetipos; rey, guerrero, mago y amante. Estas energías internas provocarán ciertas actitudes hacia la vida durante toda nuestra existencia. Al parecer tenemos los cuatro arquetipos, pero uno de ellos será el que predomine. El guerrero es aquel en que predomina el ímpetu de la hazaña del héroe. Al mago, le interesa más lo oculto, el conocimiento, aquel que domina una ciencia. Al amante, la búsqueda de dios. Y, al rey, mantener en equilibrio todas estas energías, gobernar.

La experiencia

No obstante, para Sheldon White y Bárbara Notkin, la experiencia de la niñez es determinante. En efecto, de acuerdo con su obra; Niñez caminos de descubrimiento, el niño es como una esponja que absorbe todo. El niño descubre el mundo a partir de su experiencia. Un ambiente hostil o benévolo puede modificar la conducta para siempre. Clinton Rossiter, autor de La Teoría Política del Conservadurismo Norteamericano, piensa que la pobreza es la mejor escuela.

Existe un refrán popular mexicano que coincide con el pensamiento de Rossiter, la mejor escuela es la escuela de la vida. Por tanto, un educador debe ser cauteloso a la hora de enseñar. Tal como Freire creó su método de la palabra generadora. El cual se utiliza para alfabetizar y esta fundamentado en la vivencia diaria de los diversos grupos sociales. En consecuencia, la enseñanza universitaria también sería mucho más eficaz si partiera de la experiencia previa de los alumnos y sus coordenadas sociológicas.

La autorrealización

Mientras que algunos permanecemos motivados por nuestros deseos primarios otros actúan tratando de satisfacer necesidades mas elevadas, según Maslow. Para este autor los humanos actuamos para satisfacer necesidades. Primeramente satisfacemos los deseos más instintivos como el hambre, la sed, el frío, el calor, el sexo. Posteriormente satisfacemos el deseo de seguridad. Después el de aceptación social y luego satisfacemos la necesidad de autoestima. Finalmente, una vez cubiertas las anteriores, buscamos la autorrealización.

La teoría de Maslow parece explicar en gran parte porqué muchas personas que fueron pobres en su niñez son ricas en su vida adulta. Y, en esto, parece coincidir con él William J. Stanton, en su libro Fundamentos de Mercadotecnia. Porque para Stanton, la demanda va a depender no solo del ingreso sino de los antecedentes familiares. Según sus estudios, los nuevos ricos demandan autos, lujos, viajes, residencias mientras que los ricos de abolengo demandan obras de filantropía.

La trascendencia

Las teorías pueden servir de mucho para explicar la conducta humana pero definitivamente siempre existirán lagunas. Pues, ¿cómo explicar la obra de Ghandi o de la Madre Teresa de Calcuta?, ¿cómo explicar el afán de Einstein para encontrar una explicación del universo?, ¿el ímpetu de Alejandro Magno?, ¿la hazaña de Cristóbal Colón?, ¿el deseo de Scott de ser el primero en conquistar el Polo Sur? ¿Qué es lo que hace que los grandes personajes estén extraordinaria y permanentemente motivados?

Pareciera que los arquetipos de Moore y Douglas explican con mucha certeza estos planos de la mente humana. La trascendencia es una de las motivaciones más fuertes a las que puede aspirar el hombre. Cuando los hermanos Grimm escribieron Blanca Nieves o cuando Newton y Leibnitz descubrieron el Cálculo Diferencial, quizás sin quererlo, dibujaron un croquis de lo más profundo del alma humana, tanto como el resto de los superhombres, auxiliándonos con su luz en la búsqueda de un significado de la vida.