Miguel del Arco tiene una larga carrera como actor (estupendas sus intervenciones en musicales como Los miserables, 1992, en el difícil, muy operístico, papel de Javert, y en la divertida y teatralmente más compleja por su gran variedad de personajes y cantables, Te quiero, ya te cambiaré, 2000 y más aún en el divertidísimo papel de director teatral estrafalario en Los productores en 2006).

Un gran hombre de teatro, un gran moralista

Como adaptador en completa libertad o por encargo exprés de algunos productores, la variedad de textos en los que trabajó es tan amplia como variada, hasta dar con sus mayores éxitos: La función por hacer sobre Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello, Veraneantes, sobre la obra de Máximo Gorki, De ratones y hombres, sobre el original de John Steinbeck o El inspector, sobre la farsa de Gogol.

Actor, autor-adaptador, director de funciones propias y ajenas (como el exitoso encargo de Nuria Espert, La violación de Lucrecia, de Shakespeare), después del brillante trabajo "para" Carmen Machi, Juicio a una zorra, donde trabajó con textos de su cosecha y elementos históricos, nos llega este Deseo donde Miguel del Arco elabora un texto teatral en estado puro, con todo el arrebato y el cuidado, la delicadeza y profundidad... adquiridos a lo largo de muchos años de teatro (también cine y televisión), en función de su propia voz entre las tinieblas, el humor irónico y el drama psicológico, barrido todo por un afán de un noble moralismo: la satisfacción del humanista por delante de la voluntad de éxito a cualquier precio, en cualquier disciplina, más aún en las de la vida cotidiana del amor y del odio, del amor y los celos.

Cuatro personajes divertidos en una deriva peligrosa

Deseo de Miguel del Arco es una comedia divertida con irrupciones poéticas que advierten del peligro. Desde el primer momento, Ana (maravillosa, espléndida, hermosa, vulnerable, fascinante Emma Suárez) sumergirá su alto grado de ingenuidad en la escurridiza y peligrosa sexualidad aparentemente muy libre de su compañera de gimnasio, Paula (arrebatadora, frágil, a ratos cautivante, siempre perversa Belén López), decidida a llevar a cabo un plan desestabilizador sobre Manu (Gonzalo de Castro en un bordado papel tragicómico) y luego Teo (sorprendente Luis Merlo con batería de recursos muy logrados): dos mujeres singulares, dos hombres atribulados por el deseo, y el protagonismo creciente de una de ellas hasta llegar a un final despojado de todo ribete humorístico.

Un texto clásico en muchos aspectos, muy libre en su estructura, dirigido con la soltura característica del autor-director, sólo herido por la música de Arnau Vilà, muy desafortunada, subrayando el dramatismo antes de que se produzca, y un exceso de penumbras en la iluminación de Juanjo Llorens, capaz de torturar a los espectadores más alejados del escenario.

Eso sí, los que asistan al espectáculo desde lo alto podrán disfrutar del buen trasero de Luis Merlo en una escena de pasión sexual admirable entre el actor y Belén López en la que estando los dos desnudos, sólo se ve a Merlo de espaldas. Una secuencia hermosa, dialogada con gran precisión y poder de síntesis, con tensión dramática y fantástica presentación de otros aspectos en el personaje de esta mujer preferentemente manipuladora con ambiciones de solitaria desesperada.

Personajes sólo en apariencia lineales que viven intensamente una serie de situaciones muy bien planteadas en un campo escenográfico giratorio creado por Eduardo Moreno; el movimiento de los objetos y los ambientes, así como algunas proyecciones en vídeo de Joan Rodón y Eduardo Moreno aportan una gran plasticidad y peculiar emoción al vaivén de los personajes que parecen deambular por una tela de araña, por un misterioso lugar que se va tornando claustrofóbico hasta alcanzar la plenitud terrorífica de los dramas góticos.

Deseo, de Miguel del Arco, en el Teatro Cofidis (Alcázar): "Hay veces que si te dejas envolver por la oscuridad se consigue un estado de mayor percepción, más sensitivo, más propenso al viaje emocional".