Entre 1830 y 1962, Argelia se convirtió en “el dorado” para valencianos y alicantinos que se trasladaban hasta allí todos los años para trabajar, ellos en el campo y ellas en las casas de las élites de la colonia francesa. Como ejemplo, en 1896 existían unos 56.000 alicantinos de los 156.560 españoles censados en Argelia.

Aunque Murcia y Almería están más cerca de Argelia que Alicante, esta ciudad distante a unas doce horas de navegación ha tenido históricamente una mayor vocación marinera. Además, el destino final de los emigrantes alicantinos era Orán, ciudad que con su castillo y su puerto recordaba de algún modo en el imaginario de los recién llegados su lugar de origen.

Las causas de la emigración

Los motivos económicos estaban detrás de estos flujos de población, de modo que los momentos de mayor emigración coincidían con la favorable coyuntura económica.

Los hombres partían a Argelia con la intención de trabajar en la temporada agrícola, bien desbrozando los campos o bien cultivándolos. También se dedicaban a las explotaciones mineras o al trabajo en canteras, como en Miliana o Birmandreïs. Si en sus lugares de origen no existían perspectivas mejores y el trabajo en Argelia les funcionaba, entonces traían al resto de la família para establecerse.

Los que conseguían asentarse y progresar adquirieron propiedades y se dedicaron a otros trabajos con mejores condiciones. Así, los valencianos abrieron comercios como hornos, pastelerías o ultramarinos, pero también progresaron en las industrias del calzado, carpintería o ebanistería. En algunos casos, como en los lugares en los que había vecinos de Polop o La Nucía, las carnicerías ofrecían la especialidad en embutido que habían aprendido en sus lugares de origen. Con el tiempo se especializaron y realizaron trabajos menos duros, encargándose de estos los autóctonos musulmanes.

Por su parte, las mujeres trabajaban como criadas de las familias más acomodadas. Se encargaban de las labores domésticas y del cuidado de los niños e, incluso, algunas viajaban hasta Argel como amas de leche. Eran tan solicitadas que en pueblos como Alcanalí se encontraron en algún momento del siglo XX con ausencia de chicas jóvenes.

También había emigrados políticos, como liberales, carlistas y revolucionarios, y algunos que habían llegado de forma clandestina, como los prófugos o los exiliados. Por ejemplo, tras la Guerra Civil, más de 25.000 republicanos huyeron hacia allí y acabaron trabajando en campos de concentración como el de Colomb-Béchar.

El origen de los emigrantes y su destino

Los emigrantes españoles habían partido en su mayor parte de las poblaciones del litoral y prelitoral de la comarca alicantina de La Marina. No obstante, el flujo migratorio abarcó desde el río Vinalopó hasta las comarcas valencianas de La Safor y la Vall d’Albaida: Almiserà, Xaló, Callosa d’En Sarrià, Castells, Sella o Polop, por citar sólo algunas. Todos estos pueblos tenían en común sus pocas alternativas económicas por la depresión agrícola y las buenas comunicaciones con los puertos de embarque: Alicante, Dénia, Santa Pola o Torrevieja.

En invierno, una considerable cantidad de vecinos de estos pueblos partían hacia Argelia para podar las viñas de los terratenientes franceses. Salían en Todos los Santos y regresaban por la Candelaria, es decir, de noviembre a febrero con un visado de turista. Tal era la cantidad conseguida que en Benitatxell existe una calle llamada carrer d’Orá porque sus casas se hicieron con el dinero ganado en la poda. Y así fue hasta el comienzo de la guerra por la independencia.

Los valencianos se instalaban tanto en Orán como en Argel, especialmente en el barrio Bab-el-Oued de esta ciudad, y en otras poblaciones como Arba, Blida, Boufarik, la Bouzaréah o Guyotville, por ejemplo. En general, los que procedían de las comarcas del sur de Alicante preferían la región de Orán. Por su parte, los que habían llegado del norte de Alicante o del sur de Valencia ocupaban Argel y sus alrededores. El destino de los podadores temporales solia ser la región de Orán, como Sidi-Bel-Abbés si se trataba de viña o Arzew si la actividad era la almadraba.

La vida diaria en Argelia

Estos pied-noirs hablaban alto y gesticulaban mucho tal como hacían los españoles, según afirmaban los franceses metropolitanos. Estos, además, tenían dificultades para comprender el idioma patouet, una mezcla de francés, español, valenciano, italiano y árabe. Evidentemente, la lengua oficial era el francés, enseñada en las escuelas.

Las tradiciones valencianas también llegaron a Argel. En barrios como el de Bab-el-Oued se podía ver a los niños jugando a los juegos típicos valencianos, reunirse en las comidas festivas en el campo e incluso la Mona de Pasqua. También se plantó la primera hoguera de San Juan en Orán en 1933 gracias al impulso del alicantino Carlos Ramos, que exportaba vinos a esta ciudad. Era habitual que los nacidos en Argelia hablaran del pueblo de origen de sus padres como si lo conocieran.

Los pied-noirs llegados a Francia tras la independencia, igual que aquellos que en su momento se instalaron en Argelia, nunca perdieron sus lazos con Valencia y Alicante. Son muchos los que siguen manteniendo esos vínculos con visitas a sus parientes o, simplemente, buscando sus raíces personales.