En esta novela autobiográfica, Elisabeth cuenta las experiencias de su vida, cómo en la búsqueda de su sentido en el mundo, del significado más profundo de su existencia, se descubre a sí misma en el amor a los demás.

Mujer de fuerte personalidad, guía toda su vida por lo que siente que tiene que hacer: ayudar en la reconstrucción de Polonia tras la segunda guerra mundial, ayudar a los enfermos terminales a morir (a niños y a adultos), a enfrentarse a su muerte, y también ayudar a los familiares a aceptar la muerte de sus seres queridos. Poco a poco se va convirtiendo en una excelente tanatóloga. Aunque ella odiaba que la llamaran la señora de la muerte, y siempre prefirió que la entendieran como señora de la vida, ya que lo aprendía de los moribundos era a vivir.

En su afán por saber, por definir qué es la muerte comenzó una serie de entrevistas a personas moribundas. Con éstas entrevistas elaborará su trabajo “Sobre la muerte y los moribundos”. Más adelante comienza con las entrevistas a personas que han estado al borde de la muerte y cuentan su experiencia. Mientras Elisabeth avanza en sus investigaciones va adentrándose en el mundo de la mística, hasta tener ella misma sus propias experiencias místicas, que describe detalladamente en el capítulo denominado "Mi Conciencia Cósmica".

En su lucha por ayudar a los enfermos de Sida, pretende crear un lugar donde los niños seropositivos puedan vivir y morir felizmente. Y así sacarlos de los hospitales (era muy crítica con los métodos usados en los hospitales para atender a los enfermos), donde ni siquiera los médicos se atrevían a tocarlos. Eran los comienzos del sida, y se lo tenía como a una epidemia contagiosa de la que poco sabía la mayor parte de la población. Esta ignorancia y miedo de la población en general, fue el principal problema al que tuvo que enfrentarse y que acabará con la destrucción del hogar para niños seropositivos que había ideado y de su propio hogar, pues los vecinos le prendieron fuego. Recibió amenazas de todo tipo.

El modelo Kübler-Ross

Teniendo como base las entrevistas que hizo a las personas moribundas, Elisabeth identificará una serie de fases en el proceso de aceptación del cambio que supone la muerte. Las fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, han servido a la psicología en gran manera y son aplicables no sólo para los enfermos terminales, sino para situaciones de cambio en general. No todas las personas pasan por todas las fases, ni en el mismo orden, pero en resumen son las fases por las que pasa toda persona cuando tiene que afrontar los cambios bruscos que la vida le presenta.

Sus enseñanzas

Elisabeth Kübler-Ross, se entiende a sí misma como experta en la vida, porque lo que aprende de las personas que entrevista es cómo vivir. Generalmente los enfermos se entristecían pensando en lo que les quedaba por hacer, en lo que habían dejado para el mañana, como si el mañana fuera seguro. Y a partir de lo que les enseñan los moribundos idea una filosofía de vida

Aunque no perteneció nunca a ninguna de las religiones institucionalizadas, incluso las critica en muchas ocasiones, Elisabeth fue una persona muy religiosa, para la que todo ocurría por algo, todo tenía un sentido. Confiaba plenamente en la existencia de Dios y del alma y concebía la muerte como un estado de transición.

El papel del amor en el mundo es tan importante para ella, que desde joven entiende que su lugar en esta vida es la del amor, que es dar incondicionalmente. “Lo único que vive eternamente es el amor” dice una de sus enseñanzas.

“La rueda de la vida” es un interesante libro que hay que leer, que nos ayudará un poco más a comprender quiénes somos y nos hará preguntarnos cuál es nuestro propio sentido.