Las razas fantásticas soñadas por la humanidad son cientos. De entre ellas Tolkien eligió a un puñado para prolongar nuestro sueño con la adhesión de los suyos.

El elfo era sin la menor duda una de las criaturas más amadas por el autor de El señor de los anillos, que siendo filólogo y medievalista conocía lo que más tarde otro filólogo y medievalista, Claude Lecouteux, dio a conocer en sus libros.

Nombres de elfos

Prácticamente no quedan rastros ni escritos de lo que fue la raza de los elfos. Lecouteux entonces se vio obligado a realizar una labor que casi podría considerarse arqueológica para dar con algún indicio.

Pero su campo de acción fueron las palabras, los topónimos (o nombres de lugares) y algunos nombres de personas que han subsistido a pesar del paso del tiempo.

Así fue que alcanzó las conclusiones que ahora veremos.

Elfos de luz

Los elfos no son duendes, ni son hadas, los elfos eran una raza mitológica perteneciente a un estrato muy antiguo de las civilizaciones del este y el norte de Europa. Sus escasos vestigios apuntan a una época anterior a los siglos I y II de nuestra era.

Tristemente nunca se encontrará una descripción cabal de lo que era un elfo y quien la busque tendrá que conformarse con sólo saber que eran “blancas criaturas, seres con un brillo muy vivo que remitía a su carácter benéfico”. Aunque también existían los otros elfos, los negros y los oscuros.

Alfheimr, el mundo de los elfos

Dentro de la muy rica cosmogonía germánica se narra como el mundo fue construido por los dioses y en él se alzó el árbol cósmico Yggdrasill, donde los dioses mandaron construir sus mansiones.

El Alfheimr, o mundo de los elfos era una de aquellas moradas. La más hermosa de todas las mansiones celestiales, ubicada en el duodécimo cielo.

A ella se integraban las almas de los que en vida habían sido personas buenas y justas. Se creía que aquellos “buenos muertos”, conseguían integrarse a la raza élfica.

Los Ases habían obsequiado ese mundo al dios Freyr, patrono de la lluvia y de la fertilidad en la tierra y de quien se deriva la palabra Friday (viernes).

Junto a los elfos Freyr propiciaba la fertilidad. Pero la luz constituía la principal característica de los elfos, tanto que la metáfora para referirse al sol era “brillo de elfos”.

La Navidad, el sacrificio a los elfos

La Navidad pagana del norte de Europa era originalmente una celebración destinada a Freyr y a los elfos. La fecha era conocida como Jol o Alfablot, que significa sacrificio a los elfos.

En esta compleja fiesta se celebraban a la vez el solsticio de invierno, la conmemoración de los muertos y los ritos para la fertilidad.

La importancia de la limpieza

Otro rasgo que revelaba el carácter sagrado de los elfos era la creencia de que no podían tolerar la suciedad.

La gente debía extremar precauciones cuando sentía la necesidad de orinar o defecar, por ningún motivo debía realizar tales actos cerca de un lugar que se creyera del agrado de los elfos.

Elfos negros

La identidad de los elfos negros representó un reto mucho mayor para Lecouteux.

El texto de la Edda en el que Odín envía a un siervo a solicitar de los elfos negros la creación de una cadena para inmovilizar al temible lobo Fenrir otorgó una luz.

Sólo los enanos eran capaces de trabajar con la forja pues ese arte les había sido otorgado exclusivamente a ellos.

Por tanto Lecouteux concluye que el nombre de “elfos negros” era una suerte de eufemismo para referirse a los enanos. Quienes, a decir verdad, eran exactamente lo contrario a los elfos.

Elfos oscuros

Pero en cuanto a la identidad de los elfos oscuros, el filólogo no tuvo más remedio que conformarse con hipótesis.

Para Snorri Sturluson, el principal cronista de la mitología nórdica, existían las tres categorías ya mencionadas. Cabe considerar, sugiere Lecouteux, que el autor, ya familiarizado con la historia de los ángeles blancos y los ángeles negros trasladara dicho orden a sus escritos.

Los elfos oscuros ocuparían entonces el lugar de aquellos ángeles de lealtad difusa que por no estar cabalmente con Dios, ni con Lucifer, fueron condenados a habitar en la Tierra.

La caída de los elfos

Pero de poco valió cualquier distinción para los sacerdotes que catequizaron a las culturas nórdicas.

Los elfos fueron rápidamente demonizados. A los enanos, en cambio, se les permitió seguir con vida y hasta hacerse de los atributos benéficos que antes pertenecían a los elfos.

Hizo falta que el tiempo siguiera corriendo y que naciera un autor como Tolkien para que los elfos consiguieran ser exhumados de su tumba de olvido. Y solamente aquella prosa amable pudo retribuirles el brillo que por tantos siglos permaneció opacado.