Si bien, el embarazo a temprana edad se veía como natural durante los siglos pasados, en la actualidad, la cultura ha variado, considerándose al grupo etario comprendido entre los 12 y 15 años, como preadolescentes, esto indica, en cierta forma, una moratoria para llegar a la etapa adulta.

Embarazo en la preadolescencia

En América Latina, y específicamente en Argentina, es alto el porcentaje de adolescentes comprendidas entre los 12 y 17 años que quedan embarazadas. Puede precisarse que, un embarazo dentro de la etapa definida como preadolescencia, despierta preocupación.

Debe marcarse que el rango de mayor incidencia, se produce en los sectores con alto índice de vulnerabilidad, en donde el embarazo ha de considerarse de alto riesgo para la joven debido a las necesidades básicas insatisfechas que poseen esos sectores.

Factores de riesgo físico en el embarazo adolescente

Cuando se marca el embarazo adolescente, como una conducta de riesgo se define una situación que abarca tanto el aspecto físico como el orden psicológico y social.

Se habla de riesgo físico, dado que cuanto más temprano o a más corta sea la edad, el momento en que se produce el embarazo, mayor riesgo hay debido a que los músculos que trabajan en el parto se desarrollan entre los 15 y 16 años. Esto implica que en el momento del alumbramiento deba realizarse una intervención, ya sea cesárea o fórceps, con consecuencias tanto, para la joven como para el bebé.

Por otra parte y por lo general, las jóvenes no concurren a realizar los controles necesarios, cuestión que perjudica al embarazo en general, comprometiendo la salud de la madre y del bebé. Otra cuestión a tener en cuenta, con relación al riesgo físico, aparece en el momento del parto, las niñas no colaboran, posibilitando situaciones traumáticas.

El riesgo psicológico en embarazadas jóvenes

Con respecto al riesgo psicológico, puede plantearse que se encuentra relacionado al vínculo madre-hijo, en donde la joven se encuentra atravesando su adolescencia, con todo lo que ello implica, crisis de identidad, grupo de pares, cuestiones éstas, que deben ser relegadas en pos del cuidado del bebé. Esto, en alto porcentaje, produce que la niña rechace su bebé, y por construcción vincular, el bebé la rechace, produciéndose no sólo el riesgo físico del niño que, en oportunidades, deriva en marasmo, sino un quebrantamiento del vínculo madre hijo.

La cuestión de la construcción vincular, constituye otra dificultad, ya que en alto porcentaje, las niñas no construyen vínculo con el bebé, por lo que se dificulta la decodificación de las necesidades del mismo (el bebé llora, la joven no logra saber por qué, se pone nerviosa, en muchos casos, el bebé es atendido por otros).

Con respecto al rol materno, aparece la impronta social, rol de madre y a su vez rol de hija, cuestión difícil de tratar, dado que es, la abuela quien termina asumiendo el rol de madre, supliendo a su hija. Cuestión no menor, dado que cuando el bebé crece, aparecen dos funciones maternas, a veces contradictorias.

Peligro de exclusión social

Con relación a la situación de riesgo social, puede marcarse que, luego de dar a luz, la joven intenta seguir con su vida, la de su etapa, esto constituye otra dificultad, ya que, le es difícil la inserción social, tanto con su grupo de pares como el regreso escolar.

El tratamiento de esta problemática, se efectiviza desde la prevención.

Prevenir embarazos no deseados en la preadolescencia

La prevención de este tipo de situaciones, gira en torno a la:

  • Contención y diálogo familiar, cuestión que se hace difícil, debido a los atravesamientos que presentan las familias.
  • Campañas de prevención, cuyas temáticas, giren en torno a la maternidad responsable.
  • Acompañamiento escolar con relación a las inquietudes pre adolescentes.
  • Campañas de concientización acerca de la salud reproductiva.
Puede precisarse que las distintas acciones enumeradas, obrarían como portadoras, no sólo de información, sino como posibles herramientas para el cuidado y protección de las adolescentes.