Emma Goldman (1869–1940), pionera de la lucha por la emancipación de la mujer, emigró a Estados Unidos siendo adolescente, pero en 1919 fue expulsada y deportada a Rusia por su trabajo a favor de la mujer.

En 1910 publicó Anarchism and Other Essays, uno de cuyos ensayos se titula “La hipocresía del puritanismo”.

Emma Goldman y el puritanismo

Comienza diciendo que el puritanismo hizo “imposible e intolerable la vida misma”. Con esta afirmación señala que el puritanismo ha entorpecido el desarrollo humano.

Según ella, el puritanismo “fijó una concepción de vida inamovible; se basa en la idea calvinista, por la cual la existencia es una maldición que se nos impuso por mandato de Dios. Con la finalidad de redimirse, la criatura humana ha de penar constantemente, deberá repudiar todo lo que le es natural, todo sano impulso, volviéndole la espalda a la belleza y a la alegría”.

En una época de represión y moral victoriana, estas frases deben haber servido para crear en torno a ella un halo de impertinencia y rebeldía.

La crítica al puritanismo del Nuevo Mundo

Es implacable al describir el puritanismo trasplantado de Inglaterra. Su mirada no es nada halagüeña respecto al aporte puritano de los peregrinos del Mayflower, que “huyendo de la persecución y de la opresión... los padres peregrinos hizo que se estableciera en el Nuevo Mundo el reinado puritano de la tiranía y el crimen”. En sus palabras la imagen romántica sobre los peregrinos se viene abajo presentando una cara que a menudo no se está dispuesto a evaluar.

Narra los excesos del puritanismo que tanto esfuerzo se han empeñado algunos en ocultar. “La historia de Nueva Inglaterra y especialmente de Massachusetts, está llena de horrores que convirtieron la vida en tinieblas, la alegría en desesperación, lo natural en morbosa enfermedad, y la honestidad y la verdad en odiosas mentiras e hipocresías. Emplumar vivas las víctimas con alquitrán, así como condenarlas al escarnio público de los azotes, como otras tantas formas de torturas y suplicios, fueron los métodos ingleses puestos en práctica para purificar a Norteamérica”. No es la imagen que algunos quieren destacar de los pioneros.

El puritanismo, enemigo de la libertad

La calificación que hace Emma del puritanismo posee la fuerza de quien detesta la intromisión de otro en la libertad personal. Subraya que “el puritanismo es un constante freno, una insistente traba que desvía” y “deforma la vida” “en la cual no puede germinar la verdad, ni la sinceridad. Nada más que sordidez y mediocridad dicta la humana conducta, coartando la naturalidad de las expresiones, sofocando nuestros más nobles y bellos impulsos”. Lo califica como “el peor enemigo de la libertad y de la belleza”.

El puritanismo y el cuerpo humano

Luego, apunta a uno de los pilares de la moral puritana, que consiste en atacar toda apreciación estética del cuerpo humano, especialmente la desnudez. Ante esta realidad Emma afirma que “el espíritu del puritanismo ha pervertido de tal manera la imaginación de la gente, que ella ha perdido ya su frescura de sentimientos para apreciar la belleza del desnudo, obligándonos a ocultarlo con el pretexto de la castidad. Y todavía la castidad misma no es más que una imposición artificial a la naturaleza, evidenciando una falsa vergüenza cuando hemos de exhibir la desnudez de la forma humana”.

El puritanismo y la maternidad

Entendiendo la renuencia de su tiempo al control de la natalidad Emma ataca a quienes “habiendo suprimido los naturales deseos sexuales en la soltera, bendice a su hermana la casada con una prolífica fecundidad. En verdad, no sólo la bendice, sino que la obliga, frágil y delicada por la anterior continencia, a tener familia sin consideración a su debilidad física o a sus precarias condiciones económicas para sostener muchos hijos. Los métodos preventivos para regular la fecundidad femenina, aun los más seguros y científicos, son absolutamente prohibidos; y aun la sola mención de ellos podrá atraer a quien los enuncie el calificativo de criminal”.

El puritanismo, la expresión del mal

Termina señalando que “el puritanismo, en cualquiera de sus expresiones no es más que un germen ponzoñoso. En la superficie podrá parecer fuerte y vigoroso; pero el veneno, el tóxico letal obrará por dentro, hasta que su entera estructura sea derribada. Todo espíritu libre convendrá con Hipólito Taine en que el puritanismo es la muerte de la cultura, de la filosofía y de la cordialidad social; es la característica de la vulgaridad y de lo tenebroso”.

Se puede o no estar de acuerdo con esta autora, pero su visión del puritanismo y su legalismo religioso no es más que una forma de reaccionar frente a la coacción de la libertad que supone que un grupo religioso controle la libertad de las personas.