La noticia económica de estos días habla de una Irlanda resignada a aceptar el rescate económico de la Unión Europea. En esas informaciones se hace mención al renacimiento de la tendencia a emigrar de los irlandeses. En la costa este de Norteamérica llegó a haber más oriundos de Irlanda que en la propia isla.

La hambruna en Irlanda de mediados del siglo XIX forzó una gran emigración

Es conocida, por su importancia histórica, la migración de la Gran Hambruna irlandesa , ocurrida en 1845, tras la pérdida de las cosechas de patatas a causa de unos parásitos, en la que se calcula emigraron cerca de dos millones de personas, sobre todo a los Estados Unidos y a Australia.

En las encuestas realizadas para sondear el ánimo ante la grave situación, el país de las antípodas es el preferido por los jóvenes irlandeses, que todavía estudian en las aulas de sus universidades y ya están planeando, ante el panorama de crisis económica que contemplan impotentes, la marcha las tierras australes, que igual que a sus tatarabuelos, les parecen las de la providencia y el porvenir.

¿Emigrar es la mejor salida laboral ante una crisis como la actual?

Desde luego la decisión de emigrar por cuestiones económicas y de mejorar las expectativas personales, sigue siendo tan válida hoy día como hace 150 años. Es lo que han estado haciendo latinoamericanos y africanos a Europa en estás últimas décadas de pujanza económica. Estados, que tradicionalmente eran suministradores de emigrantes, como Italia, España, Grecia, Portugal y la misma Irlanda, a la Europa más desarrollada y al continente americano, principalmente, han sido países receptores desde los años 80 del siglo pasado.

¿Toca ahora emigrar en masa como los trabajadores latinos? Parece que sí en el caso de los europeos que peor lo están pasando en la crisis. Sin embargo, ante un asunto tan complejo en sus causas como la emigración, que irían desde la mera decisión personal a la imposición determinista de guerras, crisis políticas y económicas o grandes catástrofes, hay que hacer una serie de matices.

La emigración y la inmigración en Portugal

Sobre Portugal, por ejemplo, decir que siempre ha sido un país que ha aportado tantos emigrantes como inmigrantes haya podido acoger. A su economía llegaron básicamente trabajadores africanos, de sus antiguas colonias, al sector de la construcción y de los servicios; por eso mismo, el obrero portugués preferiría los salarios más altos que en España o en Francia le ofrecían y siguió emigrando.

Ahora que el sector del ladrillo sufre como ninguno la crisis, el trabajador luso busca en la migración al centro de Europa y a Angola (antigua colonia donde se están construyendo viviendas con fondos de cooperación) una salida laboral que no encuentra ya en el vecino más rico y, mucho menos, en su propio país.

Nuevos fenómenos migratorios o la movilidad del mercado laboral

En definitiva, el comportamiento del inmigrante luso será el mismo que en estos últimos años, pero ahora acuciado por la búsqueda de economías más saneadas o emergentes, como el caso observado de la marcha de trabajadores cualificados al Brasil y del aumento de la emigración en los jóvenes buscando trabajo estable en donde lo haya, no sólo para complementar sus estudios, que era el motivo principal de desplazamiento en ese segmento de la población.

Son los jóvenes irlandeses, precisamente, los que han dado motivos para analizar estos nuevos fenómenos migratorios. El tigre celta, como se llamó a la República de Irlanda haciendo una comparación con los tigres asiáticos, las nuevas potencias económicas emergentes en el sureste asiático, ha despertado de su sueño y la realidad engordada con las vacas de engorde artificial financiero, que ha traído el rescate económico, ha obligado al joven irlandés a optar por la emigración y lo hace con una naturalidad fría, como el que lleva en su metabolismo una enfermedad congénita.

La situación económica y la fuga de trabajadores cualificados

En las noticias económicas de estas semanas el asunto de la emigración, como factor influyente en el desarrollo del mercado laboral, se está comentando de forma tangencial, o directamente, no se está tratando.

La fuga de trabajadores muy bien preparados, universitarios en busca de su primer empleo, incluso de personas con gran experiencia y valor profesional que han perdido su trabajo por la crisis, lastrará, obviamente, la recuperación económica de los países que sufren esas marchas. Son esos trabajadores los que podrían hacer una mejor y más rápida adaptación al nuevo mercado laboral, a las nuevas realidades que irán surgiendo cuando se recupere el crecimiento económico.

Los profesionales españoles de la construcción buscan una salida laboral

En el caso de España, el estallido de la burbuja inmobiliaria ha frenado en seco la actividad del sector de la construcción, perdiéndose cientos de miles de trabajos. Pero no es en ese colectivo, el obrero de la construcción, donde se vea movimiento migratorio notable como salida laboral, está siendo, de forma cada vez más palpable, en los profesionales derivados de esa actividad antaño líder de nuestra economía y en el colectivo de universitarios de ingenierías donde más se aprecia esa decisión migratoria.

Otro dato que reclama un estudio sociológico más profundo es el aumento de los emigrantes que son mayores de 40 años, con sólidos conocimientos y experiencia laboral, que ante la oportunidad perdida en su país, no dudan en llevarse todo ese bagaje (y sus familias) a lugares de tradicional acogida, Alemania, los EEUU y Canadá o a zonas emergentes de atractivas posibilidades, China, Sudáfrica o a la todavía potencia en desarrollo, la singular Brasil.